Clarín: ningún monopolio resiste tres gobiernos populares

Grupo Clarín: los patrones de la información / Clarín y el neoliberalismo

Ley de Medios: cuánto tiene que desinvertir cada grupo económico

En acción: el desafío de los medios comunitarios

¿Qué es el AFSCA?

Entrevistas: Mario Wainfeld (periodista) / Guillermo Mastrini (especialista, UBA, UNQ) / Pablo Antonini (Univ. La Plata) / Natalia Vinelli (TV Barricada) / Eduardo Barcesat (constitucionalista) / Osvaldo Francés (ARBIA, CORAMECO)

Por Enrique de la Calle I Finalmente, empiezan a agotarse los tiempos del gigante mediático Clarín. Después de tres años de sancionada la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, la Justicia dispuso que el próximo 7 de diciembre se vence el plazo de adecuación que la norma establece para los grupos que superen la cantidad de licencias toleradas por el nuevo marco regulatorio. Hay pronóstico reservado porque el multimedios se resiste a ajustarse a derecho y es sabido que el kirchnerismo disfruta de redoblar la apuesta.

Uno de los ejes centrales de la ley de Medios fue justamente su perfil antimonopólico, de allí la trascendencia del artículo 161, el mismo que Clarín quiere soslayar o por lo menos prolongar sus efectos hasta un nuevo escenario que le permita otra negociación… ¿en 2015? No es el único grupo económico que debe desprenderse de licencias, pero sí el que debe hacerlo en mayor cantidad.

El ”7D” surge a partir de un fallo de la Corte Suprema de Justicia, que propone esa fecha. Dice la Corte: ”En consecuencia a partir del 7 de diciembre de 2012 vence la suspensión del art 161 de la ley 26.522 y se aplica a la actora (Grupo Clarín). De ahí que estando su plazo para adecuarse a las disposiciones de la ley, vencido el 28 de diciembre de 2011, sea plenamente aplicable a la actora con todos sus efectos a partir de la fecha indicada” (la cursiva es nuestra). Tanto el periodista y abogado Mario Wainfeld como el especialista en políticas de comunicación Guillermo Mastrini, coincidieron en entrevistas con AGENCIA PACO URONDO que el ”7D” el multimedios debe presentar su programa de adecuación.

Qué pasará antes de fin de año no se sabe. Todo parece indicar que el Grupo continuará con su batalla contra el Gobierno: ¿Encontrará algún juez que le permita ganar más tiempo? Por su parte, la designación de Martín Sabbatella en la Autoridad de Aplicación de la ley (AFSCA), un hombre con mayor perfil político que su antecesor, Santiago Aragón, indica que Cristina está dispuesta a hacer cumplir la norma. En el spot que se difundió la semana pasada se contempla la posibilidad de llamar a concurso público para vender las licencias que excedan el máximo permitido.

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La posición dominante de Clarín

El Grupo Clarín posee más de 200 licencias de radiodifusión: 7 radios, 4 canales de aire, 6 canales de cable y más de 150 licencias para operar sistemas de cable localmente. En sus comunicaciones institucionales el oligopolio habla de Cablevisión como si fuera un todo, pero para la ley se requiere una autorización por cada área de cobertura donde se brinde ese servicio (”área primaria de servicio”, dice la norma). En el sitio de la empresa se reconoce la presencia en 158 localidades del país.

Para llegar a ese número de medios, es necesario comprender los vínculos íntimos de Clarín con la dictadura primero y el menemismo después. Durante su mandato, Néstor Kirchner se encontró con un actor muy poderoso con el que debió negociar, en primer lugar la extensión de la licencia de televisión y después la fusión entre Multicanal y Cablevisión. La racionalidad política argumentaba ”que ningún gobierno resiste tres tapas de Clarín”.

Un trabajo de los especialistas Guillermo Mastrini y Martín Becerra (”Los dueños de la palabra”) describe el grado de concentración del sistema de medios en el país. Según el estudio, realizado en 2004, el Grupo Clarín acapara alrededor de 35% del mercado. El relevamiento no tiene en cuenta la fusión de Multicanal y Cablevisión (de 2007), lo que aumenta significativamente ese número. ”Clarín se halla diversificado en las industrias culturales, prácticamente en todos los mercados culturales logró una posición dominante que facilita su interlocución privilegiada con los grandes anunciantes publicitarios y su acceso directo a las fuentes de los distintos estamentos de poder (económico, político, sindical, etcétera)”, señala el libro.

Desde 2008 una diferente relación de fuerza le permitió al kirchnerismo discutir un escenario comunicacional diferente. Se valió de un amplio y subterráneo consenso construido alrededor de organizaciones populares, asociaciones de radiodifusores de pequeño y mediano porte, universidades, especialistas, profesionales de la comunicación. La Coalición por una Radiodifusión Democrática condensó los esfuerzos de esa ”minoría intensa”.

Ese nuevo marco de relaciones de poder se plasmó en una ley aprobada mayoritariamente por el Congreso Nacional con voto transversal a diferentes fuerzas políticas. En Diputados recibió 147 votos a favor (kirchneristas, socialistas, Nuevo Encuentro, Proyecto Sur, SI, Partido de la Concertación) 4 en contra y 1 abstención. Radicales, peronistas disidentes, PRO y Coalición Cívica abandonaron la sesión. En Senadores recibió 44 votos contra 24. El socialismo decidió apoyar la iniciativa.

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Como límite a la concentración, la norma votada establece que el máximo de licencias es de 24 a nivel nacional y tres por área primaria de servicio. En el caso de televisión abierta y radio AM, permite sólo 1 de cada tipo por zona de cobertura. En el caso de las FM, tolera dos cuando existieran 8 licencias en el área.

Cuando acepte ajustarse a derecho, el Grupo Clarín dejará de disfrutar de la posición dominante que posee en la actualidad. El sistema de medios del país será así más diverso. Una mano militante pintó en una pared del Gran Buenos Aires, parodiando lo que fue una leit motiv de la empresa durante mucho tiempo: ”Ningún monopolio resiste tres gobiernos populares”.

La creación de otro paradigma

Clarín, Vila – Manzano, Cadena 3, Cristóbal López, Hadad, Telefónica, Grupo Prisa, son los principales jugadores privados de la radio y la televisión en Argentina. Algunos más, otros menos, todos deberán adecuarse a la nueva ley. La transferencia de licencias reconfigurará el mapa de medios del país, al achicar actores y al hacer ingresar a nuevos.

En general, los medios grandes quedarán en manos de empresarios de igual tamaño, con la capacidad financiera y operativa para gestionarlos. En el caso del servicio de cable, puede ser el turno para las cooperativas, las cuales operaron esos sistemas hasta que Clarín las fue absorbiendo en buena medida gracias a tener el control de las transmisiones de fútbol. En éste dossier, Osvaldo Francés de ARBIA y CORAMECO discurre sobre esa posibilidad.

Además de su costado antimonopólico, la ley de Servicios Audiovisuales propone como novedad la promoción de medios destinados a organizaciones sin fines de lucro. De hecho, reserva un 33% del espectro para ese tipo de licencias (la ley de la dictadura no permitía a esos emisores). La vitalidad de medios de comunicación no comerciales será fundamental para garantizar los efectos más democratizadores del nuevo paradigma en construcción. El Estado deberá financiar proyectos no empresariales, sin posibilidades de sobrevivir sin ese sustento. Sin embargo, el desafío es mayor e incluye un debate que tiene como protagonistas a los propios comunicadores populares que deberán estar a la altura de los nuevos tiempos.

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