En el pequeño salón del bar ubicado en la esquina de Larrea y Arenales, los mozos visten con delantal negro y las mesas están todas ocupadas. Las personas parecen estar buscando algún refugio del calor, que afuera ronda los 38 grados. El diputado radical alfonsinista Mario Negri, un añejo habitante del Congreso Nacional que hoy ejerce la jefatura del bloque de diputados de la UCR, citó a Tiempo Argentino en este lugar porque en el Congreso había asueto por las fiestas. Cruza la puerta del bar vestido de elegante sport y estira el brazo para saludar estrechando la mano. Hace pocos minutos aterrizó el avión que lo trajo desde su provincia, Córdoba. “Allá estaba haciendo tanto calor como acá, o peor”, dice, antes de empezar la entrevista en la que hablará sobre la agenda parlamentaria que intentará impulsar el radicalismo y sobre la gestación del frente panradical con la mira puesta en 2015. Ahora se quita el saco y lo cuelga en el respaldo de la silla.

”Estamos terminando el año con una crisis energética”, señala, y pone como ejemplo los cortes de luz que se extendieron por distintos puntos del país por la ola de calor. ”Tenemos que plantear un libro blanco de la energía en el Parlamento. Queremos entender qué pasó. Por qué, si hubo recursos, sucedió esto. Decir que es por la explosión del consumo me parece que no alcanza como explicación”.

–Es decir que el tema energético será parte de la agenda que intentará impulsar el radicalismo…

–Claro. Tenemos que saber cómo es el acuerdo de YPF con Chevrón por Vaca Muerta. Queremos proponer un proyecto de ley que sea un escudo sobre ese yacimiento. Es la vaca lechera que los argentinos tendrán por años. Es un bien preciado para muchas generaciones, así que tenemos que generar una legislación específica para cuidarlo.

–¿Qué otro eje tratarán de poner sobre la mesa?

–Necesitamos un debate sobre calidad educativa. El gobierno argumentó, todos estos años, que puso muchos recursos en educación, lo cual es cierto. Queda claro, entonces, que con la plata no alcanza. Cerca del 35% de los jóvenes no termina el secundario y hay otro porcentaje importante que ni estudia ni trabaja. Es un problema grave. Son problemas que no logró resolver el crecimiento de la economía ni la inversión del Estado. Son asignaturas pendientes de la política. Lo mismo pasa con el tema del narcotráfico. Tenemos muchos proyectos.

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–La decisión de Uruguay de despenalizar la marihuana disparó de nuevo el debate sobre si la verdadera forma de combatir el narcotráfico no es legalizar, para que deje de ser un negocio tan grande…

–No se puede empezar por ahí el debate. De todos modos, es una polémica que debe darse en la sociedad y el parlamento. El tema es que el crimen organizado vino para quedarse en la Argentina. No puede ser que los servicios de inteligencia no se ocupen de eso y se dediquen a espiar opositores…

–¿Tiene alguna prueba de eso?

–Está lleno de intervenciones telefónicas y maniobras de ese tipo. Pero no me quiero perder del tema del narco. Soy partidario de impulsar una gran conferencia nacional sobre el narcotráfico donde participen todos: la política, la sociedad civil, todos. Y que de allí surjan políticas de Estado. Tenemos que saber si el oficialismo está dispuesto a impulsar una política que trascienda su mandato. El Parlamento y el gobierno deben ponerse los pantalones largos. Debe ser una política de Estado. Con eso no se puede especular. Quizás ahora que el kirchnerismo tiene menos poder en el Congreso busque más consensos.

