Renacer o atomizarse

 

Se considera que es uno de los gremios que más ha crecido. Es el Centro de Empleados de Comercio. Lo fuerte de su expresión no sólo tiene que ver con el hecho de que haya más trabajadores y más participación sindical que antes, sino también con el liderazgo de su principal referente, el diputado nacional por el Frente para la Victoria Guillermo Pereyra. Hoy por hoy, Pereyra representa un cimbronazo en la dirigencia peronista formalmente abroquelada en la CGT, luego de hacer públicas sus diferencias con la política del gobernador Celso Jaque.

Pereyra, de entrada, aclara que no irá por su reelección, lo cual no significa resignar el espacio ganado en el terreno político.

 

–¿Cuál es el panorama de la división gremial hoy?

–Yo diría que hay dos CGT, pero tres grupos de trabajadores nucleados en función de distintos intereses políticos. Por un lado está la CGT que lidera Rodolfo Calcagni con un par de gremios que lo siguen, yo digo que es la que formó oficialmente Mario Adaro (ex ministro de Celso Jaque, recién nombrado juez de la Suprema Corte de Justicia) para llevársela de aliada al gobernador. Por otro lado está la CGT de Jorge Córdova, con otros gremios importantes como gastronómicos, construcción, y trabajadores vitivinícolas, que desde el inicio ha sido crítica de la gestión provincial, y en tercer lugar estamos nosotros más otros gremios como el de petroleros que lidera el diputado nacional Dante González.

 

–¿Cuál es el desafío de su sector, políticamente hablando?

–Yo creo que el desafío es ponernos a consideración de la gente. Si resulta que ser sindicalista significa dirigir a la gente, darle soluciones y preocuparse por ello, si se practica bien, la gente lo va a reconocer y eso puede llevarse al terreno político, a los barrios, a las universidades, a las uniones vecinales y a los clubes de fútbol. Ahora bien, el sindicalismo necesita saber para qué va a la política, no es ir a ocupar un cargo o ir a pelear en una discusión partidaria para que le den tal o cual cargo. Además la sociedad nos exige que seamos transparentes, que digamos, como en nuestro caso, para qué vamos a la política. Lo nuestro fue por necesidad. Después de levantar esta organización que estaba quebrada, nos encontramos con que estábamos dando muchos beneficios de salud, educación, capacitación, recreación y turismo, pero eso, que es mucho, tiene lamentablemente un techo. Como gremio por ejemplo carecemos de poder de fiscalización laboral. Yo como secretario general puedo ir un establecimiento comercial pero no puedo exigirle al empresario que haga lugar a un reclamo o me dé información, a menos que actúe un inspector de la Subsecretaría de Trabajo, quien tiene el poder de policía. Esta situación es un problema desde el momento que toda inspección laboral depende de la política. Y es por eso que vamos al terreno político, a hacer valer esto de que los trabajadores formamos parte de una sociedad donde hay problemas y queremos ser parte de las soluciones. Otra situación muy distinta es la de esos que dicen que por ser trabajadores merecen tal o cual cargo. Frente a eso, digo: a los trabajadores nunca nos han dado nada, al movimiento obrero no se le andan ofreciendo cosas, siempre hay que ir a pelear por cada cosa.

 

–Una de las últimas medidas del gobierno de Jaque ha sido enviar a la Legislatura una Reforma del Código Procesal Laboral. Según Mario Adaro, cuenta con el respaldo de la CGT –o sea, de Rodolfo Calcagni–, lo cual es grave porque hace desaparecer la protección que les brindan a los trabajadores las leyes laborales nacionales y los principios internacionales en los tratados de derechos humanos y la OIT. ¿Cuál es su opinión?

–Yo tampoco estoy de acuerdo y se lo he dicho a uno de los redactores del proyecto que es Roberto Domínguez, que es abogado laboralista de esta organización.

