Aunque los productos argentinos apenas representan el 0,25% de las importaciones estadounidenses totales, aquella decisión también podría golpear la actividad en es- tas tierras. El principal problema que enfrentan hoy los Estados Unidos es incrementar sus recursos, punto sobre el cual hay severas discrepancias entre los dos partidos que tienen representación parlamentaria.
Si reforzar la carga fiscal sobre los que ganan más de u$s1 millón por año, como postula el Partido Republicano, o si bajar ese piso a todos los ciudadanos que cobran por encima de los u$s250.000, como pretende el Partido Demócrata, es una decisión clave.
Aquello resulta así no sólo por la obviedad de que en un caso la caja federal se robustecería de modo más contundente. Sino por la propia estructura tributaria norteamericana que a diferencia de la argentina, donde el Impuesto al Valor Agregado es la principal fuente de recursos, se reclina en Ganancias: representa alrededor del 16% del producto bruto.
El gran desafío norteamericano es, además, cumplir con metas de reducción del déficit y límites al endeudamiento que fueron acordadas entre los dos países. Este corsé es el que le obligaría a la administración de Obama a recortar gastos si no tuviera aval para incrementar ingresos en la envergadura deseada.
Si Washington achica sus erogaciones, ineludiblemente, caerá una larga lista de programas de estímulos a la economía que fueron instrumentados desde la crisis del año 2008 como un paliativo al parate que sufrió la activi- dad global después de la crisis de las hipotecas. Este menú de subsidios incluye actividades de las más diversas que van desde la obra pública a la subvención sobre los créditos hipotecarios, pasando por el que beneficia la instalación de alumbrado público con lámparas led.
Planes como estos últimos se enmarcan en el plan del By America,un programa para fomentar la compra de productos locales, que no siempre puede ser respetado según los objetivos proteccionistas norteamericanos. Si los Estados Unidos entrasen en un plan de restricción de gastos, de la envergadura que fuere, eso implica menos comercio y menos inversiones en la economía más grande del mundo.
El PBI norteamericano representa el 21 % del producto bruto del mundo. De ahí que lo que ocurra en la principal economía del planeta inevitablemente tiene impacto en el resto, de modo más o menos directo.
Menos comercio de los Estados Unidos implica, en principio, un redireccionamiento de los flujos comerciales asiáticos. Si China tuviera que mermar sus despachos a aquel país, es factible que intente reubicar ese excedente en otros lugares. Pero la menor capacidad de compra supone que podrían trastabillar las exportaciones argentinas con las que se intenta conquistar ese mercado.
Lo que los EE.UU. compran al resto del mundo implica el 14% de las importaciones globales. De ahí otro parámetro para suponer con fundamento que una caída en el comercio externo de esta nación puede resentir la balanza comercial de muchas otras.

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