UNA

 

De todas las palabras que conozco, cualquiera podría servir en el mercado de las cosas útiles.

Pero el problema es que las palabras no funcionan con la especulación financiera.

Las palabras no se pueden sumar.

Simplemente por una cuestión proporcional.

Hay palabras esenciales, eternas, huecas, esbeltas.

También hay quienes encuentran palabras fáciles.

Palabras que hacen ruido aunque las use el pensamiento.

Hay palabras que siguen un orden determinado.

Algunas son para los inicios, otras se amontonan al medio y unas pocas son el remate, son el final.

Hay palabras muy sonoras, pero como contrapartida, hay palabras que se nutren del silencio.

Hay palabras de cierto tipo.

Hay tipos de palabra.

Definitivamente hay quienes no valen ni la palabra empeñada.

Amé a una mujer por las palabras y son más les que me abandonaron por no decir la palabra adecuada.

La palabra sincera me valió unos besos pero las palabras más sentidas fueron para dejar.

Final de amores contrariados.

Las hay confesas, las hay esclarecedoras.

Hay palabras notables y hay palabras salvadoras.

Algunas te dan su mano.

Otras no te dejan tocarlas.

Cuando yo era pibe, había palabras inventadas a montones.

En estos tiempos, no hay tanto tiempo para imaginar nuevos inventos.

Hay palabras con cuerpo,

hay palabras etéreas,

hay palabras fatales,

palabras de muerte.

Sentimentales, reveladoras, ásperas, intrincadas, lacónicas, divinas.

Hay palabras de verano, palabras ingenuas, profundas, violentas, bifrontes.

Hay palabras que se dicen con la lengua y palabras que salen del estómago.

Palabras despiertas, palabras de fantasía.

Masculinas, buenas, malas, justas, inservibles, difíciles, inútiles, fieles, seguidoras, estúpidas.

Palabras que hablan.

Palabras para callar.

Palabras finales.

 

 

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