El retorno de Cristina Kirchner a Buenos Aires marcó el inicio de su estrategia para posicionarse como la líder de la oposición y dejar fuera de ese rol a otros dirigentes con aspiraciones. ¿De qué manera? Según analistas consultados por LA NACION, en una sociedad polarizada entre macristas y kirchneristas, la ex presidenta busca mostrarse como lo opuesto al gobierno nacional, con el fin de capitalizar un descontento que creció en las últimas semanas por las políticas de ajuste.

”El objetivo de Cristina es ocupar el lugar de lo que es distante a [Mauricio] Macri”, resumió el titular de Isonomía, Pablo Knopoff. Como si se necesitaran mutuamente, ese mismo objetivo es el que comparte con el Presidente, aunque a la inversa. ”Macri se sustenta entre los que no quieren kirchnerismo”, agregó el consultor. Según estimaciones de las encuestadoras, la imagen positiva de la ex presidenta varía entre el 35 y el 45%, un porcentaje menor al del momento de dejar el gobierno.

”Su imagen cayó cuando el Frente para la Victoria (FPV) perdió las elecciones, pero se estabilizó después al quedar fuera del circuito mediático. Lo que sí hubo es una caída muy importante de apoyo al FPV”, analizó la socióloga Graciela Römer en diálogo con LA NACION. Y agregó: ”Eso se debe, primero, a que ya no son gobierno y, segundo, a su estilo de ejercer la oposición, que está por fuera de lo que demanda el público, que es más cercano a una oposición de (Sergio) Massa”.

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Ese estilo quedó en evidencia a principios de mes, cuando Cristina encabezó un acto ante la militancia en Comodoro Py después de ser citada a indagatoria por el juez federal Claudio Bonadio. Allí, en su primer discurso después de un silencio de cuatro meses, denunció persecución política, dijo que ”nunca” había visto ”tantas calamidades producidas en 120 días” y convocó a un ”Frente Ciudadano”.

Si la línea discursiva que inició en su primer acto como dirigente opositora y continuó en sus intervenciones en el Instituto Patria caló en la sociedad es motivo de debate. ”[El mensaje] captura de manera positiva sólo al núcleo más duro del cristinismo”, destacó Römer. ”A ella siempre le sirvió la victimización”, dijo, por el contrario, el consultor Raúl Aragón, en relación a la denuncia de persecución.

La estrategia de la ex mandataria llegó justo para cuando la imagen del presidente Macri estaba en descenso debido a las medidas de ajuste. Aunque aún conserva una aprobación superior a la que hoy tiene Cristina, ya quedó lejos de ese 70% con el que comenzó la presidencia y mantuvo durante la ya terminada luna de miel. La adhesión a Cambiemos cayó hasta 10 puntos en las últimas semanas. Y el kirchnerismo acecha para capitalizar ese descontento.

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Según los estudios de Aragón, la caída, que fue de 8 puntos y medio en la imagen (de 58,6 a 50,1%), tiene un doble significado que favorece los objetivos de Cristina. ”La primera consecuencia [del ajuste] es el impacto en la imagen, pero hay algo más: los más afectados fueron los más favorecidos por el kirchnerismo. Eso hace que se mantenga vigente el recuerdo de Cristina Kirchner y eso no es un dato menor. Ahora dicen «Con Cristina estábamos mejor»”, sostuvo el consultor.

En cambio, Rodrigo Martínez, de Isonomía, se diferenció de Aragón al indicar que el kirchnerismo no necesariamente se vio beneficiado naturalmente, pero destacó que ese segmento de la sociedad está en medio de la ”lucha” entre los ”dos extremos altamente politizados y polarizados” que buscan reconquistarlo. ”Hoy ese espacio está abierto. Hay que ver quién es más efectivo para canalizar el descontento”, analizó.

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Sin embargo, ese nivel varía con frecuencia. El segmento de la población que apoya a Macri, detallaron los consultados, se divide entre los que confían con más convicción en las políticas del Gobierno y los que están sujetos al día a día. Estos últimos son los más vulnerables a los cambios de coyuntura y, por ello, pueden integrar el grupo de los nuevos desencantados.

El titular de Nueva Mayoría, Rosendo Fraga, quien ubicó a la imagen de la ex mandataria en ”un tercio” del apoyo -del que ”la mitad es kirchnerismo duro”-, afirmó que la merma en los niveles de aprobación del Presidente es natural.

”Al asumir un nuevo gobierno, no sólo lo apoyan quienes lo votaron, sino también un tercio de quienes no lo hicieron. Por eso, la aprobación puede llegar al 70%. Pero en los meses siguientes se suele perder esos votantes ajenos. Es verosímil pensar que el ajuste puede haber disminuido la aprobación. Es lógico tomar las medidas de costo político al comenzar porque hay margen para perder imagen sin poner en riesgo la gobernabilidad”, explicó.

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