Difícilmente se repita una confluencia de factores tan estresantes como los registrados durante el segundo trimestre del año que se termina. Crisis europea, sequía, estancamiento en Brasil, recrudecimiento de los controles a las importaciones, cepo al dólar, contracción de la industria y parálisis de la construcción, demoras en el cierre de paritarias por presión moderadora del gobierno, estatización parcial del YPF y poca y deficiente comunicación oficial. La ”tormenta perfecta” dejó un piso a partir del cual la economía está ganando tono.
2013 tendrá una incidencia clave en el ciclo político. Destacamos cuatro factores: las elecciones de medio término, el armado político de la oposición, la sucesión presidencial y la fragmentación sindical. El formato de la economía 2013 está configurado por la elección legislativa de octubre, en la que el gobierno juega gran parte de su capital político y la chance de mantenerse en el poder, bajo algún esquema, hasta 2019.
El gobierno mantendrá la lógica de expansión de la demanda. El consumo, y en menor medida el gasto público, serán los principales drivers de la actividad. El PBI crecerá alrededor de 2% este año y en torno de 4% en 2013. Si bien el arrastre estadístico de crecimiento que dejará 2012 será bajo, el dato relevante es que el piso de comparación para el cálculo del aumento del PBI también lo es. De hecho, el segundo trimestre del año próximo debería exhibir, sin demasiadas complicaciones, un crecimiento superior al 5%.
En relación a las medidas adoptadas en 2012, no se relajarán las restricciones cambiarias ni habrá políticas de shock de corto plazo, por lo que la dinámica girará en torno de la evolución de las expectativas y de las políticas de ingresos. Habrá más liquidez en pesos que no podrá dolarizarse en el mercado formal. Pero también más competencia por el financiamiento por parte de las empresas, que puede terminar presionado al alza las tasas de interés.
Observamos que, pese al incentivo electoral, en 2013 el gobierno mantendrá razonablemente acotada la restricción fiscal, evitando desbordes de gasto financiados con emisión excesiva. El aporte de la mejor cosecha esperada (superará los 100 millones de toneladas, récord histórico) mejorará la caja fiscal en pesos.
La inflación se mantendrá relativamente elevada ya que los factores que la impulsan (expectativas, inercia, cuellos de botella sectoriales, baja inversión y financiamiento fiscal con emisión) siguen activos. La apuesta oficial al pacto social puede contribuir a reducir la nominalidad de la economía, pero habrá que ver cómo avanza su instrumentación.
Si bien los acuerdos salariales se ubicaron en torno de 24% en promedio este año (en línea con la inflación), no creemos que esta situación se pueda repetir el año próximo. En 2013 los salarios formales subirían al menos dos puntos porcentuales por encima de la inflación. También descontamos que el gobierno utilizará el aumento del mínimo no imponible de ganancias como una herramienta efectiva al momento de acercar las posiciones entre las empresas y los sindicatos.
Esperamos que se mantenga el ritmo de suba del tipo de cambio oficial, en torno de 17/18% anual. De esta forma, el dólar oficial finalizaría 2013 en torno de $ 5,8.
El contexto internacional no tiene, ni tendrá, buena salud, pero tampoco limitará la capacidad de retomar velocidad de crecimiento a la economía argentina. Brasil y China mejoran sus perspectivas y los precios internacionales siguen en niveles elevados en términos históricos.

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