A principios del año 2014 sufrimos una movida especulativa por parte de sectores que presionaron para lograr una devaluación que, a pesar de ser menor a sus intenciones terminó con una alza de precios que perjudicó al pueblo argentino. En estos días hay otra movida similar, con la idea de completar lo que esperaban a principios de año, un dólar alrededor de $ 15. Si lograran ese objetivo, un puñado minúsculo de grandes empresarios se verían altamente beneficiados, mientras que el pueblo argentino vería devaluar sus ingresos.

Como siempre están a la orden del día los socios habituales: Economistas que a diario visitan medios de comunicación hegemónicos con la idea de generar incertidumbre y miedo en la población, como así también dirigentes políticos y sindicales afines que pretenden acceder al poder en 2015 para volver a aplicar las políticas neoliberales de los años 90.

Según recordó Tiempo Argentino, durante la semana que pasó, la presidenta de la Nación, Cristina Fernández, acusó a las automotrices de ”encanutar” los vehículos mientras las principales terminales se quejan de la falta de demanda. Pero si de acopiar se trata, las críticas de la primera mandataria bien podrían haber tenido como destino al sector sojero, habida cuenta del lento goteo que muestra la comercialización de la oleaginosa, uno de los principales generadores de divisas para el país. A tal punto es así, que la capacidad ociosa de la industria que demanda el grano para la fabricación de harina y aceite alcanza ya el 30 por ciento. Estos números, inclusive, encendieron la luz amarilla en el sector agroexportador, que directamente se refirió al tema pidiendo que se agilice la venta ante el enorme perjuicio que causa este fenómeno de los especuladores.

Pero nada más apropiado que las cifras duras, de fuentes públicas y privadas, para graficar las existencias ”guardadas” en silobolsas. Concretamente, los productores locales de soja mantienen retenida prácticamente la mitad de la producción de la campaña 2013/14 –cuyo volumen alcanzó el récord de 55 millones de toneladas –ya sea para el destino de exportación o para la molienda del grano por parte de la industria (en muchos casos se trata de los mismos actores), según coinciden fuentes públicas y privadas.

De acuerdo al cierre del viernes último en el mercado internacional de granos de Chicago, cuando los futuros de la soja cerraron en 398 dólares la tonelada, el remanente sin vender representa ingresos de divisas por cerca de 10 mil millones de dólares. El volumen en dólares es tan importante que, para compararlo, equivale a un tercio de las reservas actuales que tiene el Banco Central (BCRA). De acuerdo a los analistas, la especulación en torno a una posible devaluación que compense la tendencia bajista que atraviesa la oleaginosa –y que no parecería revertirse en el corto plazo– es la principal causante.

Datos del Ministerio de Agricultura al 27 de agosto pasado –los últimos disponibles– informan que la venta de soja supera las 31 millones de toneladas (9,2 millones para la exportación y 21,8 millones para la industria, en este caso el último dato es al 20/08) sobre una cosecha total estimada en 55 millones de toneladas, pero que trepa a 57 o 58 millones de toneladas si se le agrega el remanente del ciclo anterior. ¿Qué sucedía para la misma fecha del año pasado? A la misma semana del año 2013 se llevaban vendidas 31,658 millones de toneladas, es decir, un volumen similar al operado durante este año, pero con un detalle no menor: el volumen producido supera en más de un 11% a la campaña 2012/13.

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La comparación semanal entre una campaña y otra da cuenta del ”goteo” en que los productores están comercializando la soja 2013/14: entre el 20 y 27 de agosto pasado –siempre en base a datos oficiales– las ventas para embarque sumaron tan sólo 156 mil toneladas, lo que equivale al 0,28% de la cosecha, mientras que la misma semana, pero del año pasado, las ventas al sector exportador sumaban 257 mil toneladas, el 0,52% del total de esa cosecha.

”Tenemos una alta capacidad ociosa, no menor al 30%, como consecuencia, entre otras cuestiones, de que los productores están reteniendo el grano. Se podría estar exportando más, se podría estar industrializando más y no habría tanta capacidad ociosa como la que tenemos actualmente, que impacta en los costos fijos”, indicó a Tiempo Argentino Andrés Alcaraz, gerente de Comunicación de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA).