 

–Adaro dijo que la CGT lo apoyaba…

–En Mendoza la CGT no son los gremios, no tiene poder ni es la voz oficial de los trabajadores. Si me hablan de la CGT nacional es otra cosa, acá los gremios tienen vida propia, al menos algunos. Respecto de este gobierno debo decir que no sólo no ha adoptado ninguna medida para renovar u oxigenar la política, tampoco ha hecho nada para darle más al que menos tiene, que es de lo que se trata el peronismo. Mientras el gobierno nacional fija objetivos y a esos objetivos les fija política y vos ves que eso cambia el humor de la gente, acá en la provincia de Mendoza no hemos visto que el gobernador Celso Jaque haga lo mismo. A nosotros nos prometieron viviendas, el ministro de Infraestructura (Francisco Pérez) habló de darnos 5 mil viviendas y no ha hecho ninguna. Además los trabajadores no tienen buena salud, no hay médicos en los centros de salud y si lo hay, este atiende a personas que aguardan desde las dos o tres de la mañana del día anterior, y lo que es peor, no hay medicamentos. Un gran problema es la obra social de los empleados públicos. Hoy la OSEP les cobra el 5% a los trabajadores mientras que el Estado aporta el 6,5%, no se entiende por qué por cada práctica médica que solicita el trabajador este debe pagar entre un 20% y un 30% de coseguro.

 

–¿Qué opinión le merece ser mirado como referente de una corporación teniendo en cuenta que este es un argumento de crítica de parte de algunos políticos antikirchneristas como el ex gobernador Arturo Lafalla?

–Los sectores políticos también son corporaciones, porque cada uno tiene que defender lo que ha obtenido, no sé de qué se sorprende Arturo Lafalla. Acá el tema no pasa por determinar si las corporaciones son fuertes o expresan algo diferente a lo que era el peronismo de antes, acá el tema es que cada uno adopta el peronismo para la conveniencia y para los años que vivimos, o ¿acaso el moyanismo no se ha adaptado a esta nueva situación? Lo mismo vale para los políticos. Yo me acuerdo perfecto del día que renunció Cavallo y hubo cacerolazos frente al Congreso, yo estuve con la gente y vi cómo arrojaban cosas al edificio, fue muy penoso el griterío y los insultos que eran dirigidos al ser político. No hay que olvidarse de eso porque muchos políticos fueron escupidos o debieron salir corriendo como le pasó a Fayad a la salida de un café y al mismo Arturo Lafalla, que fue increpado en el aeropuerto. Y quien vino a cambiar esto, a transparentar la política y revalorizarla desde la tarea y las acciones, fue precisamente Néstor Kirchner.

 

Judiciales: frente en clave CTA. Sin lugar a dudas los empleados Judiciales han protagonizado uno de los conflictos gremiales más relevantes del actual ciclo político. La pelea de los trabajadores de la Justicia provincial es por la composición de su salario y en ello se juega toda una concepción de la política que está en sintonía con lo que vienen planteando Víctor De Gennaro y Pablo Micheli. Su secretario general es Carlos Ordóñez, uno de los referentes de la CTA que también en Mendoza, como en el resto del país, está fracturada tras una elección interna que terminó con acusaciones de fraude y prácticas antidemocráticas.

 

¿Cuál es la situación del movimiento obrero en Mendoza y las organizaciones gremiales?

–Existe una disputa en torno a dos modelos económicos, creo que los trabajadores tenemos que pelear por una modificación de la matriz distributiva y la matriz productiva. Creo que el sindicato no es un partido político, pero tiene una presencia importante en la política de Mendoza. Ocurre que Jaque se ha dedicado a domesticar y disciplinar sindicatos. Si en los setenta se desaparecía, en los ’90 se despedía y privatizaba, hoy se disciplina cooptando o debilitando a los gremios, o bien generando sindicatos paralelos, cosa que se planea en el caso nuestro a la par que se nos aplica una multa, como castigo pero también como forma de aniquilar nuestro sindicato. Hemos visto azorados que pretenden que marchemos por las veredas respetando los semáforos, si por ellos fuera no hubiera existido el 25 de mayo, el 17 de octubre o el 19 y 20 de diciembre del 2001, no hubieran existido los mayores procesos de masas que se dieron en la Argentina que intentaron transformarla para que fuera independiente.

 

–¿Cómo ve las divisiones del sindicalismo y las posibilidades de unidad de los trabajadores a la hora de incidir en el modelo de país?

