Alianza Virtual

Por: Nestor Leone, de Revista Debate.

Fueron dos de los ganadores del 28 de junio. No los únicos, pero sí los que obtuvieron buena parte de las adhesiones opositoras, en términos simbólicos y cuantitativos, y una cuota importante de resonancia mediática. Uno triunfó en Mendoza, sin ser él mismo candidato, pero con una lista que tenía su impronta. El otro ganó en la provincia de Buenos Aires, ante el propio Néstor Kirchner, en lo que fue la gran sorpresa de la elección. Desde entonces, ambos quedaron bien perfilados para disputar mayores porciones de poder en el largo tránsito hacia 2011. Y con crédito abierto.

Ahora bien, lo que no parecía posible en aquel momento es que estos dos referentes, con procedencias diversas y camisetas políticas de distinto color, pudiesen llegar a confluir en una estrategia común, más o menos explícita o declarada. Inasibles y con poco apego a las construcciones colectivas, el vicepresidente Julio César Cobos y el diputado reelecto Francisco de Narváez no lo descartan. Los coqueteos de las últimas semanas, con señales hacia sus respectivos frentes internos y desconciertos varios entre sus socios, son indicadores que se condicen con esa posibilidad.

Algunos hablan de nueva concertación. Otros, de una transversalidad de distinto tipo. Y hay quienes relacionan de manera directa estos devaneos con la incapacidad manifiesta del sistema político de recuperarse luego de la larga crisis de representación (y, por ende, de partidos) que acompaña al país desde fines de los noventa. Lo cierto es que tanto Cobos como De Narváez parecen subidos a la ola opositora, sin resignar autonomía, dispuestos a montarse sobre “lo existente” y con lógicas políticas que exceden sus propios espacios pero, a su vez, muy personalistas. Cuánto avanzarán en la concreción de lo que insinúan es algo que nadie sabe. Ni siquiera ellos.

La primera noticia que los unió data de junio de este año, en medio de la campaña electoral. El juez Federico Faggionato Márquez había implicado a De Narváez en la famosa causa del tráfico de efedrina, y el hombre de Unión-PRO acusaba al oficialismo de “embarrar la cancha”. Rápido de reflejos, Cobos sobreactuó su ya asumido rol opositor -a pesar de haber integrado la fórmula presidencial y de ser el segundo del Ejecutivo- y se solidarizó públicamente con el rival de Kirchner. Pero ese gesto no resultó suficiente e invitó a De Narváez a su despacho de vice para darle a su actitud toda la contundencia que se pudiera. Los flashes capturaron el momento y lo convirtieron en portada para el escozor de los boinas blancas.

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La reacción en el radicalismo no se hizo esperar y reavivó los resabios de desconfianza que Cobos genera en unos y otros. Ya por entonces se le cuestionaba poco compromiso con la campaña del Acuerdo Cívico y Social, del que su Consenso Federal (ConFe) forma parte, y este hecho ensombreció un poco más la relación. Pero ninguno de los referentes del panradicalismo fue tan drástico como Margarita Stolbizer, rival de De Narváez en la provincia, que condenó el gesto (“Fue inexplicable e inoportuno”, dijo) y se sintió perjudicada. La buena elección del Acuerdo en gran parte del país, que convirtió a la entente en segunda minoría, cambió los ánimos. Y el triunfo de Cobos en Mendoza lo convirtió en el candidato del espacio con mayor proyección.

Sin embargo, las elucubraciones no terminaron. Cobos volvió a insistir con De Narváez, y la historia de encuentros y de-sencuentros comenzó a tener nuevos capítulos. En el corrillo político se habla de conversaciones personales más habituales de lo sospechado y de una corriente de simpatía cada vez mayor. Es cierto, Cobos hace rato se mueve como candidato a presidente y las reuniones que mantiene son de lo más variadas. Joaquín Morales Solá da testimonio de eso, el domingo 13, en su columna de La Nación, donde asegura que atiende por igual a viejos y nuevos radicales, a socialistas y a macristas, toma café con Carlos Reutemann, permuta mensajes con Eduardo Duhalde y “les pone los oídos a los consejos de peronistas y no peronistas afligidos por ayudarlo”. Pero también parece cierto que algunos operadores de Cobos (no todos, por cierto) le reservan al ex dueño de Casa Tía un papel importante en su estrategia de cara a 2011, aun cuando cada uno conserve sus espacios y pertenencias. Hacer viable un triunfo (o, en el peor de los casos, una buena elección) en la provincia de Buenos Aires parece una obsesión de los cobistas. Y saben que un acuerdo explícito o con corte de boleta virtual puede dárselo.

