Retrato de un Colega

Sus dos décadas de hacer el programa más escuchado e influyente de España le han impreso carácter.

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Se levantaba a las 4, pero los primeros 25 minutos despierto los dedicaba a leer un libro, sobre cualquier cosa que no tuviera que ver con el trabajo del día.

Recién después empezaba a preparar el programa que iba de las 6 hasta pasado el mediodía, con dos horas de noticias duras del día y el resto dedicado a entrevistas y tertulias sobre distintos temas.

Iñaki tiene más de 66 años y acompañó desde el micrófono la transición de la dictadura franquista a las formas democráticas de convivencia.

Dice:
En Europa sabemos que en el combate entre los mercantilistas y los idealistas han ganado los malos, pero los jóvenes te hacen pensar que tal vez la batalla no terminó.

Un programa de radio es vivir en tiempo presente la realidad del misterio de un día que no se va a repetir, porque el amanecer de hoy es el último y nadie conoce la importancia de aquello que está viviendo. Aristóteles no sabía que nació en el año 382 antes de Cristo. Nadie dijo me voy a la guerra de los cien años. En La cartuja de Parma de Stendhal el protagonista está en un campo de batalla con los pies embarrados entre cadáveres, pero no sabe qué es la batalla de Waterloo ni su resultado.

Los mejores compañeros son el reloj y la duda.

Cada periodista tiene su ideología, pero sus puntos de vista deben ser elásticos.

Hay noticias que provocan estupor a los oyentes.

Yo comparto su estupor pero lo pongo en una perspectiva distinta.

Mis referencias son estables, el derecho, la justicia, pero mi compañero es la duda.

Digo lo que sabemos, lo que creemos y lo que nos gustaría.

Y cuando no sé, digo que no sé.

A veces comienzo el programa con una idea y durante su transcurso la modifico.

Me pregunto si estamos en condiciones de relatar la complejidad y cómo se acomoda nuestro trabajo a la nueva vida de la sociedad.

Cuando los medios buscan un rápido culpable o un rápido vencedor están a cinco segundos de la propaganda, el spot o la publicidad.

A diferencia del periodismo escrito en la radio no hay tercer tiempo, para escuchar la grabación y desechar esos primeros veinte minutos que no sirven, sino la palpitación en tiempo real.

Siempre hay que recordar al destinatario.

El sujeto, el predicado y el verbo tenían un orden antes de que yo naciera y no pienso acabar con él.

No tengo amigos políticos y trato de mantenerme a la distancia justa, porque cada metro de acercamiento a una fuente te hace perder un kilómetro de independencia.

Quieras o no se produce un compromiso afectivo con la fuente, y nosotros trabajamos para la audiencia.

Este tiempo de polarización es peligroso.

Un alambrado puede trazarlo uno solo, pero divide a todos.

Testimonio de una charla transcripto por Horacio Verbitsky.

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