A dos meses que el cianuro corre en las venas de Jáchal

El 12 de septiembre el agua de Jáchal se tiñó de amarillo. El veneno comenzó a fluir por todos los lugares, el olor a almendra parecía estar en la nariz de todo el norte de San Juan. La cosa es que un puñado de personas en el mismo instante que recibieron un mensaje llegaron a la plaza del pueblo jachallero a compartir la pena de que su agua, aquella que baja desde la cordillera estaba sufriendo.

Sufría un maltrato. Sufría un destrato. Sufría de todo. Porque el humano o parte de él la está matando. El agua llora lágrimas de ella misma, igual que muchos jachalleros. Ellos son la otra parte de los humanos. Los que cuidan la vida. Por eso están movilizados desde hace sesenta y pico de días.

No duermen, o mejor dicho lo hacen pero fuera de sus casas. Su hogar ahora es una carpa que es mantenida por miles de corazones jachalleros e iglesianos. Un especie de fortín que resiste hasta las agresivas caricias de lluvia y granizo de la Pachamama. Es un espacio físico, pero también lleno de energía que brillan como el oro que tanto quiere Barrick Gold. Con la diferencia que a ellos, a los que defienden la vida, la empresa no los puede explotar.

En dos largos meses pasó de todo y nada bueno. Hechos graves para la vida de un pueblo que quiere y debe salir adelante. Seguramente lo hará con la unión federal de todo el territorio jachallero. Así debería ser. Todos los distritos unidos en defensa de lo propio.

A veces parece que Barrick le quitó la identidad a Jáchal. Es como que hablar de megaminería, luego de la contaminación que ellos provocaron, es una mala palabra. Todavía hay silencio en algunos sectores de la cuna de Buenaventura Luna. Sobre todo la clase media o parte de ella. Porque también la lucha contra Barrick es una pelea clasista.

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Un sector grande de la clase media de Jáchal está involucrado en la defensa de los bienes comunes y los recursos naturales. También en esa defensa están los chacareros más humildes del departamento. Esos sembradores, agricultores, changarines de la tierra saben que ahora les costará el doble vender sus productos. Por eso están movilizados y en discusión permanente. Pero hay otros que no.  

Así como están los que más tienen, mezclados con los que no tienen tanto, están los que poseen mucho y no se vinculan por nada. Como si el agua que sus hijos toman no está contaminada. Como si el hospital dónde se atiende no está precarizado. Como si la iglesia dónde desean rezar no está cerrada. Como se la vida de sus propios vecinos no les importará. Ellos son, tal vez, la muestra de los que es Barrick Gold, después de la contaminación, claro está.

Pero los indiferentes y los inmunes al veneno tampoco tienen la culpa. Están cooptados por un discurso de un gobierno que gobierna San Juan hace más de una década. También están paralizados por una especie de indiferencia extraña. Pero no son los únicos. También otros sectores, pongámosle más carenciados que hacen oídos sordos a las asambleas constantes en Jáchal.

A las indiferencias se los gana hablando. Abriendo el dialogo y mostrando que Jáchal está más que contaminado. Está pasando por una crisis social y cultural muy grave. Eso no es poca cosa. Porque la cultura de un pueblo traza a todos sus habitantes, sin importar de que familia provengan.

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Todos aman ir a la popular fiesta de la tradición que se hace en este mes. A todos les gusta ser bendecidos por su santo patrono San José. A todos les gusta dar vuelta en la plaza departamental ya sea caminando, en bicicleta o en auto. Todos cantan Vallecito, el poema de Luna. Todo al fin y al cabo se hermana, se comparte y se petrifica en el inconsciente colectivo. Eso también es Jáchal. Entonces volvemos al principio: a todos el agua con cianuro nos afecta.

¿Cómo se podrá unificar un objetivo?: Pues sintiendo: el de al lado es la vida, el vecino es la conciencia, el amigo es la musa del agua pura y la Barrick el enemigo.

Dos meses pasan volando. Pero el veneno está alojado en la tierra y las montañas. Ya no se espera nada de un slogan que dice “minería responsable”, depende de los cientos y miles de jachalleros que están al pie de las calles exigiendo la retirada de la empresa.

La unión es la más importante a prevalecer. Ya resistieron mentiras del giojismo, falacias de la empresa, vericuetos judiciales y represión a la asamblea. Aguantaron todo. No les queda más por padecer. Eso demuestra, aunque no lo parezca, que la hermandad jachallera sigue intacta. Eso significa que tanto para Barrick y sus voceros será prácticamente imposible vencerlos.

Peter Munk, el dueño de Barrick Gold se refirió en una entrevista a los pueblos dónde se instala su empresa que “el cambio significa que algunos no se adaptaran”. Es evidente. Nadie se adaptó. Solo están contaminados. Por eso muchos sanjuaninos quieren a la multinacional canadiense fuera de sus montañas. Que son las de todos.

Escribe: Marcelo Castro Fonzalida

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