Lo primero que llama la atención es la antinomia con la que se abre la consigna: ¿democracia o diktadura? Por parte de quienes convocan, el llamado estaría motivado a dirimir la contienda entre la ”tiranía cristinista” –autoritaria, déspota, monárquica– y una Democracia con mayúsculas, que parece no precisar mayores definiciones.

Es un buen ejercicio imaginar aquello que la consigna no dice, pero supone. Desde qué concepción de democracia ese sector llama a movilizarse, cuál es la forma de gobierno que imaginan y detenernos en los elementos que son vividos por ellos como rasgos dictatoriales.

Un modo de descifrar lo que entienden por democracia, es leerla a la par del concepto que ellos mismos ponen a continuación: ”Una verdadera república”. Con la aparición de ese nuevo término parece aclararse el asunto: la democracia que suponen verdadera es una que asuma la forma republicana, entendiéndose por ello la tan preciada calidad institucional, la mesura política, la búsqueda de consensos, etcétera. Esa antítesis entre una democracia republicana y su contracara fallada tiene largos antecedentes en los debates políticos argentinos y latinoamericanos. Junto al surgimiento de experiencias de gobiernos populares en la región en el siglo XX, surgieron sus detractores, pertenecientes a los sectores más acomodados y con la mira siempre puesta en el Viejo Continente, que veían en la avanzada popular el peligro de la permanencia de sus privilegios. Esa visión descalificadora de los gobiernos populares logró hacer mella en sectores medios y en fracciones de la izquierda. Las nuevas experiencias y los aportes lúcidos de algunos intelectuales han enseñado a leer los populismos más como expresiones políticas propias de nuestra región, que conjugan particularidades, tradiciones y características de esta parte del mundo, que como las formas desviadas y distorsionadas de los buenos gobiernos.

Del ”devenir dictatorial” del gobierno kirchnerista es preocupante el uso liviano que hacen de un concepto denso para la historia argentina, en particular, uso que es posible sólo a condición de vaciar de contenido el concepto. Resulta curioso, por no decir sospechoso o sintomático, que llamen dictadura a un gobierno electo y reelecto con amplísimo apoyo popular y, fundamental aun, que ha consagrado derechos de mayorías y de minorías en un proceso de amplitud democrática sin antecedentes casi en nuestra historia nacional. El hecho de que puedan convocar a movilizarse en contra del gobierno, son la prueba más cabal de la existencia plena de un sistema democrático.

Sería positivo que quienes decidan movilizarse se preocupen menos por expresar su odio antikirchnerista y se dediquen más a plantear posicionamientos: qué tipo de economía defienden, su opinión sobre los Derechos Humanos, su posición frente a la desigualdad social, etcétera Que puedan conformar una oposición política que represente un proyecto alternativo. Los que no nos movilicemos, deberíamos evitar lecturas moralizantes, que entienden la contienda política, entre razones verdaderas y erradas, y comprender que del otro lado hay intereses por defender. Y que si los sectores más acomodados sienten la necesidad de salir a las calles a defenderse, es por que sus privilegios, como mínimo, han comenzado a ser cuestionados. Cada uno sabrá posicionarse.

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