La Beba que era una mujer directa y sin ninguna especulación, le contestó inmediatamente la verdad: “sí, sos mamífero, como todos, como tus hemanos, como todas las personas”. En ese momento, no supimos bien qué idea se había formado mi pequeño hermano sobre las diferencias o similitudes entre los animales y las personas, pero lo cierto es que lloró sin consuelo varios días sin parar. Desde ese episodio es que cada vez que alguno lo quería molestar o hacer enojar, bastaba con decirle “mamífero” y se lograba de inmediato el efecto deseado.

Mi hermano era mamífero a puro tetazo y a lágrima viva.

Hoy en día yo sigo pensando que se entusiasma con las tetas, como muchos que yo conozco.

Andan por todos lados: en las publicidades en las fotos, en el cine, en los diarios, en revistas, en internet, en la TV. Las chicas pulposas lucen sus atributos cotidianamente, con escotes, con remeras, mostrando la tirita del corpiño, sin ocultar los adornos de esa prenda, tan íntima como lujuriosa. Tan especial como cotidiana.

En mi barrio había una vecina que colgaba la ropa recién lavada del alambre más alto para que le diera el sol. Pero yo sospecho que era para dar envidia a todas en el vecindario ya que se podía apreciar de lejos la calidad y el tamaño de la prenda en cuestión.

En el arte, se ha mostrado de todas las formas posibles: tetas desnudas, blancas, ocultas, llenas, turgentes, grandes, leves, expansivas, brillantes, traslúcidas, etéreas, livianas, blandas, bellas, transpiradas, deseadas. En la época del oscurantismo las mujeres aparecían tapadas hasta el cuello. Pero los artistas se las ingeniaban para que la sugerencia no fuera tan disimulada. Siempre en el arte, con la figura femenina, las tetas ocupaban un lugar importante. Desde las cuevas de la edad de piedra, hasta el Picasso de la sístesis de sus dibujos de pocos trazos. Desde el documento de época hasta las líneas de los dibujos de Miguel Rep, cuando la madre de Setiembre y Luis le daba de mamar a los chicos en los cuadritos de historieta.

Desde el inicio de la humanidad y, será así hasta el fín de la historia, las tetas tendrán más defensores que perseguidores. Por el simple motivo que son el primer alimento de cada humano en este mundo.

Hace unos días, mi colega Horacio Cecchi, publicó una nota en Página/12 que tuvo una repercusión como pocas veces. Horacio informó que Coni Santos y su bebé de 9 meses fueron maltratados por policías de San Isidro cuando la joven lo amamantaba en una plaza pública. Las policías dijeron que “estaba prohibido” y que no podía dar de mamar en un lugar público. Coni Santos intentó radicar la denuncia pero nadie le quería tomar su declaración. Después de la publicación en el diario se armó un espontáneo “tsunami lácteo”.

Miles de mujeres pusieron el grito en el cielo, y las tetas al viento.

El sábado proximo en varias plazas públicas del país, las madres que amamantan a sus hijos serán las protagonistas de su propia historia y le recordarán a todos de donde viene la primer comida, el primer sabor, el primer acto de cariño.

Hay en las redes sociales, en los medios de comunicación y en las casas de todos los barrios de este país, comentarios cotidianos sobre el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos, sobre su intimidad, para que no sean objeto de golpes, ni de violencia de energúmenos machistas inadaptados, sordos, ciegos e incapaces de sentir afecto por las que dan vida y dan alimento y crian y hacen crecer a toda la humanidad.

La proclama del sábado es un gran tetazo de mujeres en rol de madres junto a sus bebés alimentando, amamantando en público, porque de eso se trata esta acción de protesta y reivindicación. Tetas en las plazas, en los lugares públicos, en la peatonal, en cada barrio de este país. Tetas amamantando. Tetas.

Miércoles, 20 de Julio de 2016

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