Por Néstor Leone . Extraído de la Revista Debate

 

El voto ”no positivo” fue su plataforma de lanzamiento. Inesperada, controversial, impactante. Aquella noche tensa y fría de julio de 2008 lo puso en boca de todos, de quienes le recriminaron su falta de lealtad ante un gobierno del que formaba parte y de quienes le agradecieron, hasta límites inusuales, su actitud para dejar sin efecto las ya famosas retenciones móviles. Pero, más que nada, le permitió constituirse en una figura nacional de peso. Y esto, por sobre cualquier otro hecho político anterior, incluida su elección como vicepresidente. Desde entonces, Julio César Cleto Cobos hilvana declaraciones, actos y movidas políticas, con precisión de orfebre, para consolidar ese capital simbólico apreciable y proyectarse con fuerza de cara a 2011. Su perfil declaradamente opositor; un armado político amplio donde el radicalismo aparece como eje predominante, pero que lo excede; y la buena relación que ha sabido establecer con ciertos factores de poder, le permiten soñar con integrar otra fórmula ganadora (esta vez, encabezada por él), casi tanto como los constantes traspiés de sus posibles rivales en el escenario nacional.

Cobos ya no oculta sus aspiraciones presidenciales. En su entorno, tampoco. La imagen positiva que le otorga la mayoría de los sondeos ha hecho lo suyo y, al mismo tiempo, ha decidido en su favor a más de un radical que todavía guarda resabios de bronca contra el correligionario que los abandonó hace dos años. La posibilidad de volver al Ejecutivo después de la experiencia traumática de la Alianza y del retroceso del partido a los márgenes de la política, no es un dato menor para una fuerza centenaria con una estructura partidaria tan grande como adormecida. De ahí la reunificación en marcha y la búsqueda de una lista de unidad para conducir el partido en lo que viene. Pero Cobos sabe que puede poner condiciones. Y las pone. Sabe también que puede conservar un margen importante de autonomía, más allá de los acuerdos de cúpulas o las cuestiones orgánicas. La reuniones con Francisco de Narváez o los coqueteos con Gabriela Michetti, que tanto escozor generan entre los boinas blancas, hablan de ello. De un Cleto con iniciativa propia.

EL OPOSITOR

A pesar de formar parte de la fórmula presidencial y de ejercer el cargo de vice, Cobos es todo un opositor. Con todas las letras. La buena recepción que tuvo entonces su “voto no positivo” lo envalentonaron y, con el desdén de los Kirchner como atenuante, lo dejaron definitivamente en la vereda de enfrente del Gobierno. Cada medida gubernamental polémica del último año lo ubicó entre los críticos, con más o menos énfasis. Cada vez más lejos de la estima de la Rosada. De hecho, volvió tras sus pasos con la Concertación Plural y enfrentó al oficialismo en las recientes elecciones legislativas en cada lugar donde pudo, con un triunfo importante en Mendoza que le permitió posicionarse mejor que cualquier otro opositor como referente del descontento antikirchnerista.

El diálogo con la Presidenta jamás se repuso, y Cobos ya tiene a su viejo partido disciplinado tras sus pasos, con un discurso conciliador y propenso al diálogo, pero claramente opositor. Su promesa de participar como principal orador en el 45º Coloquio de IDEA, a fines de octubre próximo, le suman más puntos a ese perfil.

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Dispuesto a verse la cara con Kirchner o quien presente el oficialismo en 2011, Cobos acentuó en las últimas semanas su visibilidad pública para dejar en claro que pueden contar con él para el enorme descontento oficial existente. Así, en unos días responsabilizó al Gobierno por el “tiempo perdido” en el conflicto con el campo, al que elogió como “la columna vertebral de la economía argentina”, se reunió con algunos gobernadores que le exigen al Ejecutivo fondos para sus provincias (el caso del justicialista Juan Schiaretti fue muy sintomático) y dejó en claro cuál es su posición frente al proyecto de ley de medios que el Gobierno pretende aprobar antes de fin de año. La reunión del jueves 10, con lo más granado de Unión-PRO -con Mauricio Macri, Francisco de Narváez y Gabriela Michetti a la cabeza- parece ser una muestra contundente.

