De menor a mayor, de acuerdo a las medidas con la que se cronometra el tiempo, los fugados de la cárcel de General Alvear llevan más de 14.440 segundos esquivando a la policía. Son ocho días. Doscientas cuarenta horas, entonces, desde las 2 del domingo pasado, cuando escaparon de su encierro aun no se sabe cómo. El operativo de su búsqueda sumó ayer a los miembros de las fuerzas de seguridad nacionales: Gendarmería, Prefectura Naval, la Policía Federal y la Aeroporturaria. Tras 37 allanamientos, se produjeron resultados concretos. Quedaron detenidos Marcelo Mallo, jefe del grupo de barras bravas K llamado Hinchadas Unidas Argentinas (HUA), con influencia territorial en Quilmes, y vinculado a Aníbal Fernández; y también su hija, Brenda. Las autoridades tambén echaron al jefe de la Dirección Departamental de de Investigación (DDI) de Quilmes, Roberto Di Rosa, sospechado de no haber actuado como debía quizás por tener vinculaciones con algunos de los investigados por el caso.

Mallo estuvo involucrado en la causa que investigó el caso del Triple Crimen de General Rodríguez. Por esa causa fueron condenados a cadena perpetua los tres fugados de la cárcel de General Alvear, Martín y Cristian Lanatta; y Víctor Schillaci. El barra brava K conoce a los tres desde antes de que cayeran presos por esa causa, debido a relaciones comunes que se profundizaron mientras trabajaban para el PJ de Quilmes, siempre cerca de Aníbal Fernández.

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Clarín pudo saber que la casa de Mallo fue allanada ayer, por orden judicial, debido a la vieja amistad que lo une al trío de prófugos.

Los investigadores de esta nueva etapa del “caso efedrina” sospechaban que quizás podrían encontrar en ese lugar algún indicio que permitiera conocer nuevos datos sobre el probable destino de los prófugos. Las autoridades secuestraron una pistola 9 milímetros y municiones.

En la casa de su hija, Brenda, secuestraron además un revólver calibre 357 y un 38. También había allí municiones, y hasta una picana. Según fuentes oficiales del caso, ninguna de esas armas estaban declaradas ante el Estado. A lo que se sumó que ninguno de los dos Mallo pudo justificar por qué estaban en su poder.

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Los Mallo quedaron detenidos y declararán hoy.

En el resto de los operativos también se recolectaron pruebas de relevancia e incluso se habrían producido otras detenciones más relevantes para esta trama. Pero los investigadores fueron cautelosos y no dejaron trascender ningún detalle al respecto.

Para que el operativo de búsqueda de los fugados de Alvear sea exitoso, debe basarse en la confidencialidad y el secreto. De otro modo, la información que trascendiera a los medios también podría llegar a los prófugos.

Debido a esta última variable en particular, la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, determinó que se sumen al operativo que llevaba adelante la Policía Bonaerense también la Federal y la Gendarmería.

Aunque confía en el jefe de la fuerza de seguridad de la provincia, Pablo Bressi, igual que el ministro de Seguridad, Cristian Ritondo, la sospecha del oficialismo es que durante los ocho días pasados hubo cuadros intermedios de la Bonaerense que se comportaron de modo irregular.

Fue por eso, por ejemplo, que las autoridades decidieron desplazar al jefe de la DDI de Quilmes. Ocurre que detectaron que no hizo cumplir la orden de que sus hombres debían estar atentos al monitoreo de las cámaras del distrito por el que se sabe pasaron, o en el que quizás aun estén escondidos los Lanatta y Schillaci.

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De las 420 cámaras instaladas en Quilmes por las gestiones anteriores a la del actual intendente, Martiniano Molina, solo funcionan 187, que además están enfocadas en puntos sin ningún criterio profesional, admitieron fuentes involucradas en el caso.

El comisario Di Rosa, además, respondía al Director de Investigaciones de la Bonaerense, Néstor Larrauri: era justo la persona a la que Aníbal Fernández había elegido para comandar la policía de Buenos Aires si es que era Gobernador. No lo fue.

Aun mantiene, eso sí, mucha influencia en política de Quilmes. Es la zona donde el caso de la efedrina se entrelaza alrededor de sus acciones, de sus amigos, sus subordinados, algunos con pasado violento, y de su ex casa: ahora vive en Lomas de Zamora.

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