Por ejemplo: mi tía Pochi, casi todos los años repetía el mismo. Yo no sé si le gustaba insistir o era su afán coleccionista, pero desde que me acuerdo no me faltan los cinturones. Mi hermana mayor se debatía siempre entre mis gustos o mis necesidades, o sea: discos o camisas. La tía Sagrario regalaba lapiceras, de las buenas, un lujito escribir con eso. El problema se les planteaba (aún hoy) a los amigos.

 

¿Qué regalar en esta época en donde uno quiere quedar bien, anda con poca plata, está lejos o no sabe qué elección será la mejor?

La poca plata es por varios motivos. El primer motivo es la argentinidad (Pelado Cordera dixit); el segundo motivo es la proximidad de las fiestas de fin de año que consumió aguinaldos y algunos ahorros; el tercer motivo es la posibilidad de vacacionar que nos hace tomar la precaución de guardar unos mangos para, por las dudas, poder salir aunque más no sea a la casa del primo Horacio en Potrerillos por un fin de semana.

Lo que es seguro es que el regalo será económico y no está mal que así sea.

Otro problema que se le plantea al regalador es si lo compra acá o lo trae de sus vacaciones y eso ocupa lugar y le resta presupuesto a los paseos con los chicos y a los panchos en la playa y le quita espacio a los bolsos en el baúl del auto.

Las otras regalonas opciones puede que estén en la cabeza de alguien pero, son casi imposibles de concretar: la lapicera Mont Blanc será más adelante, el viaje a la Isla Margarita es en dólares y el equipo de música es inadecuado en estos días… hacen falta cosas más necesarias.

Los amigos lejanos también tienen inconvenientes: sale más caro el flete que el presente, por lo tanto, no mandan regalo a la espera de mejores días para poder viajar y traerlo personalmente, cosa que pasa con muy poca frecuencia. Y añoramos la visita más que el regalo. Aunque algunas veces es en viceversa.

Finalmente, a la hora de elegir, queda poco margen para decidir: alguna bebida de las fuertes, un vino bueno, o un libro.

Con las bebidas podemos hacer breve lista: un gin seco Bombay Sapphire, un Juanito Caminador etiqueta negra o un Jameson irlandés, para tomar con poca soda y para olvidar las muchas penas, (un cognac es casi inoportuno para estos calores y el vodka no me sienta muy bien).

Los vinos por estos lados -me refiero a Mendoza, si Ud. lector o lectora lee desde otras geografías- no causan mucha sorpresa. Sólo cosechas muy antiguas, partidas muy selectas o varietales muy distinguidos, no es opción recomendada. Lo mejor para elegir el vino es recurrir al periodista, viejo conocedor y mejor escritor Miguel Brascó, ya que de placeres mundanos y libaciones varias sabe más que uno…

 

Queda sólo para elegir un libro. Para eso se puede mirar la lista de los más vendidos o recurrir a los propios criterios. Y es allí entonces, cuando nos damos cuenta de que en realidad regalamos el libro que nos gustaría leer a nosotros. Y es sabido también que lo entregamos con la secreta esperanza de que el cumpleañero nos lo preste y quizá también pueda olvidarse de ese préstamo y así completar el estante vacío de la biblioteca.

 

Pero el más valioso de los regalos es verte, así, con la gracia que te distingue, salir de la ducha, envuelta sólo con tu toalla, imaginar nada abajo…

….el mejor de los regalos.

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