Se sabe: Cobos puede jugar, nuevamente, un rol clave en el Senado. El kirchnerismo tendría los números para atravesar airoso el conteo de Diputados, pero sumaría dificultades en la Cámara alta. Claro, como en aquella discusión de la Resolución 125. Por lo pronto, ya anticipó su posición crítica al proyecto. Pero algunos se aventuraron a decir que el vicepresidente impondría otros tiempos y formas a la discusión, muy distinta a la de la Cámara baja.

Joaquín Morales Solá, analista de La Nación, por caso, advirtió en su columna que es intención de Cobos enviar el proyecto a más comisiones de las que están previstas para evitar que llegue al recinto antes del 10 de diciembre y que el debate concluya después del recambio legislativo. La mayor ponderación que el vicepresidente recibió en los últimos días de parte de algunos medios ciertamente afectados por la iniciativa oficial, con Clarín como ejemplo, da la pauta de lo ascendente de su posicionamiento. Más aun, luego del traspié público de Carlos Reutemann, figura mimada por el Grupo y considerada un referente de recambio para el próximo mandato.

Lo que Cobos todavía tiene que resolver es por cuánto tiempo más prolongará su situación como vicepresidente y su rol de opositor declarado. En su entorno admiten que no tiene nada definido, aunque ya se empiezan a escuchar algunas voces que ponen fechas o plazos. El diputado Daniel Katz, hombre cercano a Cobos, le dijo a Debate (ver aparte) que debería ser antes de 2011. Otros exigen una definición más cercana. El actor y dirigente radical Luis Brandoni, quizás, fue el más contundente de todos. Dijo que debería renunciar cuanto antes porque la situación “es inadmisible”. Lo cierto es que la cuestión, ciertamente contradictoria, genera controversias dentro del partido debido a cierto apego institucional por las formas del radicalismo.

LA UNIDAD

En el armado para 2011, una cuestión en particular tenía preocupado a Cobos, si es que se decidía por reponer sus vínculos con el partido que lo había expulsado (de por vida, agreguemos): que la conducción del radicalismo quedase en un hombre propio o, en el peor de los casos, en una figura en la que pudiese confiar. Sus preferencias apuntaban al también mendocino Raúl Baglini, un cuadro histórico con reconocida capacidad intelectual y sobrada probidad en entretelones internos. Desde los sectores más desconfiados y todavía contrariados con el vice, proponían otros, de Mario Negri a Ángel Rozas. Cobos hizo valer su peso específico, tensó la cuerda e hizo temer la unidad en ciernes. Hasta que surgió el nombre del senador Ernesto Sanz como prenda de paz y los acuerdos volvieron a ser posibles. De hecho, aunque Sanz todavía no se reconoce presidente partidario y distan tres largos meses para la definición del plenario de delegados, la elección parece ser un hecho.

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Los motivos son varios. Por un lado, Sanz tiene a favor su condición de mendocino y de haber sido el promotor de la reunificación partidaria provincial, que reunió a cobistas confesos y radicales orgánicos, con un aplastante triunfo sobre el peronista Celso Jaque. De hecho, Cobos no lo ve como un obstáculo ni como un dirigente que conspire contra sus aspiraciones presidenciales, sino más bien todo lo contrario. Por el otro, Sanz también es bien visto por referentes como Gerardo Morales, presidente en funciones de la UCR y uno de los más reacios a aceptar el avance del cobismo más allá de límites aceptados. “El partido debe estar en manos de los que resistieron”, dijo el jujeño en más de una oportunidad, con dardo teledirigido. Y, ciertamente, Sanz es un hombre de la resistencia. Además, hay que tener en cuenta que Morales mantiene lazos con Elisa Carrió e intenta lo que, en estos días, ya parece un imposible: que la chaqueña no rompa el Acuerdo Cívico y se marche por su cuenta. En éstos y otros temas, Morales se sabe un perdedor de la lucha interna.

