Con un esfuerzo por negar la realidad

Después de trabajar durante las últimas semanas para restarle apoyos a la manifestación, ministros y funcionarios buscaron ningunear la masiva protesta contra el Gobierno. Dijeron que fue intrascendente, pero, a la vez, cuestionaron su alto impacto económico.

El Gobierno hizo de cuenta que nada ha ocurrido. Según dejaron trascender sus voceros, el presidente Mauricio Macri tuvo un día con una agenda normal, no vio la marcha por televisión y ni siquiera pidió conocer el número de asistentes (que las usinas oficiales reducían a unos 90 mil). Eso sí, se preocupó por enviar un mensaje velado a los sindicalistas desde un acto en Entre Ríos: pidió una Argentina “sin aprietes, extorsiones, comportamientos mafiosos y sin buscar privilegios, sino todos sentados alrededor de una mesa viendo qué puedo aportar”. También envió a varios de sus ministros a recorrer los canales de televisión después de la marcha. El libreto que se repitió incluyó recordar las causas judiciales de Hugo Moyano y señalar que la marcha fue política y no tenía un reclamo claro.

Más allá de la decisión de sobreactuar “normalidad” el día de la marcha, que iba de la mano con el ninguneo posterior, en el Gobierno tienen decidido no moverse un ápice de su plan de reformas laborales. Ni 90 mil, ni 400 mil personas parece que vayan a hacerlos cambiar de idea en esto, que forma parte del núcleo duro del proyecto macrista. Según indicaron cerca del Presidente, Macri no vio la marcha por TV, dado que continuó con su agenda normal. Tuvo una reunión de coordinación por la mañana, en la que estuvo, entre otros, el jefe de Gabinete, Marcos Peña. “No creo que hayan hablado de la marcha”, sostenían en Balcarce 50. Tuvo también reuniones con radicales: primero una privada con Ernesto Sanz –solos los dos– y luego otra con la cúpula de la UCR (ver aparte).

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También hizo un breve viaje a Concordia, Entre Ríos, donde compartió un almuerzo con productores arroceros, visitó a emprendedores que fabrican jugos cítricos y se mostró con el gobernador Gustavo Bordet en una recorrida por una planta potabilizadora de agua que está en construcción.

Allí fue cuando habló de “soluciones sin aprietes, sin extorsiones, sin comportamientos mafiosos, sin buscar privilegios”.

Fue la única alusión, dado que el propósito del Gobierno era ningunear la marcha. En Casa Rosada se mostraron contentos de que no haya habido incidentes violentos tras la concentración. Sostuvieron que ni la composición política ni las palabras de Moyano los sorprendieron. En el macrismo, predomina la idea de que la foto del camionero con sectores kirchneristas y de izquierda no hace más que beneficiar al oficialismo. De hecho, diversos ministros que hablaron ayer trabajaron las últimas semanas para restarle apoyos a Moyano en la movilización de ayer. “Acá hay mucha tranquilidad”, indicaron.

Desde el oficialismo hicieron circular una serie de datos sobre los “costos” de la medida de Moyano. El cálculo llegaba a la sideral cifra de 4800 millones de pesos perdidos, “incluyendo efectos directos e indirectos” en recaudación por un día de cese de actividades de algunos de los gremios que se movilizaron. No parecieron percatarse de la contradicción de sostener, a la vez, que la movilización fue intrascendente y que tuvo un costo económico de un 1 por ciento de lo que produce el país en un día.

El desfile de referentes del oficialismo por los canales y radios tampoco reparó en esto, sino que insistió en concentrarse en la figura del camionero y sus causas judiciales. “Moyano tiene que resolver sus problemas con la Justicia y no hacer frente al Gobierno”, opinó el presidente del interbloque de Cambiemos en Diputados, Mario Negri. “Debería haber desdramatizado, presentarse en Tribunales aunque no esté imputado como dice él, y mostrar voluntad de decir: ‘Estoy dispuesto a que investiguen lo que corresponde’, pero eso no ha ocurrido y genera un nivel de tensión que no ayuda a la coyuntura”, aseguró el dirigente radical.

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Del gabinete salieron a hablar el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, el de Trabajo, Jorge Triaca, y el del Interior, Rogelio Frigerio, que acompañó a Macri en reuniones la mayor parte del día. Este último consideró que “si Moyano moviliza mucha gente, no pasa nada. La sociedad no quiere marchas, no quiere paros. Quiere seguir trabajando, progresar, ver cómo mejora su situación y necesita que a este gobierno le vaya bien para que le vaya bien a la Argentina”. El ministro insistió que la movilización “tuvo como principal impulsor un tema personal de un dirigente sindical, que cree que no debe ser tratado igual en la Justicia”. “Nosotros no perseguimos a Moyano. El Gobierno no persigue a nadie y éste es el cambio cultural del país que nos diferencia del gobierno anterior”, sostuvo.

“No hay ningún dirigente que tenga coronita”, dijo Triaca, que recobró protagonismo luego del escándalo de la ex casera familiar. “No hemos escuchado propuestas para resolver los problemas de los argentinos”, sostuvo el funcionario PRO. “Queremos dejar atrás esa Argentina violenta, en la que imponga condiciones un grupo minoritario”, insistió.

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