–Pero ha habido consensos importantes los últimos años. La estatización del 51% de YPF, por ejemplo, contó con el respaldo de buena parte de la oposición…

–Es cierto. Cada uno votó según su historia pero cuestionando en gran medida el camino que se eligió. Nosotros criticamos mucho la forma en que se hizo, con un costo de credibilidad muy grande para el país. De todos modos, creo que el Parlamento funcionará mejor con la reducción de la mayoría absoluta que tenía el oficialismo. Tienen quórum propio, pero ajustado. El Ejecutivo ha gobernado 10 años con la Ley de Emergencia Económica, que no es otra cosa que delegar potestades del Congreso. Manejó con discrecionalidad la distribución de los recursos. Tuvo el acompañamiento de los gobernadores peronistas, que son el 80%, y que se sometieron mansamente a la distribución discrecional. No se trata más que de reconstruir un marco de relaciones normales con el Parlamento y las provincias.

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–¿Cómo imagina el funcionamiento de las fuerzas que fueron aliadas de la UCR en la elección de octubre pasado?

–De parte nuestra, tenemos una asignatura pendiente: demostrar que un gobierno de coalición puede resolver problemas pendientes, recuperando el valor de la ley y la transparencia. Es una asignatura pendiente porque la última experiencia fue la de la Alianza y fracasó. Algunos dicen que fue porque no tenía programa. No es cierto. A mi criterio falló la forma en la que se manejó la coalición. Es importante también que terminemos con el concepto de que Argentina no se puede gobernar sin el peronismo, que no se cambie PJ por PJ, que es como el pan con pan. Ese es nuestro desafío.

–¿Qué camino deben recorrer para esto?

–Tenemos que construir confianza entre nosotros y acordar un programa. Muchas veces hay que trabajar más y hablar menos. No podemos mandarle una señal al electorado seis meses antes de la elección. Hay que hacerlo un año y medio antes, mostrando a los argentinos que estamos capacitados para ganar y gobernar. Por otra parte, no debemos tenerle temor al debate interno. Si nosotros discutimos nos dicen que no estamos para gobernar, si lo hace el peronismo dicen que se están reproduciendo. Todos estos desafíos dependen de nosotros.

–¿En qué consiste la ”señal” hacia la sociedad y con quiénes sería?

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–Se trata de fijar nuestras reglas de juego y asumir un compromiso público. Deberían participar el Partido Socialista, (fuerza de Hermes Binner), Elisa Carrió, en el caso de Capital, Libres del Sur y todos los que fueron nuestros aliados y con los que trabajamos. Además, no debemos tener una visión cerrada del poder. Podemos inspirarnos en la experiencia de la Concertación chilena o del Frente Amplio en Uruguay, pero tenemos la de Santa Fe. Ahí hay una pirámide invertida: el radicalismo tiene el 90% de los municipios que gobierna el Frente Progresista y el gobernador es socialista.

–Esa es la pirámide que le gusta al socialismo…

–(Risas). No. Es la que va reflejando una realidad que en algún momento puede cambiar y que todos aceptaremos. En eso consiste la cultura de una coalición.

–Para la elección presidencial faltan algo menos de dos años, ¿cómo va a funcionar ahora este conglomerado de fuerzas, a partir de marzo, en el Congreso?

–Debemos ir paso por paso. No hay que atropellarse por construir interbloques. Una mala construcción en el Parlamento haría fracasar la coalición. Tenemos varios proyectos en común en los que podemos avanzar para presentar una agenda conjunta. ¿Es difícil? Sí. ¿Es imposible? No. ¿Hay otro camino? No hay otro porque el radicalismo solo no puede llegar al poder. Es un dato de la realidad, nos guste o no.

–¿Cómo vio el fallo que sobreseyó al ex presidente (Fernando) De la Rúa por las supuestas coimas en el Senado durante el gobierno de la Alianza?

–Tengo la tranquilidad de que el radicalismo no movió un dedo para influir en la Justicia sobre la investigación, a pesar de que se trataba de un ex presidente radical. Claro que con lo cuestionada que está la justicia por la sociedad, es un fallo que puede generar opiniones encontradas. Pero tengo la tranquilidad de que el partido no hizo nada para afectar la investigación.

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