El objetivo de Cobos de tejer alianzas explícitas e implícitas no se reduce al radicalismo. En los últimos días, por ejemplo, le envió una serie de guiños a Hermes Binner, de quien dijo que sería “un honor” que lo acompañase, y al socialismo, en general, la otra pata importante del acuerdo que los llevó a convertirse en la segunda minoría nacional en la elección de junio. “Esperamos un acuerdo con el socialismo porque somos como primos hermanos”, se congratuló y permitió que ya muchos jugasen con los pro y los contra de la fórmula. Binner, es cierto, contestó de acuerdo a su estilo, con una frase que sonó a desaire pero que no cerró las puertas: “Sólo pienso en gobernar Santa Fe”, fue todo lo que dijo. Pero no sólo en Binner piensa Cobos por estos días.

También, como ya se entrevé desde hace un tiempo, Cobos tiene en mente a otros protagonistas del abanico opositor. Entre ellos, por ejemplo, Francisco de Narváez, triunfador sobre Néstor Kirchner en las últimas elecciones. El mendocino sabe que para tener chances serias en 2011 debe hacer pie con mucho peso en la provincia de Buenos Aires. Y también sabe que, por más buena perspectiva que tengan en Margarita Stolbizer o en Ricardo Alfonsín, una performance escueta en ese distrito clave podría complicar las cosas. Esa situación ayuda a explicar cierto acercamiento con De Narváez, que se dio en la campaña, con una reunión en su despacho para “solidarizarse” por su imputación en la causa por el tráfico de efedrina, y que parece darse también ahora con un Cobos más perfilado. Otro tanto podría decirse de su coqueteo con Gabriela Michetti, que se mostró favorable a una reelección de Mauricio Macri a la jefatura de Gobierno y un eventual respaldo a Cobos para la presidencial. La jugada de esta semana de Macri, que dejó caer la posibilidad de que él mismo fuera candidato, puede entenderse como una maniobra o un mensaje interno para disciplinar la tropa y no tener una pronta sangría.

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Lo cierto es que el proyecto Cobos 2011 avanza y tiene nuevos capítulos. Cuánta muñeca política pueda mostrar, en un contexto de conflictos no resueltos y rechazo considerable a las posiciones oficiales, contribuirá a decidir su suerte.

Un armado sin Carrió

Todos lo dan por hecho, aunque no se haya concretado y algunos, todavía, cuiden las formas. La permanencia de Elisa Carrió y sus incondicionales en el Acuerdo Cívico tiene las horas contadas y ya se habla de fractura. Las declaraciones críticas de Carrió hacia Julio Cobos, cierto cuestionamiento a la estrategia de sus socios y la decisión de formar un nuevo partido hicieron lo suyo. Pero, por lo que pudo saber Debate, la decisión no sería unilateral. Cierto hartazgo de un sector mayoritario del radicalismo ante los desaires de la chaqueña y la decisión cada vez más firme de definir cuanto antes la candidatura de Cobos, sumaron nuevos elementos para dar por terminada la sociedad política.

Carrió fue la primera en impugnar a Cobos dentro del Acuerdo Cívico y Social por considerar que aún pertenece al Gobierno. Luego de las elecciones, dijo que el vicepresidente es un obstáculo para la estrategia opositora y que no lo votaría para presidente. Y, en la última semana, le exigió a Cobos que explicase el origen de los fondos de campaña como parte de la fórmula con Cristina de Kirchner en 2007. Por supuesto, nada de eso cayó bien en las huestes radicales, que ya no ocultan su inquina con Carrió. Pero no sólo eso. Varios de los responsables del armado para 2011 aseguran que la continuidad de Carrió en el espacio puede ser una “pesada carga” y que contribuiría a dañar la imagen de Cobos. Además, consideran que su partida no va a significar, necesariamente, un debilitamiento de la fuerza que se constituyó en la segunda minoría nacional.

En tanto, Carrió también tiene su propio frente interno. No todos los referentes que la acompañan en la Coalición Cívica están dispuestos a romper el Acuerdo y seguir a Carrió en la formación de un partido. Entre los que ya pusieron reparos están María Eugenia Estenssoro y Patricia Bullrich. Pero fue Enrique Olivera el más contundente. De vieja militancia radical, el legislador porteño reconoció que no le parecía una buena idea y que no se desafiliaría a su partido para sumarse a otro. Desde el GEN de Margarita Stolbizer tampoco ahorraron críticas y se ven cada más lejos de Carrió

Fuente: Revista Debate

 

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