Al destacar ayer los logros del proceso revolucionario, anunció que dentro de un año Irán lanzará al espacio un ser vivo, de hecho algún animal, y que diez años más tarde, es decir dentro de once, hará lo propio con un ser humano, al poner en evidencia los avances de la ciencia iraní de la cual la energía nuclear es solo una parte y a la que reivindicó como un derecho soberano y recalcó que se realizan con propósitos exclusivamente pacíficos.

Hizo notar que Irán ya no es sólo productor de las nueces de pistacho para el continente europeo ni de artesanías de las mágicas alfombras persas.

Aunque siga exportando pistacho y sus tejedores continúan produciendo los renombrados tapices orientales que dieron lugar a viejas leyendas, una nueva clase de científicos ha promovido avances en campos como el de la nanotecnología.

Ahmadinejad fue el único orador durante un acto celebrado en la Plaza Azati (de la Libertad) ante una muchedumbre incuantificable que se extendía a lo largo de un largo tramo de las autopistas de acceso al lugar.

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Su discurso tuvo tres aspectos a tener en cuenta: el primero, y más extenso -a lo largo de la hora de exposición- estuvo relacionado con la fe islámica, con la absoluta convicción de la reaparición del imán Mahdi (el duodécimo imán en la cadena iniciada por Mahoma, al que se conoce como `el imán escondido` cuya muerte se niega) quien se dará a conocer oportunamente para asegurar la justicia y la felicidad al género humano.

Aunque siempre bajo una percepción islámica chiíta, el presidente iraní insistió en que el mundo marcha con seguridad y a corto plazo hacia un ecumenismo, una suerte de gobierno mundial, basado en el monoteísmo, tal vez, sin explicitarlo, basándose en la concepción del propio Mahoma vertida en el Corán, el libro sagrado de los musulmanes, según el cual los viejos profetas como Moisés y Jesús, fueron anticipadores del reino de Alá.

En el marco de esa suerte de globalización monoteísta, a la que hizo referencia una veintena de veces, lanzó sus convocatorias a los pueblos de Túnez y Egipto a profundizar el proceso de cambios ya iniciados.

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Cabe consignar que a esa hora de la mañana aún no había llegado a Irán la información sobre la renuncia del dictador egipcio Hosni Mubarak.

Fue en esa circunstancia en la que desarrolló su optimismo acerca de una pronta modificación estructural en las políticas de los países islámicos del Medio Oriente, del Cercano Oriente y del Magreb, sin influencias ”satánicas”.

Además de los avances científicos mencionados, destinó una parte de su intervención a señalar los avances logrados en materia socioeconómica a lo largo de los treinta y dos años de Revolución Islámica, en particular en lo que va de su gestión, como el 1,2 millones de viviendas construidas y reconstruidas que apuntan a resolver el problema habitacional.

También precisó que la calidad de los trabajos quedó en evidencia por la forma en que soportaron los últimos terremotos.

Luego destacó los desarrollos de rutas, las obras públicas en materia de abastecimiento de agua para los lugares que carecían de ella y la atención de los reclamos de los habitantes de las poblaciones más pequeñas.

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El tema nuclear y la posibilidad de que Irán prepare la bomba atómica no fue tema de la alocución de Ahmadinejad como esperaban los periodistas extranjeros que cubrieron el acto masivo.

Todo el contexto del evento fue de entusiasta participación popular con una multitud que enarbolaba carteles antiestadounidenses, de apoyo a la insurrección del pueblo egipcio contra el régimen de Mubarak -incluyendo la exhibición de banderas de ese país-, con los rostros de los ayatollahs Rudollah Khomeini, cabeza de la Revolución Islámica en 1979 y de su sucesor Alí Khameini y hasta uno más curioso, con franjas azules y blancas expresando la fe en el retorno de ”El imán escondido”.

Una multitud vibraba interrumpiendo al orador -que hablaba con una guía en papel en su mano izquierda como un profesor que usa un machete para dar su clase- cada vez que Ahmadinejad satanizaba a los Estados Unidos y que prometía que cualquier intento de agresión de su parte a Irán estará condenada al fracaso.

Por Fernando Del Corro para Telam

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