Cornejo, la candidatura de Lousteau y el repliegue del PRO

La política argentina y específicamente del frente gobernante, como nunca se ha vuelto como un juego de ajedrez. A los deseos del PRO se le antepuso la realidad y fueron los radicales impulsados por el gobernador de Mendoza, los que copan la parada de las provincias.

Mauricio Macri se está resignando a que los radicales se queden con prácticamente la totalidad de los gobernadores de Cambiemos en el interior.

Luego del triunfo en las elecciones de 2017, en la Rosada se entusiasmaron con engrosar el número de gobernadores del macrismo puro en las elecciones ejecutivas subsiguientes.
En sólo dos años ese entusiasmo se esfumó, en parte por la estrategia de Marcos Peña de postergar el armado territorial más típico de los partidos tradicionales y unificar los flashes en la figura de Macri.

Los radicales tomaron nota de que con esa estrategia varios de los postulantes que habían ganado en sus provincias en 2017 ahora pueden perder con el peronismo en distritos que parecían propicios para un triunfo de Cambiemos, como Santa Cruz, La Rioja, Córdoba, Santa Fe, Neuquén, Chubut y Salta y decidieron potenciar a sus propios candidatos.

La avanzada del titular de la UCR, Alfredo Cornejo, fue notoria en los últimos días. Primero decidió desdoblar las elecciones mendocinas y luego impuso un candidato que no era de la preferencia de Macri. Después puso a la candidata en Río Negro, Lorena Matzen y corrió al elegido de la Rosada, Sergio Wisky. Horas más tarde, Cornejo intervino la UCR de Santa Fe por pedido del candidato radical en el distrito, José Corral.

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Como otros macristas que meses atrás soñaban con el sillón provincial, Wisky quedó atrapado en una resolución de Cambiemos para que los candidatos a gobernadores de los distritos que desdoblaron no puedan postularse a legisladores nacionales en octubre. Wisky prefirió aferrarse a la banca y no inmolarse contra la familia Soria.

La candidatura de Lousteau divide al radicalismo y tensiona a Marcos Peña
Tras oler el repliegue del macrismo, que tuvo su clímax con la explosión en Córdoba, los radicales están dispuestos a disputar todas las candidaturas. En Entre Ríos lograrán imponer a Atilio Benedetti, en Chubut a Gustavo Menna, en La Rioja a Julio Martínez y en Tucumán a quien mida mejor entre Alfonso Prat Gay, Silvia Elías de Pérez y José Cano. En enero los radicales ya habían sepultado la candidatura del pastor David Schlereth en Neuquén y lograron imponer al infatigable Horacio “Pechi” Quiroga.

Acaso las únicas chances del macrismo puro de colar un candidato a gobernador, además de los ya firmes María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta y Carlos Mac Allister, se produzca en Mendoza y Santa Fe, donde asoman primarias entre radicales y macristas. Como en el PRO no quieren que haya un enfrentamiento entre partidos, analizan llevar candidatos radicales en las fórmulas del mendocino Omar de Marchi y del santafesino Federico Angelini. En Salta el candidato no será radical, pero Macri lo compartirá con Sergio Massa.

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En este contexto, en el macrismo se conforman con colar la mayor cantidad de postulantes propios en las listas de legisladores nacionales, a sabiendas de que en la próxima conformación del Congreso Macri tendrá un panorama aún más complicado que el actual, con un bloque del kirchnerismo que podría llegar al centenar de bancas en Diputados y una bancada de senadores superior al del dialoguista Miguel Pichetto.

Otra de las contraprestaciones en favor de Macri por la capitulación ante los radicales sería la de llevar a sus otrora candidatos a gobernadores como postulantes en ciudades importantes de cada provincia. Una escasa cuota de poder para un presidente.

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