Por Walter Goobar para Miradas al Sur

La narrativa y la retórica tienen el tono bizarro y maniqueo de una novela de Tom Clancy cuyo escenario es el paralelo 38, la frontera entre las dos Coreas que siempre ha estado más cerca y más lejos de la guerra. La escena se repite cada tanto: Corea del Norte amenaza con la guerra, prepara sus fuerzas armadas, emite una serie de declaraciones cada vez más siniestras y categóricas acerca de sus intenciones.

Incluso corta una de las líneas telefónicas cruciales entre las dos Coreas. Está enviando todas las señales posibles que emitiría cualquier país antes de desatar un Apocalipsis nuclear. La única salvedad es que Corea del Norte ya ha realizado la mayor parte de estas cosas antes, incluyendo el corte de la línea telefónica. Entonces, resulta particularmente difícil evaluar la diferencia entre la amenaza vacía y la ambición real y seria de iniciar una guerra a gran escala? No hay manera de saber a ciencia cierta a corto plazo lo que hay en la mente de Kim Jong-un, que en estos días inspecciona, pistola en mano, instalaciones del Ejército Popular de Corea.

En su habitual tono belicista, los medios norcoreanos publicaron que su líder Kim Jong-un ordenó tener preparados sus misiles para atacar en ”cualquier momento” intereses de Estados Unidos y Corea del Sur.

En su nuevo anuncio, Corea del Norte aseguró que ”la situación en la cual no hay ni guerra ni paz en la península de Corea ha terminado”.

Las dos Coreas han permanecido técnicamente en guerra desde el final del conflicto que las enfrentó entre 1950-1953 y que concluyó con un alto el fuego, tras el cual se firmó un armisticio y acuerdos de no agresión.

El comunicado advirtió además de un ”combate a gran escala” más allá de la región si Corea del Sur y EE.UU. continúan con sus actividades militares en la zona desmilitarizada entre las dos Coreas.

Lejos de sembrar el pánico, las graves aunque hasta hoy vacías amenazas norcoreanas han elevado la curiosidad en el lado sur de la fortificada frontera del paralelo 38, donde cada vez más turistas se aventuran para fotografiarse entre puestos militares y tiendas de souvenirs. Paradójicamente, esa fronteraa, que es la más militarizada del mundo, lleva el nombre de Zona Desmilitarizada (DMZ).

La franja terrestre de cuatro kilómetros de largo y 250 de ancho que separa a las Coreas desde la guerra de 1950-53 ha pasado a ser foco de atención mundial después de tres semanas de amenazas del gobierno encabezado por Kim Jong-un, que volvió a situar a Corea del Sur y Estados Unidos en el punto de mira de sus misiles.

El poderoso e impredecible Ejército Popular norcoreano cuenta con 1,1 millón de efectivos por sólo 640.000 del Sur.

Corea del Norte también supera en número de tanques, submarinos y misiles a su vecino del Sur, cuyas garantías de seguridad descansan en un armamento más moderno y, sobre todo, en el respaldo incondicional de Estados Unidos.

Seúl y Washington llevan a cabo desde el pasado día 1º el ejercicio militar Foal Eagle, de dos meses de duración, que se ha convertido en uno de los blancos de la retórica belicista del Norte al considerarlo ”un ensayo de invasión” a su territorio.

Estados Unidos mantiene unos 28.500 efectivos militares en Corea del Sur, a quien se compromete a defender ante un hipotético ataque del Norte como herencia de la Guerra de Corea.

En ese sentido, Washington ha admitido que dos bombarderos B-2 volaron desde una base en Missouri y dejaron caer el jueves munición ficticia sobre una cadena de islas surcoreanas deshabitadas, antes de regresar a Estados Unidos. Los B-2 han sido utilizados en maniobras militares en el pasado, incluido en 2000 en Corea del Sur, pero esta es la primera vez que hacen un vuelo de ida y vuelta a la península coreana y arrojan bombas inertes, lo que Pyongyang considera un ensayo de invasión.

El líder norcoreano, Kim Jong-un, celebró en la madrugada del viernes ”una reunión de urgencia” con altos generales y dijo que ”en vista de la situación, ha llegado el momento de saldar cuentas con los imperialistas de Estados Unidos”. Acto seguido, dio orden a las unidades de misiles de que se colocaran en posición de espera para atacar las bases de Estados Unidos en Corea del Sur y el Pacífico, como respuesta al vuelo el jueves de bombarderos furtivos B-2 estadounidenses sobre Corea del Sur en el marco de las maniobras.

Las crecientes amenazas de Corea del Norte responden, según expertos, a la doble estrategia del líder norcoreano, Kim Jong-un, de reafirmar el control interno y elevar su poder de negociación en el exterior.

La declaración oficial de ”estado de guerra” con Corea del Sur se suma a una prolongada serie de amenazas casi diarias que han disparado la tensión en la península coreana desde que la ONU anunciara este mes nuevas sanciones económicas y comerciales al país comunista por su último ensayo nuclear. A diferencia de otras ocasiones, esta vez el régimen de Kim Jong-un ha mantenido hasta tres semanas su elevada retórica belicista, un hecho que, según expertos, no implica necesariamente una mayor posibilidad de que cumpla su amenaza, sino que responde, más bien, a una elaborada estrategia política de doble vía.

”El principal objetivo de las amenazas norcoreanas es interno y consiste en fortalecer el control de la población y del Ejército”, explica a EFE el investigador Chang Yong-seok, del Instituto de Estudios para la Paz y la Unificación de la prestigiosa Universidad Nacional de Seúl. Chang cree que, al elevar la tensión mediante continuas advertencias de guerra inminente, el régimen es capaz de generar unidad interna contra Corea del Sur y EE.UU., países a los que estos días acusa de plantear una grave ”amenaza” a su seguridad.

Por su parte, el veterano analista político Shim Jae-hoon recuerda que ”la economía norcoreana ha empeorado” por el deterioro de sus lazos comerciales con el exterior, lo que ha llevado a Kim Jong-un a adoptar la ”posición defensiva” de arengar a su pueblo para cubrir su incapacidad de alimentarlo.

En segundo lugar, Corea del Norte utiliza el poder y la repercusión de sus amenazas para ”presionar a EE.UU. y Corea del Sur con el objetivo de que se sienten a negociar”, asegura.

En ocasiones anteriores, recuerda el especialista, se han alternado episodios de enfrentamiento y distensión, y el régimen ha logrado importantes concesiones de sus supuestos ”enemigos” en forma de ayuda humanitaria y otros tipos de asistencia, como materiales de construcción o energía.

Sin embargo, otros analistas opinan que el verdadero origen de la tensión no es Pyongyang. ”Yo no creo que Corea del Norte pueda atacar los Estados Unidos. Creo que es una pulseada en la que ambos países saben que no puede ocurrir”, opina Xavier Boltaina, profesor del centro de investigaciones coreanas de la Universidad Complutense de Madrid.

La verdadera razón de la tensión es que el futuro del siglo XXI pasa por Asia, y EE.UU. no quiere ceder su protagonismo en la zona, cree Boltaina. ”En el fondo, mi opinión es que es una pugna entre dos grandes potencias que son China y EE.UU. Yo creo que los coreanos son más bien actores secundarios”, sostiene.

Aunque no se descartan escaramuzas, la situación podría descontrolarse, porque está deslizándose hacia una espiral que inexorablemente terminará en un círculo vicioso.

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