”El año pasado la capacidad ociosa fue mayor, de alrededor del 40%, pero porque se trataba de una cosecha menor”, precisó el directivo de la cámara empresaria. Según Ciara, al 20 de agosto pasado existía un diferencial de 8,9 puntos porcentuales entre lo adquirido hasta ese día del corriente año en comparación con el mismo período del año pasado. De acuerdo a la entidad, hasta ese día se habían comercializado 30,5 millones de toneladas de soja, el 55% de la cosecha, mientras que en el mismo período del año pasado se habían comercializado 30,9 millones de toneladas de soja, pero que equivalían al 64,4% de la cosecha.

También en base a datos del Ministerio de Agricultura, la firma Kimei Cereales S.A., especializada en la comercialización de granos, señaló que el margen de la cosecha de soja que aún permanece sin vender equivale al 48,99% sobre una producción total estimada en 55 millones de toneladas.

El freno en la comercialización de la soja –principal commodity de exportación y, por ende, factor clave para el ingreso de divisas– tiene lugar en medio de la discusión política en torno a las modificaciones a la Ley de Abastecimiento, cuestión que suscitó el férreo rechazo de una parte importante del empresariado, que hasta amenazó con recurrir a la justicia una vez que la norma sea aprobada por el Congreso. De hecho, fueron los propios referentes del agro argentino quienes, como buscando cubrirse, salieron a vincular la potestad de la Ley de Abastecimiento con el volúmen de grano almacenados en silobolsas en todo el país.

El mercado sojero se encuentra altamente concentrado, y este es otro dato que ayuda para comprender el problema que genera en la balanza de dólares la retención de granos producto de la especulación.

Es que si bien está conformado por 73 mil productores en todo el país, tan sólo el 6% (4380 productores) manejan el 54% de la cosecha. Aproximadamente el 75 de la producción va a la industria para la fabricación de harinas y aceites, mientras que el restante 25% se destina a la exportación primaria.

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Analistas de distintas tendencias consultados por Tiempo coincidieron en que la expectativa de una mejora en el tipo de cambio, léase una mayor devaluación del peso, sumado a la espera de un ”rebote” en la deprimida cotización internacional de la oleaginosa, son factores que inciden a la hora de explicar la retención de mercadería por parte de los productores. ”Está todo el mundo esperando una devaluación”, indicó a Tiempo Javier Buján, presidente de Kimei. Según el especialista, la reciente decisión del Banco Central de limitar los activos en dólares en manos de las entidades financieras incrementa la expectativa entre los productores. ”Lo que está pasando tiene que ver más con la coyuntura que otra cosa. El productor cuando sembró en su momento tenía en la cabeza una soja a 300 dólares, llegó a 330 dólares sobre mediados de mayo, principios de junio. Y convengamos que desde mitad de año a esta parte empezó a haber turbulencias –fondos buitre, etcétera–, situaciones que de por sí provocan que el productor genere una retención de por sí, porque su refugio es el cereal, independientemente de que pueda ser el peor refugio”, indicó Buján.
No obstante, tal como lo señala el último informe de CIFRA, organismo ligado a la CTA, los exportadores de soja enfrentan el dilema de especular reteniendo el producto –y, así, presionar por una nueva devaluación– arriesgándose a enfrentar una caída significativa en el precio internacional de la soja en un contexto en el que las expectativas de su cotización no son favorables, dada la cosecha récord en Estados Unidos y la desaceleración del consumo de China. ”Este error ya lo cometieron en 2008, donde sus dirigentes privilegiaron el aspecto político sobre el económico”, indicó el último informe de coyuntura. La semana próxima, el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos dará a conocer datos sobre el avance de la cosecha de soja. Se espera que ratifique un crecimiento en el stock, lo que redundará en precios bajos internacionales para el commodity. ”El mercado podría estar cerca de un piso. Ahora, estar cerca de un piso no significa que suba. Por ahí puede significar que pueda haber una pequeña baja adicional, pero nada más”, concluyó Bujan.

