El PJ del vale todo: Cristina, más peronista que nunca

La jugada de la ex Presidente se inscribe en las tradiciones más arraigadas del partido

-¿Te irías del PJ, como hicieron Chacho Alvarez, Bordón, Béliz?

-No, nunca. Estaba López Rega y no lo hice.

(Cristina Fernández de Kirchner a la revista Ahora del Diario Crónica. 18 de mayo de 1997)

Para un peronista, es sabido, no hay nada mejor que otro peronista… y nada peor que la democracia interna. Lo que no pudo José Lopez Rega con sus brujerías y los asesinatos de la Triple A, lo logró Florencio Randazzo con su voluntad de competir en las primaras del PJ.

En 17 de octubre de 2012, en una reunión con intendentes peronistas en la Casa Rosada para celebrar el Día de La Lealtad (“El único del año en el que no traicionamos”, como bromean los herederos más sarcásticos del General), Cristina había vuelto a reivindicar su pertenencia al PJ, en cualquier circunstancia. “Nunca me fui -dijo-, aún cuando era opositora dentro mi propio partido”.

Hace dos años, la entonces Presidente se manifestaba “orgullosa”, en una entrevista con la cadena RT, por haber impulsado la ley de las PASO “para que en mi país se diera un sistema de democratización de los partidos políticos donde hubiera internas abiertas, primarias, vinculantes y obligatorias, de modo tal que los aparatos partidarios no fueran los que decidieron los candidatos… Un sistema que democratizó la vida política argentina”.

Pero cuando la llegó la oportunidad de demostrar en persona las virtudes de aquella norma, la ex Presidenta huyó por la puerta de servicio.

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Repasar la lista de contradicciones de la ex Presidente, su haz lo que yo digo mas no lo que yo hago, puede ser interminable. Pero al burlar su propia ley e idear una maniobra insólita para eludir el debate interno en la fuerza política en la que militó toda su vida no hizo otra cosa que cumplir con una tradición histórica del Partido Justicialista en el que no hay norma que no se estire, se doble o se rompa según el juego de intereses y la voluntad coyuntural de sus caciques. La flexibilidad ideológica del PJ va de la mano de su zafarrancho institucional. Un vale todo permanente.

¿Qué partido político no hizo nunca una elección interna para elegir sus autoridades nacionales a pesar de las reiteradas intimaciones judiciales?

¿Qué partido político inventó las candidaturas “testimoniales”, aquel artilugio de poblar las boletas con nombres supuestamente taquilleros, aún sabiendo de antemano que ninguno de ellos asumirían los cargos para los que se estaban postulando?

¿De qué partido político era el vicepresidente de la Nación que renunció a su puesto para postularse a la gobernación bonaerense?

¿Qué partido político inventó las listas “colectoras”, esas en que los candidatos a gobernadores e intendentes llevan atadas varias listas de legisladores y concejales para sumr votos por distintos lados?

Las respuesta es siempre la misma: el PJ, que con 3.620.375 afiliados según las estadísticas de la Cámara Nacional Electoral, sigue siendo cómodamente la principal fuerza política del país. El justicialismo ostenta en sus filas al 43 por ciento de los afiliados a todos los patidos, lo que habla tanto de la potencia política del PJ como de la cultura democrática de los argentinos.

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No es que el resto de las fuerzas sean un dichado de virtudes institucionales. Pero el peronismo, en tanto principal partido nacional, acostumbra a dar el mal ejemplo y siempre estar a la vanguardia de las peores “picardías criollas” electorales.

Cristina Kirchner, el 17 de octubre de 2012 en la Casa Rosada, reivindicando que nunca se fue del peronismo.

Quizás perdure en el inconciente de su dirigencia partidaria la enseñanza traumática de Antonio Cafiero, que tuvo que irse del partido para derrotar a la cúpula oficial en las legislativas de 1985. Tras su regresó victorioso, se convirtió en gobernador bonaerense en 1987 y, con todo el poder y su voluntad renovadora, propuso algo inédito: una elección interna para dirimir la candidatura presidencial de 1989. El tiro le salió por la culata: perdió con Carlos Menem, quien volvió a imponer la dedocracia de Perón.

En 2005 fueron los Kichner los que debieron ir por fuera del partido para derrotar al aparato del PJ bonaerense en manos de los Duhalde. Ganadores, el dedo y los caprichos de Néstor y luego los de Cristina fueron la ley.

Nadie entrega la batuta del peronismo hasta la derrota. Y Cristina, al menos en el imaginario kirchnerista, nunca perdió: en el 2013, el derrotado fue Martín Insaurralde y en el 2015, Daniel Scioli, aunque la estrategia completa en ambos casos la diagramó ella.

Randazzo, herido aún por el dedazo a traición de 2015, cuando se enteró por TV que la Presidente saliente bendecía la fórmula Scioli-Zannini y clausuraba su sueño presidencial después de meses de fogonear su candiatura, propuso ahora la “gran Cafiero” pero desde el llano más absoluto. Para el ex ministro el Interior, competir ya era ganar.

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Cristina, a quien los caciques provinciales acusan de ser más “izquierdista” que peronista, replicó sin embargo con una jugada inédita de peronismo extremo: se llevó el aparato pejotista con ella y le dejó el sello partidario vació a su rival. El artilugio fue posible porque el presidente del PJ bonaerense, el resto de las autoridades partidarias y la mayoría de los intendentes aceptaron abandonar (por un rato) su partido y acompañarla al novel Frente de Unidad Ciudadana, en un gesto supremo de humillación política en el altar de las encuestas.

Desde ya, no habrá un juicio moral en el peronismo sobre esta cabriola. Será exaltada o condenada de acuerdo a su éxito o fracaso en las urnas. Desde la muerte de su esposo, Cristina demostró ser una pésima estratega electoral de su fuerza. Tan cierto como que ella no ha sido candidata desde el 54% de 2011.

Esta vez, todo indica que pondrá en juego su pellejo. A todo o nada.

La junta electoral de la Unidad Ciudadana cristinista informa en su flamante página web que recibirá la inscripción de candidaturas hasta el sábado próximo a las 24 en su sede de Matheu 130. Esa es la dirección de la sede nacional del PJ. No es broma.

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