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El encuentro del vicepresidente con la plana mayor de Unión-PRO, De Narváez incluido, el jueves 10, dejó nuevas estelas en ese sentido. Y esto, aun cuando de la reunión participaran varios de los dirigentes del radicalismo (Ernesto Sanz y Oscar Aguad, por caso) que ya dieron muestras de no estar dispuestos a darle a Cobos margen para emprender ese camino.

 

MALESTARES PARTIDARIOS

En el radicalismo saben que necesitan a Cobos como al agua. Luego de una larga estadía al borde del precipicio y varias elecciones en los márgenes del sistema político, son conscientes de que el mendocino les permite mover el amperímetro como hacía tiempo no sucedía. Y eso, para una estructura enorme pero adormecida que requiere de cargos ejecutivos y escaños legislativos para reproducirse, la opción resulta inmejorable.

El “problema” es el margen de maniobra propia que Cobos ha decidido darse y, dentro de eso, las movidas por fuera del viejo aparato partidario. De ahí la desconfianza y la preocupación.

La lista de unidad para consensuar una conducción que represente a los distintos sectores del partido y conforme a Cobos parece en camino, con la figura del también mendocino Sanz como síntesis casi inamovible. Pero las aguas no terminan de estar todo lo calmas que parecen. La decisión de Gerardo Morales de lanzar una línea interna de la UCR llamada Renovación Federal, para el 9 de octubre próximo, con el objetivo manifiesto de frenar la ofensiva cobista dentro del partido, resulta un ejemplo de ese malestar. En el panradicalismo, la desazón de Margarita Stolbizer puede ser otro ejemplo. Diputada electa, Stolbizer volvió a ser contundente. Dijo que es “muy difícil de entender” que el vicepresidente pretenda liderar “la oposición al Gobierno que integra” y consideró la foto que se sacó con Unión-PRO como “descuidada”.

Pero el radicalismo no es el único espacio que tiene frentes internos a partir de estos coqueteos. Algo similar pasa también entre los aliados de De Narváez. Aunque haya compartido la foto con Cobos, Mauricio Macri desconfía de las movidas de su socio, como también de las de su ex compañera de fórmula porteña, Gabriela Michetti. Por eso se decidió a lanzar su fórmula presidencial, casi como una fuga hacia delante y sin contar todavía con una base concreta de apoyos. En duda, todavía, Macri no de-sechó pelear por la reelección en la Ciudad, pero sabe que si no se posiciona en las ligas nacionales, pierde un terreno difícil de recuperar en lo inmediato. Por eso su bandera de largada, aun cuando ya haya sido desairado por el sindicalista Luis Barrionuevo. “Nosotros ya tenemos otro candidato; si querés, te podemos hacer un lugar para 2015”, dice Ámbito Financiero del jueves 17 que fueron las palabras del gastronómico, aliado de Eduardo Duhalde.

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Otro que masculla bronca es Felipe Solá. Cada vez más alejado tanto de Macri como de De Narváez, no participó en la reunión opositora con Cobos y puso el grito en el cielo cuando vio la foto del encuentro. “¿Qué es eso de ayudarlo a Cobos a crecer haciendo actos en su oficina?”, se le escuchó decir. “¿No se dan cuenta de que Cobos es Coti Nosiglia, Jesús Rodríguez, el Gordo Baglini, que si ganan van a decir de nuevo que no sabían con qué se encontraban?”, agregó. Su partenaire, en ese momento, era nada menos que Carlos Reutemann, el senador reelecto por Santa Fe, que todavía no logra superar el traspié público de hace unas semanas, el mismo que lo redujo de un candidato de peso a un líder sin capacidad de trascender los límites de su provincia. Solá lo sabe, pero sabe también que, con el Lole como aliado necesario, puede convertirse en el referente nacional de los peronistas disidentes, huérfanos de conducción y bastante amilanados por la rápida recuperación de la iniciativa por parte de los Kirchner.

Transversalidad o no, alianza virtual o de hecho, Cobos y De Narváez saben que sus caminos, si no unívocos, pueden cruzarse en el escenario futuro. Por eso evalúan estrategias y se mueven en consecuencia.

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