Marco Aurelio García, uno de los hombres con más bajo perfil y a la vez más influyentes a nivel internacional de los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff, mantuvo en los últimos años fuertes lazos con la Argentina. Además, junto al propio Lula, fue uno de los fundadores del Partido de los Trabajadores (PT).
Si bien no es una cara conocida para el público común, es el ideólogo de los lineamientos generales de la política internacional del PT.
En distintos encuentros durante la última Conferencia Industrial que tuvo lugar en Cardales, provincia de Buenos Aires, se reunió en repetidas ocasiones con el ministro de Planificación Julio De Vido, uno de sus más cercanos junto al ex presidente Néstor Kirchner. De hecho, García fue uno de los que estuvo, en representación de Brasil, junto a Kirchner y Hugo Chávez en la misión en la selva colombiana, en la que participaron como garantes internacionales de la liberación de rehenes de la FARC.
”¿Tiempo Argentino? Lo leo por Internet”, dispara antes de empezar a hablar con este diario. El dato es incomprobable, pero suena creíble. Lee todos los días casi todos los periódicos de la región.

–Uno de los ejes de esta convención industrial fue la existencia de la voluntad política de las dos presidentas para implementar políticas similares en materia económica. ¿Le parece que es clave para la región?
–Ya la había antes, hubo voluntad política con Lula y Néstor, luego con Cristina y Lula, y ahora con Cristina y Dilma. Los cuatro hicieron una reflexión sobre la importancia estratégica de esa relación. Claro que si los dos gobiernos se opusieran, nosotros tendríamos dificultades. Pero no basta sólo la voluntad política de los gobernantes sino también que los partícipes de ese proceso –empresarios, trabajadores– estén de acuerdo. Creo que una de las virtudes de un encuentro como ese es establecer la interlocución entre gobernantes y empresarios y, por lo que yo pude escuchar y lo que he hablado aquí, me di cuenta que hay un buen nivel de convergencia.
–De los discursos del presidente de la UIA (José De Mendiguren) surgió la frase de que Cristina y Dilma son las presidentas que deciden por políticas contrarias a las del mundo en crisis, contrarias al ajuste de Europa, por caso. ¿Coincide?
–Políticas contracíclicas no significa que nosotros no tengamos que hacer ajustes en algunas cosas. Una de las virtudes que nosotros tratamos de mostrar es que no es incompatible un equilibrio macroeconómico, control de la inflación, cuentas en buen estado, ausencia de deuda externa, con crecimiento y distribución del ingreso.
–Pero eso no es un ajuste convencional…
–No, pero tienes que considerar ciertas reglas sobre el gasto público, en determinados momentos ponemos el freno. El comienzo del gobierno de Lula fue más difícil, más duro, y por suerte duró poco tiempo, y tuvimos que hacerlo. Lo mismo sucedió con el inicio del gobierno de Kirchner. En determinados momentos, nosotros llegamos a tener una tasa de interés muy alta, incluso cuadros de ese gobierno tenían críticas a esa tasa. Yo, por ejemplo, tenía críticas. Y luego se fue ajustando y hoy tenemos una tasa de interés civilizada. Nosotros sufrimos mucho tiempo, me refiero a nuestros países.
–¿Este sufrimiento fue un aprendizaje para intentar buscar nuevos paradigmas?
–Seguro. Y ustedes sufrieron más que nosotros porque incluso aquí en Argentina el ajuste fue suicida. Yo le tengo un respeto enorme a la Argentina, por muchas cosas, pero por una en particular: la forma en la que ustedes resistieron a la crisis del 2001 es una cosa notable. En otros países eso hubiera producido un desbarajuste social y político tremendo. Acá, en un plazo relativamente corto, se arregló. Comenzó con Duhalde e inmediatamente con Néstor, que dieron más peso y calidad a las políticas.
–Ahora, que estas condiciones económicas se mantengan y mejoren, ¿depende más de lo interno o de un mundo convulsionado por las crisis?
–Depende de muchas cosas. De la integración, del contexto externo, pero más de decisiones internas que tendrán que repercutir en la integración. Tomo el ejemplo de Brasil: nosotros teníamos un tipo de cambio sobrevalorado, resultado de una tasa de interés elevada; redujimos la tasa de interés y eso tuvo un impacto positivo en el tipo de cambio. Teníamos impuestos que creaban problemas para determinados sectores producidos y eso lo mejoramos. Tenemos una política de reducción de las presiones sobre la nómina de empresas, eso sin perjudicar a los trabajadores, bajar el costo del trabajo sin que eso se traduzca en pérdida del empleo o baja de los salarios. Lo hicimos, y ahora estamos en una gran iniciativa que es reducir el costo de la energía en 16% para los ciudadanos comunes y en 28% para las empresas, lo cual va a tener un importante impacto antiinflacionario y un shock a la actividad productiva. Pero eso a la vez está generando un enfrentamiento con empresas públicas y privadas. Por todo esto señalo que es muy importante también lo que pasa adentro.
–En los países de la región se habla y se discurre en torno al tema de la suba de los precios. ¿La inflación es uno de los grandes problemas de la región?
–No creo que lo sea. No puedo hablar de Argentina, pero en el caso de Brasil nosotros siempre tenemos la preocupación de mantener bajo control la inflación, porque sabemos que la inflación tiene una función de desorganización de la economía muy grande. Y en primer lugar perjudica a los trabajadores; y en segundo lugar perjudica la actividad económica. Pero nosotros convivimos con una inflación que este año estará por debajo del cinco por ciento. Es decir, una inflación soportable.
