”Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree”. (La Biblia)

No te avergüences de hablar de las “buenas noticias”, traducción de “evangelio”.

La vergüenza deja sin efecto a parte de nuestra persona, nos imposibilita para accionar sobre nuestras convicciones o definiciones de vida.

Podríamos definir a la vergüenza como “la turbación producida por el miedo a cometer ante los demás una falta o a hacer algo que uno mismo considera ridículo o humillante, por ejemplo: ”sentí mucha vergüenza al pensar que todo el mundo me estaba mirando.” Eso es timidez.

Están los que afirman que el desarrollo de la vergüenza empieza dentro de los dos primeros años de vida en la comunicación verbal y no verbal. El énfasis de esta teoría se ubica en las frustraciones del niño al luchar por su independencia y por la atención positiva de sus padres.

La mayoría de nosotros poseemos alguna experiencia de vergüenza en nuestro pasado que no nos agrada compartirla con los demás. La vergüenza ha sido descrita como “la emoción secreta” o la “emoción escondida”.

Cuando siento vergüenza, generalmente también me siento avergonzado de sentir vergüenza, de modo que no estoy dispuesto a hablar al respecto, y sabemos que el silencio sobre aquellas cosas que nos inhiben o nos hacen mal son los primeros pasos para la enfermedad en varios órdenes.

La vergüenza puede generarse cuando alguien nos envía, por ejemplo, reiteradamente el mensaje de “eres malo”, “eres tonto”, “no puedes”, sin decirnos exactamente qué es lo que no le gustó y generalmente sin darnos una idea clara de qué podríamos hacer en lugar de ello, o cómo hacerlo. Si ésto se produce en los años de infancia y adolescencia, tendremos claros efectos paralizantes en los posteriores años.

Es asi que vemos en las empresas o instituciones excelentes colaboradores, responsables, etc. y sobre los que no podemos pedirles un “paso más”. Están “lisiados” emocionalmente. ¿Sugerencia? Trabaja específicamente con ellos, potencialos, habla de sus traumas, y por sobre todo…

“Capacita a tu gente”

Existen diferentes estilos de liderazgo, y es difícil establecer la supremacía conceptual de uno sobre otros. En efecto, el análisis del estilo de liderazgo requiere la consideración de otros factores, tales como la importancia de la decisión, la relevancia del compromiso, la probabilidad de éxito de la decisión, la experiencia del líder y del grupo, el apoyo del grupo para el logro de los objetivos y las competencias del equipo.

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