El peronómetro de Macri

El Presidente de todos los argentinos, Mauricio Macri, pretendió inmiscuirse en la interna del Peronismo, aunque sus dichos en una conferencia de prensa en Davos (World Economic Forum, WEF) no eran casuales, ni un acto de inmolación institucional; eran sólo para tratar de mostrar una situación de gobernabilidad institucional en el país, que los inversores extranjeros no vieron con claridad, con la presencia de Sergio Massa.

Por Mario Raúl Baudry*

El Presidente de todos los argentinos, Mauricio Macri, pretendió inmiscuirse en la interna del Peronismo, aunque sus dichos en una conferencia de prensa en Davos (World Economic Forum, WEF) no eran casuales, ni un acto de inmolación institucional; eran sólo para tratar de mostrar una situación de gobernabilidad institucional en el país, que los inversores extranjeros no vieron con claridad, con la presencia de Sergio Massa.

El centro del capitalismo extremo, para todos los países civilizados es Davos, un lugar donde ningún presidente argentino serio puede faltar, incluso para criticar las políticas salvajes del capitalismo extremo. ¿En qué mejor lugar que ese escenario se les puede decir en la cara a los empresarios y presidentes del primer mundo que están equivocados?. O, por el contrario, pedir su ayuda.

Pero la jugada del macrismo en Davos fue tratar de demostrar un cambio de rumbo en la realidad política y económica de Argentina, basado en dos ejes: primero, que somos previsibles, y segundo, que tenemos un gobierno que puede gestionar. ¿Y qué mejor lugar para salir a buscar inversores que Davos?

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Macri tuvo dos problemas, uno en Davos y otro en Argentina, que hicieron tambalear su estrategia política. El primer problema que enfrentó fue el error de Prat Gay de lanzar un bono de 1.000 millones de dólares y, por no tener oferentes, declararlo desierto.
Automáticamente se prendieron las alarmas de los analistas financieros internacionales, e informaron a sus jefes en Davos que Argentina tiene problemas internos: los argentinos no confiaron en Macri para darle 1.000 millones de dólares. Alertas rojas prendidas, un fuerte signo de debilidad interna que a Macri le costó muy caro.

El planteamiento de los analistas financieros internacionales fue claro: sin Peronismo no hay posibilidad de gobierno exitoso en la Argentina. En el segundo día de las reuniones de Davos, la pregunta siempre fue la misma: ¿El Peronismo los apoya o sólo los van a dejar gobernar?. La respuesta fue clara: “Estamos con el máximo referente de la oposición, Sergio Massa”. La realidad es que los asesores financieros les aconsejaban a sus jefes que esa afirmación no era real, sino sólo una parte de ella.

En el parte financiero de la realidad argentina que hicieron los hombres de Wall Street para el segundo día de reuniones expresa que Sergio Massa era un referente del Peronismo que había sacado el 21 por ciento de los votos, y Macri el 30 por ciento; que la sumatoria de esos votos había permitido el triunfo de Macri en el balotaje, pero que no le aseguraba la gobernabilidad, sólo en parte. El otro 49 por ciento lo tenía el Peronismo, y no era Massa el conductor.

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Los asesores de Macri, conocedores de esta realidad y rápidos de reflejos, hicieron que Macri dijera en conferencia de prensa que Sergio Massa iba a ser el nuevo conductor del Peronismo.

La declaración fue para tratar de calmar a los inversores, pero el remedio fue peor que la enfermedad. Salió todo el Peronismo opositor a criticar a Massa por permitir que Macri le marque la cancha de esa manera.

El líder del Frente Renovador, también rápido de reflejos, postulo al cordobés De la Sota para conducir el partido, aunque eso no calmó las aguas en el Peronismo, que sigue en ebullición; no sólo por Macri, sino también por la incapacidad de poder reordenarse internamente.

Las fotos que dejó el cónclave de un sector del Peronismo en Santa Teresita fueron determinantes; los que se juntaron ahí fueron los padres de la derrota, y los medios así lo reflejaron.

Sergio Massa fue a Davos con la mejor intención de ayudar al país, y sostener a un gobierno muy débil, como lo es el de Macri y de Vidal. Sin la ayuda de Massa, el gobierno tiene los días contados; pero el presidente Macri no le pagó con la misma moneda y terminó poniendo a Massa en una situación difícil de salir dentro del Peronismo; aunque cuenta con una ventaja: el líder del Frente Renovador sabe que lo que tiene enfrente no es lo mejor del Peronismo.

*Director de Revista La Tecla

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