–En este esquema de gestión política que usted menciona, ¿qué relación deben tener los gobiernos con los gremios?
–En primer lugar, relación de independencia, relación de diálogo, de respeto. Y en casos muy particulares, que creo que son los de Argentina y Brasil, donde las fuerzas que están en el gobierno tienen en parte origen sindical y siempre mantuvieron un diálogo, como el peronismo y el PT, creo que se crean condiciones casi de un acercamiento, de un diálogo que me parece fundamental.
–Recién hablábamos de los gremios, pero la burguesía es otro de los actores centrales. ¿La brasileña muestra también señales de cierta falta de compromiso nacional?
–Los argentinos siempre dicen que tienen mucha envidia de nuestra burguesía (se ríe). Pero no hay una actitud unánime. En Brasil tenemos muchos sectores empresariales que tienen una visión de proyecto de país, y otros no tanto. Si tu quieres, allá más que acá. Siempre recuerdo un chiste de cuando era dirigente estudiantil, que en un congreso de esos muy divididos por las fuerza de izquierda, alguien estaba hablando de las alianzas con la burguesía nacional y dijo: ”Miren compañeros, la burguesía nacional, más allá de no existir, es muy débil.” Pero, de hecho, nosotros hicimos alianzas con sectores de la burguesía nacional; es más, en el gobierno de Lula, durante un tiempo, hubo una alianza con el sector financiero. Y la burguesía financiera, cuando la tasa de interés estaba alta, ganó mucha plata. La reconversión de esa burguesía financiera para actividades más productivas que especulativas es un proceso complejo. Es una de las grandes discusiones que los banqueros brasileños están teniendo hoy en día. Y son banqueros sólidos, hay que decirlo. Tienen un fuerte componente estatal que muchas veces utilizamos para hacer presión. Pero son cuestiones novedosas, y sería muy útil que esas reflexiones se volcaran sobre esas nuevas realidades.
–¿El crecimiento de Brasil como sexta economía mundial va a arrastrar a la Argentina a un período de consolidación y desarrollo que perfeccione el crecimiento de los últimos años?
–Creo que es al revés igual, si Argentina crece impulsa también a Brasil. A veces los empresarios de un sector o de otro protestan sobre las relaciones que tenemos, que hay dificultades en el comercio, pero todos tienen que darse cuenta de que Argentina es un gran mercado para Brasil, y Brasil es un gran mercado para Argentina. Así que es igual. Los dos países armamos una economía muy interdependiente.
–Cuando un ciudadano común observa las imágenes de la crisis de Europa le generan mucho impacto y le recuerdan lo pasado aquí. ¿Cómo se analiza desde el punto de vista de usted como analista profesional de temas internacionales?
–Ellos están haciendo lo que nuestros gobiernos hicieron 20 años atrás, que nos dejó de rodillas. Dilma lo dijo en la cumbre de Cádiz, no hay que hacer eso, porque están tirando por la ventana una gran conquista que fue el Estado de Bienestar, un factor de inspiración para muchos de nosotros, sobre todo para cuando los modelos de socialismo estatista de la Unión Soviética y otros países empezaran a mostrar sus límites.
–¿Esas decisiones no denotan que en algunos sectores de Europa aún tiene fuerza o gobierna el sector más concentrado de las corporaciones en lugar del poder político?
–Ese es un gran y un grave problema. Me parece que es así, por razones diplomáticas no quiero ser más concreto, pero me parece que en algunos lugares de Europa hubo casi golpes de Estado financieros. De hecho, los europeos lo están denunciando, que hay países que tienen gobiernos absolutamente tecnocráticos, que responden a la razón de las finanzas, de la banca y no a la soberanía popular. Y todo lo que no es así lo llaman populismo. Por eso dicen que en América Latina hay populismo, pero el problema es que no entienden nada sobre América Latina. Pero creo que hoy, en algunos sectores de las sociedades europeas hay conciencia de que ellos debieran mirar mejor lo que nosotros hicimos en los últimos diez años, sería una buena fuente de inspiración.

Artífice de la estrategia anti-buitres
”Tal como su nombre lo indica, los hold outs son buitres. En su momento, el canje de deuda argentino fue muy bien considerado, por lo cual el resto ha sido especulación”, explicó Marco Aurelio García a Tiempo Argentino durante la entrevista realizada en el marco de la Conferencia Industrial. Allí se estableció como el vocero de los intereses de Dilma en materia de colaboración con la Argentina en temas de deuda.
El hombre, el propalador de las ideas políticas y económicas del gobierno de Dilma Rousseff fronteras afuera de ese país, fue quien se encargó de comunicarles a los empresarios de la Unión Industrial Argentina cuál sería la posición de Brasil frente al accionar de los fondos buitre en Argentina.
Horas después, habló con la prensa brasileña y recordó que de seguirse los pasos que pretendía Griesa (todavía a esa altura no se había expedido la Cámara que declaró el stand by) ”mañana ninguna negociación será hecha con tranquilidad porque el negociador siempre se va a quedar preocupado de que un juez en Nueva York o en otra parte venga a tomar decisiones”.

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