Mendoza es considerada una de las menos cautivas del país, de las menos previsibles, con un gran sector de masa crítica que vota por encima de los partidos políticos y que define su voto a último momento teniendo en cuenta la oferta a futuro que realiza cada fuerza.

Por supuesto, que todo esto dentro de un marco de contenido conservador, que la hace poco proclive a inclinarse por iniciativas que vayan por fuera de las estructuras tradicionales.

Prueba de ello fue lo sucedido en la última elección en la cual la ciudadanía mendocina no aprobó la Concertación propuesta por Kirchner y Cobos, siendo que en el resto de las provincias donde se presentó, logró un claro triunfo (quizás fue premonitorio del desenlace final).

También lo demuestra la escasa aceptación que tienen alternativas que van fuera del PJ, UCR o PD, la estructura de Elisa Carrió tuvo mucho menos aceptación que en resto de las provincias, la experiencia del partido FISCAL, que comenzó con mucha fuerza sucumbió a poco de andar, etc, etc, etc.

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Pero parece ser que la imprevisibilidad supera el carácter conservador de nuestra provincia, y esto lo demuestra el resultado de las últimas elecciones. Así Celso Jaque logró revertir una situación casi imposible en la última semana cuando propuso la reducción de la inseguridad en un 30%, mediante la explicación de un plan con minucioso detalle.

En la anterior elección ejecutiva, cuando Guillermo Amstutz estaba a probándose el traje de gobernador, Roberto Iglesias se puso al frente de la campaña y logró revertir una situación negativa en la promoción de su protegido, Julio Cobos. Si de experiencias en campañas legislativas hablamos, podemos citar el triunfo del binomio justicialista Amstutz-Pardal frente a los candidatos de Roberto Iglesias en el primer periodo de su mandato: todos pensaban que dicho triunfo era el preludio de un acceso del justicialismo a la gobernación en manos de Amstutz, pero Mendoza dijo NO por una múltiple cantidad de razones.

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Por todo lo expuesto es que los estrategas de cada partido se esfuerzan en acertar el puñetazo final que le propine el nocaut a su rival, tomando esa decisión que le caiga simpática al parco mendocino (de carácter montañés) y logre definir la batalla.

Pero si de acertar se trata, al menos de lo que no se pueden dar el lujo es de errar, por lo cual, hasta el momento todos apuestan a medidas tradicionales como cierre del proceso. Así el justicialismo continúa poniendo casi todas sus fichas al poderío territorial de sus intendentes, enfocando sus cañones al primer distrito que parece ser el llamado a definir el pleito.

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Según sus mediciones ganan en el segundo y cuarto distrito, pierden en el tercero, mientras que el primero es una gran incógnita, aunque con algunos números abajo.

Sus primos, los radicales, continúan con su estrategia conservadora de encolumnarse todos detrás de la convocante figura de Julio Cobos, pero ahora agregando mas fichas a la apuesta, están planteando la idea de que si Cobos no gana, se bajaría de la carrera presidencial.

Por su lado, los demócratas continúan con su encolumnamiento detrás de Macri, planteándose como el cambio de la política y probando con un discurso PRO-positivo, a manera de copia de la campaña del PRO en Capital Federal. Ellos piensan que el perfil conservador y neoliberal de Macri puede caer simpático al medio mendocino.

 

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