El problema, es que esta inofensiva expresión, propia de la antipolítica, muy popular en los años 90, se nos hizo carne y puede guardar una serie de contenidos nocivos para nuestra democracia y nuestra sociedad, encerrando posiciones de facilismo, irresponsabilidad, hipocresía, soberbia y mentira.

Decimos irresponsabilidad porque en el momento de un acto eleccionario es nuestra responsabilidad investigar, indagar, averiguar, acerca de los distintos candidatos, su perfil, su responsabilidad social y, por sobre todas las cosas conocer sus propuestas.

Pero quizás es mucho mas fácil enterarse de quienes son los candidatos a través de programas televisivos como Show Match, donde una serie de personajes hacen una presentación cómica de los mismos sin abordar lo más importante: cuáles son las propuestas que nos presentan, o quizás conocer a los candidatos por las costosas campañas publicitarias en las que priman con excesiva notoriedad la vestimenta y la sonrisa del candidato, por encima de sus ideas ( o sea, se privilegia el envase antes que el contenido). Si nos guiamos por esto, los partidos chicos siempre van a seguir siendo chicos, y quizás allí este la respuesta.

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En esta posición cómoda y facilista incurrimos en una gran irresponsabilidad que luego la pagamos caro, muy caro, ya que nos terminan dirigiendo personas que no nos representan. Pero la pregunta que nos cabe es: ¿Quién tiene la culpa?, ¿Quién los votó?, no llegaron al cargo por decreto ni por culpa de la corrupta democracia, sino lisa y llanamente porque nosotros los votamos: Acto doblemente irresponsable, los votamos sin conocer la propuesta y luego la culpa es de los otros.

Decimos facilismo y mentira porque asegurar que ”todos son iguales” es una burda mentira y una expresión simplista. Prueba de ello es la gran cantidad de candidatos que se presentan en nuestra provincia, con distintas visiones y posiciones ante la realidad: tenemos oficialistas (Que defienden este modelo de gobierno) y opositores de distintas posiciones, así existen de derecha, de centroderecha, de centroizquierda y de izquierda.

En cuanto a su perfil tenemos candidatos que son intendentes, que ostentan su eficacia en la gestión ejecutiva, docentes universitarios de prestigio probado, tenemos trabajadores sociales de amplia trayectoria en la provincia, un ex Juez que se jugó en contra del poder económico, por lo cual dejó de ser Juez, profesionales destacados, etc, etc .

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En cuanto a la ética no queremos ponernos en jueces, pero seguramente si indagamos en la vida de cada uno de los postulantes, nos sorprenderemos al encontrar gente de impecable trayectoria fácilmente demostrable.

Por todo lo expuesto, volvemos a asegurar desde esta columna de MendozaOpina.com que no son iguales todos, que se puede votar a ”los mejores” y no necesariamente ” al menos peor”, lo que sucede es que no debemos caer en la hipocresía social por la cual los criticamos durante la gestión y luego lo volvemos a votar muchas veces por interés: Por un puestito, por una beca, o por las dudas de llegar a necesitarlos.

Por último, decimos que tiene una gran carga de soberbia la expresión ”estoy cansado/a de votar al menos peor”, porque quizás esa sea la verdad y la realidad. Quizás tendremos que votar siempre al ”menos peor” porque nosotros en nuestro trabajo o profesión también seamos el menos peor. Quién nos garantiza a nosotros ser ”los mejores” y por consiguiente que exista el ”mejor candidato” que cumpla nuestras expectativas, ya que ellos son parte de esta sociedad que formamos todos.

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Lo más seguro es que tus clientes van a tu negocio a comprar, no porque seas el mejor, sino el menos peor. Tus alumnos piensan que vos sos ”el mejor docente”? o, en el mejor de los casos ”el menos peor”. Y donde me pueden encontrar ”el mejor policía”, la ”mejor enfermera”, ”EL MEJOR PERIODISTA”: cuantas columnas, cuantos litros de tinta cuantos metros cuadrados de periódico dedicados a los políticos ”menos peores”, como si los firmantes fueran ”los mejores periodistas”, posiblemente nos leen porque somos el menos peor.

Si todos interpretamos bien el mensaje podremos darnos cuenta que siempre votaremos al menos peor, asumiendo que está bien porque nos representan cabalmente.

 

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