El radicalismo, aliado a otras fuerzas y luego de un prolongado eclipse político, viene de hacer una buena elección en términos de votos y legisladores obtenidos. ¿Dónde está parado hoy?

Ideológicamente, en el mismo lugar donde estuvo parado siempre, más allá de algunas defecciones temporales, en la centroizquierda, en la socialdemocracia: en el progresismo republicano. Ahora, en el marco de un sistema político que se está reconstruyendo, que quizá no tenga que ver con el bipartidismo tradicional, pero sí con la construcción de dos fuerzas de alternancia, nos estamos constituyendo en el eje convocante, pero no excluyente, de una gran fuerza en la cual confluyan otros sectores. 

¿Se puede decir que vuelven del naufragio?

Volvemos del naufragio, claro. El radicalismo estuvo sometido a un naufragio con muchas tempestades; el barco que naufragó sufrió varios embates. Uno, exclusivamente propio, que fue la caída del gobierno de Fernando de la Rúa.

Ahí no le podemos echar la culpa a nadie, porque eso fue por defección propia, por no haber tenido un proyecto de poder y un modelo alternativo para salir de la Convertibilidad. Pero el otro gran embate fue posterior y tuvo que ver con un ingrediente foráneo: la deliberada intención de Néstor Kirchner de hacernos desaparecer del mapa, cooptando gobernadores e intendentes y ninguneando o maltratando al radicalismo orgánico.

En esa cooptación, como usted la llama, hubo sectores del partido con voluntad de ser ”cooptados”.

Kirchner tuvo una intención deliberada de armar un peronismo al estilo del PRI mexicano y, en ese esquema, un partido como el nuestro no le podía ser funcional. Pero es cierto que hubo sectores del partido que se prestaron a ese juego.

Entre ellos, el actual vicepresidente.

Algunos lo hicieron por convicción, entre ellos, Julio Cobos. Él estaba convencido que este país necesitaba una concertación a la chilena. Otros, lo hicieron desde la mera conveniencia.

En su momento no leyó así la actitud de Cobos.

Fuimos igualmente duros con todos los que se fueron. No se podía hacer una distinción entre quienes se iban por conveniencia y quienes se iban por convicción, porque estábamos en una tarea que no era menor: la resistencia partidaria. Y cuando uno tiene a su cargo esa tarea, incluso, hay que sobreactuar. Había que decirle a quien nos quería sacar del mapa que no le iba a ser fácil, y a la sociedad que estuviera alerta sobre la peligrosidad del esquema de partido único. Esa etapa de resistencia, felizmente, ya terminó, y mucho antes del 28 de junio.
La sensación es que ahora, lo que se dirime, es si habrá finalmente reunificación del partido o si será sólo confluencia transitoria y coyuntural.

No, el partido va camino a la reunificación para convertirse en columna vertebral de una convocatoria más amplia. Durante este año se normalizarán los distritos intervenidos y, a fin de año, con la renovación de su conducción, se va a dar la unificación definitiva del partido.

Gerardo Morales dijo, hace unos días, que su sucesor debe ser un radical que haya ”resistido” la fuga de dirigentes de ese partido hacia otras fuerzas.

Lo que Morales quiere significar es que el partido tiene que ser muy cuidadoso en la elección de sus futuras autoridades para no generar un nuevo frente de conflicto. Al contrario, ese acto debería ser un bálsamo que unificara formalmente el radicalismo y le diera la perspectiva de un tránsito ordenado. Si se elige un presidente que no haya pertenecido a la etapa de la resistencia, probablemente esté generando más que unificación, una potencial fractura.

Esto supone dejar de lado al cobismo o un dirigente elegido por Cobos.

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Es que la conducción no la va a elegir ni Cobos ni Morales ni nadie en particular. El gran desafío es elegirlo entre todos, con estos condimentos que marcaba.

Se lo mencionaba a usted como posible reemplazante de Morales. ¿Es probable?
Se verá, pero no está en mis planes personales.

Los resquemores con Cobos, ¿quedaron definitivamente superados?

Absolutamente. De hecho, hemos compartido una maravillosa campaña electoral en Mendoza. Fui el principal sostén de su postulación de presidenciable, y él fue quien más me defendió de la campaña sucia que el PJ mendocino me armó.
Se lo pregunto no sólo por el acuerdo de Cobos con el kirchnerismo, sino también por los recelos que generaron, en su momento, su tan publicitada reunión con Francisco de Narváez, en plena campaña.

Cobos es Cobos, y hay que entenderlo. Cobos es un político diferente. No está atado a los códigos de la política tradicional. Ahora, si lo que hace es leído desde la mala intención, todos los días se van a encontrar argumentos para separarse o diferenciarse de él. Si se lo lee desde la buena intención, van a encontrar siempre argumentos para entender que es un político diferente.

