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Cuando las aguas bajan turbias

 

Unidos defenderemos los derechos federales de Mendoza.

 

Por el vicegobernador de la Provincia, Arq. Cristian Racconto

 

En mi carácter de ciudadano y vicegobernador de Mendoza di a conocer días atrás un documento en el cual fijaba mi posición sobre los cambios y transformaciones que debíamos encarar desde el gobierno con el objetivo de corregir la actual direccionalidad de la gestión, haciendo especial hincapié en que la misma debía sustentarse sobre la base de políticas que respondieran cabalmente a los requerimientos de una provincia que aspira a ser un polo de desarrollo y crecimiento importante. Además, convocaba a todos los sectores activos de la provincia y en forma especial a quienes gobernamos incluyendo los parlamentarios nacionales a concensuar acciones que fueran en defensa de las necesidades que hoy se plantean como vitales para posicionarse dentro del contexto del país.

 

Con verdadera sorpresa advierto que el jueves 15 en el articulado del Presupuesto Nacional que fue aprobado por la Honorable Cámara de Diputados de la Nación se volvió a habilitar la redistribución de cupos de promoción para cuatro provincias vecinas competidoras de Mendoza. Me refiero concretamente a los beneficios impositivos que seguirán recibiendo las provincias de San Luís, San Juan, La Rioja y Catamarca.

 

Vuelve entonces sobre el tapete de la discusión el tan remanido tema de la promoción industrial en la cual Mendoza desde el año 1972 quedó postergada. En realidad se trata de que las cuatro provincias mencionadas siguen conservando la potestad de distribuir cupos de promoción impositiva entre empresas dispuestas a instalarse en sus territorios sumándose ahora una particularidad y es que las beneficiarias no necesariamente deben ser industrias.

 

Según evaluaciones que hicieron los entendidos, Mendoza perdió a partir de su implementación alrededor de 1.000.000.000 de pesos, cifra que fue aceptada por la Nación durante la gestión del ex-gobernador Julio Cobos. Recuerdo que esta problemática se concretó en un planteo judicial a los efectos de obtener un resarcimiento por parte del Estado nacional y lo terminó abortando a cambio de una promesa que hasta el momento no se ha cumplido: la construcción del Dique Portezuelo del Viento.

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Así las cosas, el artículo al que hacemos referencia que fija la distribución de los cupos de promoción tiene ahora media sanción y en definitiva vuelve a postergar a nuestra provincia al cajón del olvido limitando sensiblemente sus posibilidades en la atracción de nuevos inversores.

 

Me he permitido durante estos días cambiar algunas opiniones con representantes del sector público y privado, incluyendo a figuras de la inteligencia política local coincidiendo en la necesidad de reformular el tan mentado artículo.

 

Pero sobre la promoción industrial quisiera hacer algunas reflexiones. En primer término, señalar que este tema que durante los últimos años nos recuerdan la expresiva calificación de “Tiempos del Desprecio”, de Malraux (porque ha sido objeto de toda clase de manoseos y teorizaciones) toca muy de cerca la realidad nacional y en este caso la de Mendoza. Tan directamente preocupa a nuestra provincia la cuestión de la promoción industrial, que ante las improvisaciones en que nos hemos venido manejando, hay momentos en que el empresariado, el productor, el industrial mendocino se sienten como entre la espada y la pared. No saben quien comparte sus aspiraciones a lograr un equilibrio geográfico y económico del espectro federal que inserte a la provincia en los mecanismos de producción y de toma de decisiones sobre los auténticos intereses de la Nación, ni quien por otra parte, alienta la subsistencia de un sistema anárquico que dispensa favores o privilegios o castiga indirectamente a unos para beneficiar a otros.

