El presidente electo en México

Alberto Fernández y Andrés Manuel López Obrador (AMLO) sellaron una amistad política y personal sin antecedentes en las relaciones bilaterales entre Argentina y México. Ambos mandatarios coincidieron respecto a la situación de América Latina, el impacto de las redes sociales en un mundo globalizado y las debilidades estructurales de las democracias modernas, entre otros asuntos de la agenda del siglo XXI.

«Sintonía perfecta», describió un asesor del presidente electo que conoce que sucedió en la reunión privada y en el almuerzo informal que Fernández y AMLO compartieron en el Palacio Nacional.

López Obrador es un líder parco, que le gusta la historia, y observar el mundo desde el Distrito Federal (DF). Eso explica porqué aún no hizo un sólo viaje al exterior (asumió el 1 de diciembre de 2018) y por qué es tan difícil que aterrice en Buenos Aires para la asunción de Fernández. Sin embargo, el presidente mexicano bajó su guardia formal y tuvo gestos de amistad que su personal de protocolo no podían creer: hizo una visita guiada personal a Fernández y le regaló un pin con el Águila Real, que el presidente electo argentino lució con orgullo desde el mismo momento que se la puso en la solapa.

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Fernández está encantado con la mirada geopolítica de López Obrador, y no dudó en responder las señales de amistad personal y de cercanía ideológica que exhibió el mandatario mexicano. En sus ajetreados días post campaña electoral, el presidente electo tuvo tiempo para ir al Museo Evita para comprar dos obsequios a López Obrador. Se trata de un minibusto que reproduce el día del renunciamiento histórico de Evita, cuando Juan Domingo Perón decidió que no fuera su compañera de fórmula en 1952, y un álbum de fotografías de la segunda esposa del General.

López Obrador agradeció los regalos de Fernández y comenzaron una reunión privada que recorrió la historia de la región, los problemas estructurales de las democracias modernas, los medios de comunicación y las redes sociales, y cómo posicionarse frente a la crisis de Venezuela y la estrategia diplomática que intenta aplicar Donald Trump al continente.

El presidente mexicano tiene diferencias ideológicas con su colega norteamericano, pero lo desarma cuando dice públicamente que lo respeta. El presidente electo argentino también tiene diferencias ideológicas con Trump y ya aprendió la lección de su amigo presidente: «Aspiro a tener un muy buen vínculo con Estados Unidos», dijo en la conferencia de prensa.

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López Obrador y Fernández acordaron estrategias comunes en los organismos multilaterales, avanzaron en mejorar los términos de las relaciones comerciales entre ambos países y se juramentaron encontrar un método político que permita cerrar las asimetrías económicas en América Latina.

El presidente mexicano se sintió tan a gusto con el presidente electo argentino que le hizo su propia visita guiada. Adelante de López Obrador iban los funcionarios de protocolo abriendo las puertas del Palacio Nacional, y esperando que el jefe de Estado explicara a su invitado especial que había sucedido en ese lugar y en otro momento de la historia de México.

Al final, los dos protagonistas de la jornada, llegaron tarde a su propio almuerzo. No podían parar de hablar entre ellos: del futuro, del presente y del pasado. Comieron queso ahumado y pescado. Se abrazaron, y Fernández salió a reunirse con los periodistas que lo esperaban.

P.S. Méx

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