Tal como lo consigna el informe de la CTA, el precio de la soja por tonelada cayó a 449 dólares durante los primeros 20 días de agosto. Desde mayo registra sistemáticas caídas, reduciendo su valor 17,8%, al bajar de 546 a 449 dólares. Más aún, el 19 de agosto pasado cotizó a 412 dólares. ”Es decir, que en la actualidad requerirían un tipo de cambio cercano a $ 11 por dólar para alcanzar la ganancia en pesos que hubieran obtenido si liquidaban sus exportaciones en mayo”, concluye.

Por su parte, el dirigente Carlos Garetto, presidente de Coninagro, una de las entidades que conforman la Mesa de Enlace conjuntamente con la Sociedad Rural, Federación Agraria y Confederaciones Rurales, negó que existan factores políticos detrás de la retención y atribuyó el menor ritmo al retraso que padeció la actual campaña debido a las condiciones climáticas. ”Los productores van vendiendo a medida que tienen que hacer frente a sus obligaciones, ya sea en materia fiscal, de costos. Este año la cosecha se retrasó mucho por las condiciones climáticas, sumado a ello los precios vienen bajando, entonces el productor va calzando sus compromisos con las ventas. También hay que ver cómo juegan en esto las operaciones con foward”, indicó.

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Pablo Adreani, analista de la consultora Agripac, estimó que al ritmo de comercialización actual quedará al 1 de diciembre próximo un remanente de entre 20 o 18 millones de toneladas de soja sin vender. ”Va a haber una fuerte retención por parte del productor, va a vender lo mínimo posible”, indicó. Según el especialista, ”el productor hizo el peor negocio de su vida, perdió del 20 de junio a la fecha 1450 millones de dólares en pérdida de mercado por stock de soja”.

ABREN EL PARAGUAS

El fenómeno del acopio de granos en pos de una especulación con el precio generó –incluso antes de que este diario diera a conocer las cifras– una llamativa reacción de los principales referentes de las cámaras que integran la Mesa de Enlace del sector agropecuario. Los popes del campo salieron a alertar una presunta intención del gobierno nacional de decomisar excedentes de cosecha. La referencia concreta fue a la Ley de Abastecimiento, que da esa posibiidad y que se está discutiendo su modificación en el Congreso Nacional.

Con este discurso hizo punta ayer el titular de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Luis Miguel Etchevehere, quien en diálogo con Radio Continental advirtió que ”hoy hay alarma en el campo porque con la Ley de Abastecimiento se quiere confiscar la producción”. En este sentido, el dirigente rural aclaró que las cámaras irán a la justicia para pedir la inconstitucionalidad de la medida. ”El proyecto de ley del oficialismo dice claramente que permitiría la confiscación de la producción”, indicó Etchevehere, confesando sin que se lo pregunten el nivel de acopio de grano en silos.

Días antes de la aparición de Etchevehere, uno de sus pares, el líder de la Federación Agraria (FAA), Eduardo Buzzi, también salió a abrir el paraguas tratando de justificar la especulación de los productores en distintas entrevistas radiales. Ese mismo día, un artículo del diario Clarín tomó la misma posición de los popes del agro, alertado sobre la Ley de Abastecimiento.

En ese contexto, el dirigente afirmó que ”el objetivo del gobierno es confiscar las reservas de soja de los productores para contrarrestar ”errores”. La referencia fue a los que conducen la política económica y de administración del comercio. Y continuó diciendo que ”hoy los productores retenemos pero no por especulación voraz, sino porque la economía es un desastre, porque no hay confianza, no se puede invertir, no se sabe qué va a pasar con el dólar, no se sabe qué pasa con la inflación”. Si bien los datos de ese acopio aún seguían sin aparecer, Buzzi concluyó su discurso manifestando que ”entonces el productor reservó su cosecha de soja en defensa propia y no en una actitud ‘devaluacionista’ o ‘devaluativa”’.

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