Entre 2001 y 2011, la mayor parte de la cooperación económica china se destinó a 14 países latinoamericanos, entre los que se destacan Argentina, Brasil, Ecuador y Venezuela, como los más beneficiados de la subregión, luego de las zonas más cercana de Asia y África, donde China concentra el 80 por ciento de los fondos de ayuda, según un informe de la Universidad Nacional de Cuyo (UNC), difundido por el sitio Mercosur ABC.

El estudio explicó que como consecuencia del posicionamiento de China como segunda economía del mundo, el país adquirió ”capacidad para comprometerse en programas sustanciales de ayuda al desarrollo y para ejecutar proyectos de inversión en cualquiera de los países emergentes”, razón por la cual logró expandirse a 93 mercados en la primera década de este siglo.

Según el académico mexicano, Enrique Dussel Peters, citado por el medio electrónico, el crecimiento de la Inversión Extranjera Directa (IED) china, a nivel global, se explica por la estrategia ”go out” iniciada por el gobierno de Beijing a fines de la década del noventa, con objetivos macroeconómicos y de desarrollo productivo, priorizando la adopción de nuevas tecnologías y la obtención de materias primas y recursos energéticos.

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Para la UNC, la disponibilidad de recursos financieros y su estrategia ”go out”, derivó en el gran impulso de las políticas chinas de ayuda exterior, con énfasis en África y Asia, y de cooperación exterior, en la que destaca Latinoamérica.

El informe resaltó que la modalidad de cooperación de China ”trataría de establecer marcos de negociación comunes, una cooperación bajo acuerdo y la no imposición de condiciones unilaterales; así como equidad, con el propósito de compartir costos y beneficios”.

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Según la publicación, esta cooperación quedó graficada en el caso de Argentina en el reciente viaje de la presidenta Cristina Fernández a China, que concluyó con la firma de acuerdos estratégicos esencialmente de infraestructura y energía, inéditos en la relación bilateral, que contaron incluso con la aprobación del sector industrial, al principio reacio al impacto de las inversiones chinas en el país”.

En cambio, Brasil avanzó en mayo pasado en el Proyecto Transul, que busca articular una alianza estratégica con China, con la idea de extenderla a futuro a otros países de América del Sur y del Grupo BRICS, según el economista y catedrático brasileño, Carlos de Assis.

”China haría el outsourcing de la producción metálica y de la industria alimenticia en territorio inicialmente brasileño, y luego suramericano y de otros países BRICS”, con lo que ”Brasil piensa de esta forma retomar su proyecto de desarrollo industrial, para dejar de ser mero exportador de commodities agrícolas y minerales”, indicó.

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El proyecto encuentra algunas reticencias en la Confederación Nacional de la Industria (CNI), la mayor entidad empresaria brasileña, que viene reclamando por la lentitud en la organización del Banco BRICS y reniega de las cláusulas de trato igualitario en los acuerdos alcanzados con el gigante asiático.

Por último, el informe sostiene que el interés de China en su política de cooperación externa ”estaría puesto en la ventajas significativas que espera obtener en consumo de energía, de agua y, sobre todo, de control y hasta reversión de la polución, con garantía de provisión de insumos metálicos y de alimentos procesados mediante contratos de largo plazo, estabilizadores de las economías involucradas”.
Telam

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