La grieta parece insalvable, como si se tratara de un apéndice de la sociedad. Quedó más expuesta que nunca anoche, cuando Daniel Angelici, con tono firme, dejó explícita la decisión del grupo que encabeza: “La Súper Liga se va a hacer sí o sí, le guste a quien le guste”. Fue en el desenlace de una reunión de Comité Ejecutivo cargada de tensión. Y las palabras del presidente de Boca, que sonaron amenazantes y no cayeron bien ni siquiera entre los dirigentes que comparten la idea de un campeonato a la usanza de Europa, sonaron a un ultimátum para Independiente y resto de los clubes, incluidos el Ascenso y el Interior, que se oponían al nuevo formato que funciona desde hace algunos años en España, Inglaterra, Alemania, Italia y Francia.

Aunque ahora, el debate no pasa por la realización del torneo; lo que está en discusión es la fecha en la que se tratara el certamen y su posterior aprobación. Y ese el principal punto del quiebre: River, Boca, Racing y San Lorenzo, los principales impulsores del proyecto, quieren que se le dé el visto bueno a la Súper Liga, a más tardar, el 9 de junio. Chiqui Tapia, presidente de Barracas Central y yerno de Hugo Moyano, hombre fuerte de Independiente y candidato a sentarse en el sillón de Viamonte, pretenden que se resuelva el mismo día que las elecciones, previstas para el 30 de junio. No hubo acuerdo. Y todo indica que los grandes romperán filas, avalados por el Gobierno, más allá del fantasma de la intervención (ver página 58).

Tapia fue el primero de los 36 miembros del Comité Ejecutivo en exponer su postura. “El Ascenso siempre fue solidario. Levantó la mano para aprobar el Fútbol Para Todos y lo hará con la Súper Liga. Pero queremos que sea el mismo día de las elecciones, con un nuevo presidente”, sostuvo el dirigente que representa los intereses de los clubes de las categorías menores. Entonces, Angelici tomó la palabra y apuró a todos. “Esto tiene que salir sí o sí. No nos van a dar los tiempos si lo extendemos tanto”, dijo. Y secó los trapitos de Luis Segura al sol. Puso sobre la mesa la causa que jaquea al presidente de la AFA, quien fue intimado por la AFIP por incumplimiento de retenciones tributarias entre 2013 y 2015, una acusación que también involucra al titular de Banfield, Eduardo Spinosa, y al vicepresidente de Arsenal, Miguel Silva, quienes estaban a cargo de la tesorería y la secretaría de la calle Viamonte en aquel período. Fue un elemento de presión. Y hubo un silencio cortante.

La actitud combativa de Angelici, el más activo de los dirigentes que empujan la Súper Liga, encontró una respuesta de Nicolás Russo. “Sabés perfectamente que no podés jugar nada sin la aprobación de AFA porque te vas a quedar sin la Libertadores, Tano”, disparó el mandamás de Lanús, en uno de los momentos de mayor estrés. Sin el atractivo de la clasificación a las copas internacionales, el flamante torneo no tendrá sentido. Y Conmebol no aceptará un campeonato por fuera de la órbita de la AFA.

Después de una hora y media, no hubo un puente que uniera a los espacios antagónicos. Y difícilmente haya coincidencia. Es que existe una gran desconfianza de las dos partes. Los clubes grandes saben que no cuentan con los votos para reformar el estatuto (60 sobre 75) y que el clan Moyano-Tapia reúnen más aliados, por lo que sacan una luz de ventaja de cara a los comicios del último día de junio. Por otro lado, insisten en que este esquema de la AFA no da para más: clubes endeudados y dependientes de fondos que el Estado ya no está dispuesto a bajar como dádivas. Hay empresas decididas a invertir. Y el reparto será más holgado.

Independiente, Lanús, Olimpo y Quilmes, más los clubes del Ascenso e Interior creen que, en el caso de aprobar la Súper Liga antes de las elecciones, los grandes pretenden forzar la intervención para quitarles poder de decisión.

El lunes, Rodolfo D’Onofrio -ayer no estuvo; lo hizo el vicepresidente, Matías Patanian-, Lammens y Angelici presentaron su renuncia porque el Ascenso no dio quórum. Pero dieron marcha atrás con la esperanza de llegar a un acuerdo.

“No hay que hablar ni de vencedores ni vencidos, sino de quién tiene los votos. Los votos no son de nadie, son de las instituciones o de los dirigentes, pero me parece que el camino es éste, el de hablar y debatir. No nos oponemos a la Liga. Hay que buscar lo mejor para el fútbol argentino”, dijo Tapia a la salida del predio de Ezeiza. Tuvo un discurso conciliador, más allá de su posición inflexible.

En tanto, su suegro no estuvo en la escena. Lo representó Carlos Montagna, vice de Independiente. Hugo estaba, a esa hora, en la cena benéfica que organizaron los Rojos de Avellaneda. Tampoco estuvo Marcelo Tinelli. El conductor, que ya avisó que se presentará en las elecciones, es un firme candidato para presidir la Súper Liga. Muchos observan con buenos ojos su capacidad para generar ingresos a través del marketing. Pero esta discusión llegará después. Primero, hay que componer este fútbol rajado, menuda tarea.

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