A veces, da la sensación de que Cobos pretende resguardar cierto margen de autonomía, más allá de los acuerdos o las cuestiones orgánicas.

Insisto, Cobos es un tipo diferente, que tiene autonomía y que cuesta entenderlo en el marco de los códigos tradicionales de una organización política. Yo soy un orgánico total, pero he aprendido a entenderlo. Y supongo que él también aprendió a entendernos.

Existe la idea de que es algo así como un ”candidato natural”. ¿Lo es?

Dentro del radicalismo, sí. Esto, sin perjuicio de que puedan surgir otros. Ahora, dentro del Acuerdo Cívico y Social están también Elisa Carrió y Hermes Binner. En ese esquema, Cobos es quien, después del 28, ha quedado con la mejor plataforma fáctica o base de lanzamiento para esa carrera. Habrá que resolverlo dentro de dos años mediante un proceso democrático, si es que todos seguimos perteneciendo al mismo espacio. Supongo que sí.

¿Duda de que así sea? 

No tengo motivos para dudar.

¿Binner es el candidato a vice que pretenden?

Los presidenciables tendrán que dirimirlos en un esquema de internas abiertas. En cuanto a las fórmulas nunca pasan por las personas, tienen que ver más con las fuerzas en sí o la amalgama de realidades geográficas. Se me ocurre que en la fórmula tiene que haber algún componente de un distrito grande. De ahí en más, se verá.

¿No resulta cuanto menos desprolijo que se erija en hombre clave de la oposición desde su despacho de vicepresidente? 

Es una situación muy particular, difícil de explicar. También es cierto que la inmensa mayoría de la gente le pide que no se vaya, como una manera de dar una señal, desde una institución del Estado, de sensatez y sentido común.

Probablemente, algunos se lo pidan con otra intención, para que sea él quien asuma ante algún caso de acefalía.

Pero, desde la política, y sin pensar en un extremo semejante, hay un tiempo para que Cobos sigua siendo vicepresidente y un tiempo, más cercano a 2011, en donde habrá que revisar esta situación.

Supone una renuncia?

Una licencia o alguna otra variante por el estilo.

¿A quién ve como su principal rival?

La buena teoría política indica que el peronismo debería unificarse y así evitarnos a los argentinos participar de una interna abierta en el marco de una elección general. La mala teoría política o la realidad indican que, en 2011, vamos a volver a tener dos peronismos en disputa, con Carlos Reutemann y Néstor Kirchner dirimiendo en las generales lo que tendrían que definir en internas.

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¿Lo da por hecho?

Es probable. En cualquiera de los dos casos, el radicalismo y el Acuerdo Cívico tienen que prepararse para ganarle al peronismo unificado o dividido. El primer componente de gobernabilidad de alguien no peronista es ganarle de buena manera una elección al peronismo. Si se logra ganándole al peronismo unificado, mejor todavía. Ahora, está claro que, como sucedió en 1999, esto no es definitorio de un buen gobierno.

De darse, como supone, es un escenario que bien podría favorecerlos porque dividiría el voto peronista.

En 2011 me gustaría ganarle a un peronismo unido, cosa de no dejar ninguna duda y, al día siguiente, arrancar con la fortaleza que supone esa base electoral. Y a Mauricio Macri, ¿lo ve jugando adentro o afuera del PJ?

Creo que va a jugar fuera del PJ. Si es inteligente, va a tratar de construir a futuro, no para 2011, una fuerza política propia y nacional, que es lo que hoy no tiene.

¿Cuál será el rol que tendrá Elisa Carrió en el intento de consolidar el Acuerdo Cívico y Social?

Está en ella y en su personalidad tan particular, definir si va a participar como constructora o no.

Se dijo que había disconformismo con algunas actitudes de Carrió y divergencia de objetivos. Lo que dice parece confirmarlo.

Ella se siente incómoda cuando no lidera con exclusividad. Es un problema suyo, pero tendrá que aceptar que la construcción de un proyecto de país supone algo mucho mayor. Ahora, que quede claro, todo esto lo estoy diciendo a partir de una valoración positiva de su figura política. Ella es absolutamente necesaria en esta construcción. Pero una cosa es ser necesaria y otra, muy distinta, es ser exclusiva.

Antes dijo que el peronismo posiblemente vaya dividido. Es posible que también el panradicalismo, con Carrió por afuera.

El país le perdona al peronismo dividirse y puede elegir a uno de los dos candidatos que ofrezca; pero no le perdona al radicalismo que vaya dividido. Existe un parámetro de exigencia diferente por parte de la sociedad, tanto en temas éticos y de gobierno como electorales. El PJ puede ir fraccionado en 25 colectoras, que la gente lo ve normal. Si nosotros nos dividimos en dos dicen ”ahí están otra vez los radicales peleándose entre ellos”.

