Por: Emilio Vera Da Souza (everadasouza@gmail.com)

Rosado

Hace un tiempo, en los inicios de la discusión sobre políticas de género, abortos terapéuticos, violaciones de menores y de niñas discapacitadas, cuando aún era ministro de salud Ginés González García, se atrevió a decir públicamente, en otras palabras, que “si los hombres fueran los que se embarazan el aborto no sería penado”.

Parafraseando al actual embajador argentino en Chile, y sin su permiso, podríamos decir que “si los hombres murieran de cáncer de cuello uterino y de cáncer de mamas, el PAP y las mamografías se harían hasta en las paradas de los micros”. Exagero yo, antes que termine octubre.

La doctora Yoli, de la Fundación Femenina (de calle San Lorenzo 524 de Ciudad de Mendoza, teléfono 4235079, que atiende de lunes a viernes de 16 a 19), me lo dice cada vez que la encuentro: “El cáncer de mama sigue siendo la principal causa de muerte, evitable, entre las mujeres”. Y mientras comenta sobre su trabajo preventivo, dice, siempre con mucho énfasis, cuáles son las medidas de prevención, y menciona algunas estadísticas locales y nacionales.

Según cuenta la doctora, se estima que en la Argentina una de cada ocho mujeres puede ser afectada por la enfermedad. Pero para tranquilidad de ellas –y de algunos de los hombres a quienes por distintos motivos nos interesan estos temas– 9 de cada 10 argentinas diagnosticadas en forma temprana lograron curar su enfermedad.

Si usted vio a hombres y mujeres, llevar una cintita rosada prendida a la altura del corazón, es la manera en que las personas que trabajan en la prevención de estas enfermedades mortales nos hacen recordar que podemos prevenirlas, como parte de una campaña acordada en todo el mundo.

Ese estudio tan poco tenido en cuenta por los más hombres, llamado “mamografía”, es la manera, junto con un autoexamen (fácil de aprender en los consultorios médicos), de prevenir esta enfermedad, que, reitero, y como dice la doctora Yoli, descubierta a tiempo es perfectamente tratable y curable en casi todos los casos.

Todas, absolutamente todas, las mujeres deben realizarse esa mamografía una vez al año a partir de los 40 años, y un chequeo médico anual de mamas a partir de los 30 años. El autoexamen debe hacerse una vez al mes por lo menos.

Cada día en toda Latinoamérica mueren más mujeres de cáncer de mamas que en accidentes de tránsito. Sin embargo, nos alarmamos cada vez que vemos un choque, pero ni nos enteramos cuando a una familiar le diagnostican esa evitable enfermedad.

Si no hay especialistas en el centro de salud más cerca de su barrio, se puede pedir a las atentas enfermeras o a quienes atienden en esos lugares, que les indiquen adónde concurrir. Hay varios lugares de atención gratuita sólo hay que buscar en donde están.

Yo desconozco cuántas mujeres se han atendido, pero si la estadística indica que pueden resolver 9 de cada 10 casos, vale la pena cuidarse.

Los varones que no tengan que hacerse ese estudio (aunque debieran ser valientes como las mujeres y hacerse otros estudios, pero suelen arrugar y hacerse los machitos) pueden colaborar insistiendo a sus madres, hermanas, tías, novias, hijas, esposas, y, por qué no, compañeras de trabajo y vecinas, para que se hagan una mamografía. En todo el mundo, se recuerda mediante campañas la necesidad de cuidarse; inclusive grandes empresas colaboran apoyando la difusión y los beneficios de una detección temprana, sobre tratamientos y cuidados médicos posibles.

 

Hasta la próxima.

 

 

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