–La unidad es fundamental porque no puede haber un proyecto liberador sin unidad de la clase trabajadora argentina. Quienes intentan dividir para hacer funcionales a los trabajadores a un determinado modelo económico se equivocan, así como se equivocan quienes conducen el país, porque su responsabilidad es construir un país con inclusión, no con exclusión. En esta etapa no es la función de los trabajadores ser serviles del poder político de turno, sino ser críticos. El sindicalismo no puede participar en los procesos de transformación si al mismo tiempo no se trasforma a sí mismo. Creo que hay que democratizar los sindicatos, hay que buscar los mecanismos para que cada compañero tenga la palabra y eso hoy es una deuda pendiente, todavía el sindicalismo es burocrático y funcional a un modelo de Argentina dependiente.

 

–¿Qué reflexión le merece la fractura de la CTA tras las elecciones?

–Desde la Lista Germán Abdala siempre hubo intención de llevar adelante un proceso electoral democrático y transparente y siempre que hubo elecciones ganamos. Ni el poder político, ni determinados sectores sindicales aceptan el voto como se expresó –para hacer avanzar un modelo sindical independiente y autónomo–, por lo que creo que hay un sindicalismo comprometido en disputar la distribución de la riqueza y buscar los responsables del hambre y otro sindicalismo que intenta encubrir los cientos de miles de trabajadores en condiciones precarias, sin convenio colectivo, sin llegar su salario a la canasta básica. No puede haber conducciones sindicales que defendiendo el gremialismo empresario se llenan los bolsillos a costa de miles trabajadores que trabajan y paradójicamente pasan hambre.

 

–¿Eso sucede en Mendoza?

–En Mendoza hay una presencia importante de algunos sectores de la CGT en el gobierno y sindicatos que alguna vez pertenecieron a la CTA y tienen acuerdos políticos con el gobierno, más que con sus afiliados o representados. Así como hay empresas formadoras de precios, hay sindicatos formadores de salarios y pretenden actuar como reguladores de los aumentos salariales. Hoy en el diario UNO hay un título escandaloso que dice “El SUTE amenazó con romper la alianza con Jaque”. Yo me pregunto si los miles de docentes que representa el SUTE, y que no llegan a la canasta básica, están de acuerdo que su dirigencia tenga una alianza política con el gobierno provincial, siendo el principal sindicato público de la provincia. Y esto se utiliza para disciplinar y se usa para intentar ponerles techo a los salarios y para que algunos dirigentes intenten conseguir cargos o beneficios políticos y económicos.

 

Hablemos de la huelga del año pasado, que generó tantas tensiones.

–La lucha del año pasado fue histórica, el gobierno tuvo que discutir la composición del salario y entender que la paritaria no es una subasta, sino un lugar donde se buscan soluciones lo más creativas posibles y en eso va de suyo que el salario es el tema más importante. El problema es que el gobierno parece que no intenta utilizar el gasto público como incentivo de la reactivación y del consumo y entonces tiene un presupuesto acotado. El presupuesto del Poder Judicial está muy por debajo de lo que recomiendan los organismos internacionales de crédito y así es como tenemos una Justicia donde hay profundas asimetrías entre lo que ganan los jueces y lo que ganan los empleados.

 

–¿Fueron consultados por la reforma del Código Procesal Laboral?

–No fuimos invitados en absoluto. El proceso de reforma de la Justicia comenzó en la nefasta década del noventa, donde se intentó darles seguridad jurídica a los grupos inversores internacionales, necesitaban una Justicia rápida, eficaz y eficiente, no para el pueblo sino para los inversores. Fue a partir de ahí que surgió todo un movimiento de reforma de la Justicia, y paradójicamente la Justicia no es más rápida, ni más eficaz, ni más eficiente, pero sobre todo no se ha transformado en más justa. Lo que vemos es que no hay interés en que haya participación de la ciudadanía en la discusión del modelo de justicia y no se puede menos que pensar en qué importante hubiera sido que los trabajadores de la Justicia hubieran sido escuchados respecto de una herramienta tan fundamental para los trabajadores como es el Código Procesal Laboral.

 

Revista Veintitres

 

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