¿Por qué cree que se da así? 

Porque el radicalismo representa el inconsciente del ”deber ser” del argentino medio y el peronismo representa el ”ser”. Nuestro país se debatió durante toda su historia entre el deber ser y el ser, sin lograr nunca encontrar el equilibrio justo.

Se habló mucho, luego de las elecciones, sobre la necesidad de asegurar la gobernabilidad. Casi todos parecen estar de acuerdo, pero aun así no dejan de tejerse suspicacias y malos presagios. 

Soy de los que creen que la mayor responsabilidad en el tránsito hacia 2011 no la tiene el Gobierno sino la oposición, que también tiene que ser capaz de entender el mensaje de las urnas. Para eso, hay que unificar criterios para actuar en el Parlamento de manera unívoca. Tenemos que tranquilizar a la sociedad y dar señales de confianza para que la economía vuelva a crecer. Tenemos que marcarle la cancha al Gobierno con madurez, grandeza y responsabilidad, pero dejándole las herramientas necesarias para poder gobernar. Hay que encontrar límites, pero no asfixiarlo y, mucho menos, impedirle gobernar.

Quizá, para eso sea necesario diferenciarse de la manada opositora.
 
Así como hubo un momento de la resistencia durante el cual había que sobreactuar para alertar a la sociedad y poner límites, ahora existe una responsabilidad enorme para la oposición: darle gobernabilidad al sistema, evitar que el Gobierno se vuelva loco y tome para cualquier lado y darle señales a la gente de que acá hay un sistema político maduro que puede tener alternancia y competencia pacífica. Esto no es una pelea entre perros y gatos, donde la oposición dice automáticamente que no y el oficialismo siempre que sí. De ahí, la importancia del diálogo que se abre.

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Es probable que el Gobierno quede al acecho de intereses corporativos que pretendan sacar provecho de su situación de debilidad. ¿Qué hará la oposición?

Es un error grave que el Gobierno pretenda dialogar sobre temas concretos con las corporaciones. Tiene que escucharlas y recibir sus propuestas, pero el diálogo constructivo tiene que venir de la política, que debe estar por encima de esos intereses. Las elecciones del 28 no fueron ganadas por la Mesa de Enlace, las ganó la política.
La Mesa de Enlace, precisamente, ya convocó a la oposición, por fuera del diálogo del Gobierno.

Nos convocaron y no fuimos. Les dijimos que no. Alguien puede pensar que la gente votó por la eliminación de las retenciones, pero no es verdad. Lo que estuvo en discusión no fue ”retenciones sí o no”, sino cuál era su límite y cuál el esquema de distribución de la carga fiscal. Eso es lo que queremos discutir, pero no para desfinanciar al Estado. Probablemente, algunos pícaros, que no están en el Acuerdo Cívico, sino más probablemente en el peronismo disidente, estén pensando en hacer todo lo posible para quitarle recursos al gobierno nacional y atarlo de pies y manos. No es nuestro criterio. El mejor negocio electoral del radicalismo y el Acuerdo Cívico y Social es que la señora Kirchner llegue a 2011 sin dificultades.

Cuando se habla de las perspectivas electorales del radicalismo o, en general, de una fuerza no peronista, la cuestión de la gobernabilidad adquiere aún más centralidad. De ahí que el tema trascienda esta coyuntura en particular.

Es el gran desafío que tenemos por delante, demostrarle a la sociedad que somos capaces de romper el mito de que el país sólo se gobierna con el peronismo en el poder. Por eso, lo primero que tiene que tener esta fuerza es gente convencida, que haya gestionado y que sea capaz de disciplinar y de consensuar con los factores de poder. El otro gran desafío es quitarle poder a factores que lo tienen en demasía.

¿Por ejemplo?

El sindicalismo, los intendentes del conurbano, el sistema de medios de comunicación en general. Hay quienes dicen que, en este país, si se logra conciliar  estos factores se tiene asegurada la gobernabilidad. Es más, este Gobierno empieza a perder poder cuando algunos de estos factores empiezan a flaquear o, mejor dicho, ya no juega como antes. Respecto de esto digo que hay que ser capaz, dándose cuenta de que los factores de poder existen y existirán, trabajar para que no tengan la influencia decisiva que han tenido en la política argentina de los últimos tiempos.

Números favorables

Luego de las elecciones legislativas, el Acuerdo Cívico y Social será, a partir del
10 de diciembre, la segunda minoría en el Congreso.

29,5% de votos convirtió al Acuerdo Cívico en la principal fuerza opositora del país.
76 bancas de diputados tendrá en la Cámara baja.
23 escaños tendrá en el nuevo Senado.

 

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