Argentina estaba inmersa en 2002 en una auténtica tragedia social. La desindustrialización del país iniciada por Martínez de Hoz en la dictadura cívico-militar. Entre 1990 y 2002, el neoliberalismo provocó el cierre de 82.300 empresas.

En mayo de 2003 el país estaba en default, había un 24,7 % de desocupación y un 54 % de pobres y un 27,7% de indigencia. La deuda externa consumía entonces el 166% del PBI.

Durante la presidencia de Néstor Kirchner el país cambió su matriz productiva y saneó sus cuentas para recuperar la soberanía económica. El 15 de diciembre de 2005, Kirchner anunció la cancelación de la deuda con el FMI por U$D9.500 millones y se abrió el canje de bonos en default, con una segunda instancia en 2010.

Cuando la presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunció en agosto de 2012 la cancelación de los Boden, la relación deuda-PBI cayó al 41.6% .

Sin la tutela de los organismos internacionales, Argentina pudo orientar su economía a la producción. Se crearon 200.000 empresas y se pasó de 80 parques industriales a 330, aumentando el PBI industrial en un 105%. Esta política generó 500 mil empleos por año, totalizando 5 millones en una década, bajando la desocupación al 6.9%, un 66.9% menos que en 2003. El PBI, que en los ’90 creció apenas un 16%, en la última década subió un 83%.

El crecimiento sostenido del PBI, fue acompañado por políticas de inclusión y distribución de la riqueza. La reapertura de paritarias, cerradas durante 14 años, elevó el salario mínimo de $200 a $2875, siendo el mejor de América Latina según la OIT.

En esta década, la CEPAL estableció que en Argentina la clase media se duplicó y el coeficiente GINI, que mide la desigualdad, es el mejor de Latinoamérica.

Fuente: Argentina.ar

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