En esta semana se produjeron dos sucesos que evidencian claramente una tesitura que desde esta columna comentamos en varias oportunidades: profundizar el modelo generará la reacción contraria de aquellos grupos de poder que ven afectados sus intereses.
No les gustan las políticas que está aplicando nuestro país. Parafraseando a la presidenta, la Argentina es un mal alumno que con su ejemplo puede generar resistencias al brutal ajuste europeo o ayudar a visualizar una salida por fuera del férreo modelo neoliberal impuesto. De allí que hay que castigar a la Argentina.

Moody’s acaba de presentar un cambio en la calificación de los bonos de la deuda soberana argentina de perspectiva estable a negativa. Los factores considerados fueron: ”nuestra expectativa de un persistente entorno de políticas desordenadas, evidenciadas entre otras por la nacionalización de YPF sin el pago de una indemnización y por diversos controles a las importaciones que han provocado un estancamiento del crecimiento económico del país”, ”crecientes preocupaciones sobre la calidad y verosimilitud de las estadísticas oficiales” y ”la falta de voluntad (o capacidad) para efectuar los ajustes fiscales necesarios”, entre otros.

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Este cambio llevó también a la misma agencia a aplicar idéntica resolución para las calificaciones de fortaleza financiera individual de 30 instituciones financieras de nuestro país. ”La perspectiva negativa incorpora los riesgos relacionados a una creciente intervención del gobierno a través de mecanismos poco favorables para la generación de ganancias (…) Dichos mecanismos incluyen la aplicación de mayores controles de cambio, la aplicación de topes a las tasas de interés de las tarjetas de crédito, regulaciones referidas al direccionamiento compulsivo del crédito(…)”. Queda claro que la crítica está referida a las políticas implementadas, y, también lo dicen expresamente, al cambio en la Carta Orgánica del BCRA. ¿Quién puede estar en desacuerdo con una limitación a las altas tasas de tarjetas de crédito, medida que existe en muchos países, o al fomento al crédito para la inversión a tasas abordables por las pymes? Sin duda, aquellos que defienden a ultranza la generación de ganancias de las grandes corporaciones.

Entre las notas reprobatorias al mal alumno se encuentra también la advertencia de la titular del FMI, Christine Lagarde, de sacarle ‘tarjeta roja’ a la Argentina, que generó una reacción firme de Cristina Fernández de Kirchner. Esa actitud deja bien en claro que somos un país soberano que toma sus decisiones respaldado por un amplio apoyo popular recientemente refrendado en las urnas. Yo me lleno de orgullo cuando escucho a la presidenta en los foros internacionales defender con esa firmeza y esa dignidad la soberanía de nuestro país, nuestra capacidad de tomar nuestras propias decisiones, sin condicionamientos, sin sometimiento y defendiendo el interés nacional.

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Estas presiones o amenazas son habituales en las declaraciones de los funcionarios del organismo, como también lo es el doble estándar de sus juicios. Lagarde se mostró recientemente preocupada por el rumbo de la economía estadounidense, donde la legislación actual implica una drástica contracción del déficit de aproximadamente un 4% del PIB el próximo año, que podría traer como consecuencia una contracción abrupta. Sin embargo, Grecia ha disminuido el déficit fiscal en un monto comparable al 5% del PIB en 2011 para cumplir con las metas de la Troika, en medio de una fuerte caída de la actividad económica, y ante esta situación el FMI expresó que deberían tomarse medidas futuras de recortes de gastos; hoy están solicitando el despido del 30% de la planta de empleados públicos.

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En el caso de España, la Troika, una de cuyas tres patas es el FMI, le exige bajar su déficit por un monto equivalente al 2.7% del PIB en 2012 y 2.5% en 2013, un esfuerzo excepcional para una economía con un desempleo del 25%.

Aquí aparece el doble estándar, ya que para el FMI el ajuste fiscal para EE UU no es conveniente, mientras que para otros países no es suficiente. Este doble estándar deja en claro cuáles son los ganadores, pero más crudamente expresa cuáles son los principales perdedores del modelo neoliberal: los pueblos de todas las naciones en los que se aplica.

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