¿Debate capital o cortina de humo?

No se había vuelto a hablar de tan apasionante tópico hasta que en estos días Julián Domínguez planteó la necesidad de repensar un modelo de Estado. El jefe de la Cámara de Diputados de la Nación es un transversal del peronismo con evidentes y legítimas ambiciones políticas, motivo suficiente para alimentar todo tipo de especulaciones. ¿Se trata de un propuesta estratégica para refundar el país o es una cortina de humo para sacar de foco el malhumor social por los cortes de luz y el alza de precios y tarifas? ¿Busca el consenso de todos los partidos para descentralizar la megalópolis porteña o responde a un posicionamiento personal del legislador en su afán de llegar a la gobernación bonaerense o, quién dice, a la presidencia de la nación?
Como sea, la iniciativa tuvo una inusitada respuesta social y caló hondo en la dirigencia radical, acaso movilizada por tratarse de una bandera levantada en los años dorados del alfonsinismo.

”Fue todo un símbolo de la descentralización; era uno de los factores de la descentralización en un proyecto más amplio. Debo decir que no coincido en casi nada con Cristina Kirchner, pero en esto sí. En un país muy unitario, una característica acentuada por este gobierno, la propuesta de Domínguez me sorprende, pero positivamente”, señaló Aldo Neri, presidente de aquella comisión encargada del traslado de la Capital en los ochenta.

Domínguez habló de una mudanza al norte, lejos del puerto, como parte de un rediseño territorial. ”La capital política del país ya no puede estar en la Ciudad de Buenos Aires porque se pensó mirando al Atlántico, a Europa, mientras la nueva geopolítica que inauguró el ex presidente Néstor Kirchner planteó la relación con China, India y con los países del mundo árabe. Eso supone que la Argentina debe pensar en el Pacífico y que debe profundizar la cercanía con el Mercosur y la Unasur”, dijo. Más que en una lógica de reordenamiento del poder político y económico interno, el legislador planteó la mudanza de la Capital en el marco de un nuevo ”corredor productivo” regional e internacional, resultado de las flamantes relaciones comerciales.

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La idea tiene la endeblez de una declaración personal a distintos medios de prensa, sin demasiados respaldos –ni objeciones, por cierto– de pares y ministros. Por ahora tampoco hubo algún otro pronunciamiento de la presidenta, más allá de aquel de años atrás, en el que reconoció que en algún momento habría que dar el debate.

Distinto fue en 1986, cuando los radicales circunscribieron el traslado al megaproyecto ”Patagonia y Capital”, cuyo propósito era descentralizar y desburocratizar el poder político, para separarlo del poder económico, ambos concentrados en la zona metropolitana. Alfonsín no planteaba una mudanza de la Capital Federal al norte, como ahora propone el kirchnerismo, sino hacia el ”Distrito Federal de Viedma-Carmen de Patagones”, conformado por la capital de Río Negro y la ciudad más austral de la provincia de Buenos Aires.

El megaproyecto era el cimiento del plan para la fundación de la Segunda República Argentina, que Alfonsín lanzó por cadena nacional con el lema ”crecer hacia el sur, hacia el mar y hacia el frío”. Además del traslado de la Capital, incluía la provincialización del territorio nacional de Tierra del Fuego y la radicación de empresas en las provincias en el sur del país.

La iniciativa se transformó en ley –la 23.512–, pero las tensiones existentes, derivadas de crisis económicas y políticas, con el agregado de los levantamientos militares, impidieron su aplicación, y finalmente el PJ lo hirió de gravedad.
No obstante ello, el ideario de Alfonsín quedó plasmado en la nueva Constitución, resultante del Pacto de Olivos sellado con Carlos Menem. Los artículos 45 y 129 hablan de la eventualidad de un traslado de la Capital fuera de Buenos Aires, e incluso no descartan la provincialización de la ciudad una vez que las autoridades federales estén radicadas en una nueva sede.

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Lo expresan de esta manera:

Artículo 45.– La Cámara de Diputados se compondrá de representantes elegidos directamente por el pueblo de las provincias, de la ciudad de Buenos Aires, y de la Capital en caso de traslado, que se consideran a este fin como distritos electorales de un solo Estado y a simple pluralidad de sufragios. El número de representantes será de uno por cada treinta y tres mil habitantes o fracción que no baje de dieciséis mil quinientos. Después de la realización de cada censo, el Congreso fijará la representación con arreglo al mismo, pudiendo aumentar pero no disminuir la base expresada para cada diputado.

Artículo 129.– La ciudad de Buenos Aires tendrá un régimen de Gobierno autónomo con facultades propias de legislación y jurisdicción, y su jefe de gobierno será elegido directamente por el pueblo de la ciudad. Una ley garantizará los intereses del Estado nacional mientras la ciudad de Buenos Aires sea capital de la Nación. En el marco de lo dispuesto en este artículo, el Congreso de la Nación convocará a los habitantes de la ciudad de Buenos Aires para que, mediante los representantes que elijan a ese efecto, dicten el estatuto organizativo de sus instituciones.

Desde aquel Pacto de Olivos florecieron numerosos proyectos, de legisladores de distintos partidos, para cumplimentar la mudanza de la Capital, sin lograr las adhesiones necesarias.

Ante las dificultades que se le planteaban en su gestión, Alfonsín amenazó reiteradas veces con irse a vivir en carpa a Viedma. Domínguez cumplirá aquel desafío en los próximos días pero no en la capital rionegrina sino en un balneario de la Costa Atlántica, desde donde buscará reunir el consenso necesario para que su proyecto tenga un mejor final que el del ex mandatario.

Infonews

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