De acuerdo a un extenso informe presentado ayer por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el PBI de la región evidenciará ”una aceleración del crecimiento”, con una tasa de expansión ”en torno al 3,8 por ciento”.

La organización proyecta una variación del Producto argentino durante el año que viene de casi 4 puntos porcentuales, traccionado ”principalmente por la recuperación de las manufacturas y de la inversión”.

De esta forma, de acuerdo a las Naciones Unidas el crecimiento de América Latina y el Caribe ”depende en gran medida” del desempeño de la Argentina y Brasil. Para la economía carioca se proyecta un salto de 4%, es decir un 0,1% más que para la Argentina.

El peso de estas dos economías se transformó en un elemento clave para comprender el desempeño de la región. De hecho, durante 2012 el promedio del crecimiento del PBI latinoamericano fue de 3,1%, pero si se excluyera el desempeño de Argentina y de Brasil, hubiera sido de 4,3 por ciento. De todas formas, la región mostró un desempeño mejor que el crecimiento mundial, que rondó el 2,2 por ciento.

Según las cifras de la organización, las exportaciones cerrarán en 2012 con ventas por 879.000 millones de dólares, por debajo de los 1,1 billones de dólares de 2011. Brasil, México, Perú, Argentina, Chile, Colombia, Venezuela y Bolivia concentran el 99% de esos fondos.
Para 2013, ”hay luces y sombras, la demanda externa no será la fuente del crecimiento”, indicó la secretaria ejecutiva de la CEPAL, Alicia Bárcena.

Mientras que el director de la División de Desarrollo Económico, Juan Alberto Fuentes, también durante la conferencia donde se presentó este estudio, sostuvo que ”estamos frente a un mundo muy incierto”.

Al cierre de este año, el organismo de las Naciones Unidas consideró que la desaceleración del crecimiento latinoamericano se explica en gran medida por ”la recesión en Europa, resultante de desequilibrios financieros, fiscales y de competitividad, especialmente en la zona del euro, junto con la desaceleración de China y el moderado crecimiento de los Estados Unidos”. Este escenario tuvo como contracara una reducción en las ”presiones de apreciación cambiaria” (hay que recordar a Brasil advirtiendo pocos años atrás por la ”guerra de monedas”), en buena medida porque también cayeron los flujos de capital de corto plazo, que en 2010 y 2011 ingresaron con fuerza en la región en general, y en Brasil y México sobretodo.

 

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