Se puede exigir y se puede ser coherente (por Emilio Vera Da Souza)

Sobre todo en algunos medios y en varias redes.
Luego de leer y escuchar diversas opiniones no deja de sorprenderme la habilidad de una mayoría para no hacerse cargo de su propia condición e inclusive reclaman y exigen a funcionarios y “responsables” como actitud de coherencia lo que ellos mismos no son capaces de decir ni de hacer. 
Me refiero a los artistas y a sus defensores, familiares y amigos. Específicamente en estos momentos, a los artistas y trabajadores involucrados en la fiesta de la vendimia.
Sacando de lado el hecho real de la peligrosidad de actuar en las condiciones en las que se hace, bastante peligrosas, de acuerdo a los resultados comprobables, la búsqueda de responsables es una tarea ciclópea, simplemente porque los responsables no se asumen como tales.
El otro tema, que es el que me llama más la atención es que muchos piden a gritos la suspensión de la fiesta con variables argumentos, pero eso es lo que piden sin mostrar ni la más mínima coherencia que le exigen a los otros.
Si piensan que la fiesta no debe hacerse ¿porqué continúan trabajando para que se haga?
Es más, algunos denostan la fiesta, previo a la caída de la grúa y las luces e inclusive otros lo dicen previo a la tormenta que puso en peligro a artistas y asistentes presentes.
Me hacen acordar a periodistas y locutores que se llenan la boca de adjetivos adversos a los premios Martín Fierro mientras no son elegidos y agradecen prontamente a los del amañado jurado si les dieron el Fierro. 
O a los artistas que se quejan de que la cultura oficial es arbitraria y excluyente, hasta que son convocados o que su proyecto es aprobado con financiamiento. 
Me parece que lo mejor es un poco de reflexión y plantearse seriamente si están dispuestos a correr riesgos y hacer la actuación en defensa del viejo enunciado de “pase lo que pase el espectáculo debe continuar” o si quieren defender su postura de artistas que defienden el conjunto y asumir que la decisión de la continuidad la deben tomar independientemente de lo que digan o resuelvan las autoridades a cargo, en todos los niveles y de que los responsables de la organización se hagan cargo de su mala gestión sobre todo con la seguridad de las personas. Porque si alguno aun no se da cuenta, los artistas, pro fiesta o anti fiesta, agremiados o no, de cualquier disciplina o género, de todas las edades, con más o menos trayectoria, con diplomas o en los semáforos, rockeros o sinfónicos, hombres o mujeres, también son personas.

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