¡Al gran pueblo argentino salud!

Hoy, nos alegramos y festejamos, pero no debemos olvidar la impúdica exhibición de poder que hizo el Grupo desde el 2009 a la fecha. La discreción con que arrodillaron gobiernos democráticos en el pasado reciente, viró –junto con la repolitización de la sociedad– hacia la explicitación de los fines económicos y políticos de un grupo empresarial dedicado a los medios, aunque prescindiendo de las normas elementales de lo que solíamos conocer como ”periodismo”. Hay, ahora, un instrumento legal plenamente aplicable que otorga un plafón jurídico para alcanzar el objetivo de la democratización de la comunicación. Pero se sabe que ningún texto legal transforma la realidad por si sola. Esa es una tarea de la ciudadanía, del pueblo, de los sujetos sociales y políticos.

La LSCA le pone límites a la concentración de la propiedad e incentiva el surgimiento de nuevas voces. La disputa por la hegemonía cultural es una tarea para todos aquellos que luchan por construir una sociedad más justa. Hoy es un día que nos reconcilia con el Poder Judicial, porque hizo justicia con todos los argentinos que sufrieron el escarnio público por haber enfrentado al Grupo Clarín. Porque hizo justicia con las organizaciones sociales que estaban vedadas de expresarse, con la voz autónoma de las universidades nacionales, con los pueblos originarios, con la diversidad, con el federalismo informativo, con la producción audiovisual nacional. Hizo justicia con la democracia.

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Hoy, hace 30 años, concurríamos a las urnas tras la larga noche del terrorismo de Estado. Todos los partidos prometían terminar con el decreto de radiodifusión de la dictadura y sancionar una ley de la democracia. Debieron pasar 26 años para que un gobierno tuviera el coraje suficiente para asumir los costos de enfrentar a una corporación de un enorme poder de daño, y vaya si el de Cristina Fernández pagó costos.

Ahora, tenemos la posibilidad desconocida de vivir despojados de la mirada monopólica, de ejercer la libertad de expresión no sólo de los propietarios y los profesionales de los medios, sino de todos y todas. Y esa es una contribución a la profundización de la democracia que quizá a muchos les cueste reconocer en el fragor de la contienda, pero que sin dudas merecerá páginas destacadas cuando se escriba la historia de este tiempo al que hemos tenido la enorme fortuna de asistir y participar.

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