 

Una visión actualizada de la problemática, partiendo ahora del compromiso de rehabilitar y consolidar preceptos fundamentales de la Constitución, hace bien al esclarecimiento y a la toma de posición ante esta problemática. Un ex ministro de la provincia ubicó la raíz del problema al atribuir “gran parte de las crisis regionales y de las crisis agobiantes que muchas veces ha soportado Mendoza, a la burocracia y al centralismo”. El ex gobernador José Octavio Bordón, coincidiendo con este concepto afirmaba que “no existe régimen de promoción industrial. Lo que existe es un sistema de desgravaciones impositivas que se aplican en algunas provincias y crea injustas diferencias.” También los empresarios e industriales de la provincia han acompañado la gestas de reclamos y requerimientos ante las autoridades nacionales solicitando sean respetados los derechos federales, insistiendo en que ello es vital para el crecimiento de una provincia que requiere de inversiones para desarrollar las estrategias económicas que se impulsan tanto desde la esfera oficial como pública. Sin inversión no hay progreso ni generación de trabajo productivo.

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Es como si existiera, más allá de las propuestas de gobierno y de la voluntad de reversión de los procesos negativos, un centro de influencias misteriosas que insisten en retrotraernos al pasado de la dependencia colonialista, promoviendo la discordia, la desintegración, el estancamiento y la distorsión. Son los intereses a veces abiertos que siguen enquistados y frenan proyectos, desoyen reclamos, mistifican ideas e implementan normas y regímenes para impedir las transformaciones que requieren las provincias y el país todo.

 

En esa compleja y endemoniada madeja están atrapados requerimientos provinciales que no están enderezados precisamente a extraer sangre de ese organismo anémico que es la economía nacional sino a tonificarlo mediante la expansión y el crecimiento equilibrado de las provincias.

 

Por la consecución de este trascendente objetivo reclamaba hace muchas décadas, allá por el año 1890, en el Congreso Nacional Osvaldo Magnasco citando el caso de Mendoza: “Ahí están las provincias de Cuyo, victimas de tarifas restrictivas, de fletes imposibles, de imposiciones insolentes, de irritantes exenciones, cuyo monto es mayor que el valor de sus vinos…”. Y a ello podríamos agregar los informes de hondo sentido federalista del ingeniero Alejandro Suárez durante la década del gobierno popular del veinte y los debates abiertos por Alejandro Mathus Hoyos en 1946, en el Congreso Nacional en torno a la necesidad de lograr condiciones para sacar a Mendoza del cerrado esquema monoproductor.

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En ese atrapamiento histórico de la voluntad de crecimiento parecen estar ahora, por las dilaciones de la burocracia metropolitana, los requerimientos que formula el poder Ejecutivo provincial a partir de las últimas décadas referidos a la necesidad de reconsiderar el régimen vigente para la liquidación equitativa de las regalías de hidrocarburos, como así la aplicación en el ámbito provincial de una estructura de tarifas hidroeléctricas, con precios diferenciales reducidos para todos los consumos, terminando con el sistema que subsidia a zonas extra provinciales ricas en recursos de la producción hidroeléctrica mendocina. Se trata de aquellos reclamos que buscan una infraestructura energética de costo adecuado para desarrollar sus posibilidades de diversificación industrial y en este cuadro están los requerimientos por un tratamiento impositivo, fiscal, crediticio, de inversiones y apoyos, que contemplen las características regionales y la revisión de las normas de comercialización que implican un subsidio a costa de los productores locales.

 

Minimizar el problema de la promoción industrial a una puja entre intereses o criterios zonales o sectoriales de las provincias, implica desvirtuar el concepto de des-regionalización en el planeamiento del desarrollo económico. Significa también, hacer el caldo gordo a los factores de la concentración. Entendemos finalmente, que la promoción industrial debe ubicarse en una concepción federalista y regional con sentido de integración, que tenga en cuenta las particularidades locales y las exigencias de una complementación orgánica. Se impone, en consecuencia, un diagnóstico que pueda elaborarse con la participación protagónica de las provincias readquiriendo estas el poder político. Solo así se podrá oponer a un sistema burocrático una voluntad transformadora.

 

Es de esperar entonces, que quienes tienen la representación en el Senado de la Nación por nuestra provincia, revean y hagan el esfuerzo necesario para que Mendoza no quede fuera del plato. Convencidos que el desarrollo de esta maravillosa provincia debemos consolidarlo en beneficio de todo nuestro pueblo; con dirigentes que formemos parte de proyectos fundados en la lealtad y no en la obsecuencia.

 

 

Autor: Arq. Cristian Racconto

 

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