Reflexiones sobre la unidad en diversidad

 

Todos estos procesos, sin negar sus especificidades y diversos alcances, poseen un rasgo común, la necesidad de construir un proyecto regional que desde la diversidad de las realidades nacionales sostenga posiciones de autonomía contra las pretensiones imperiales y permita construir un futuro compartido por las naciones de América Latina y el Caribe. Estas construcciones nacionales y regionales constituyen palancas emancipatorias para desmontar la herencia neoliberal hacia a un destino de liberación, soberanía y democracia, con justicia social y desarrollo económico al servicio de nuestros pueblos. La región se adentra en una situación estratégica común. Por un lado, se trata de sostener y profundizar lo realizado y, por el otro, impedir todo intento de restauración neoliberal.

Los gobiernos que, como se escuchó en estos días del Bicentenario, se parecen como nunca a sus pueblos, no avanzan en procesos lineales y armoniosos sino en complejos e intrincados caminos que revelan tensiones, contradicciones, insuficiencias pero también avances y conquistas en la dirección correcta.

En nuestro país y en el actual contexto, no-sotros no coincidimos con el supuesto de que la alternativa política se reduce a la opción de ser oficialistas u opositores. Asumimos la batalla por unir lo diverso, apoyando lo positivo y criticando lo criticable desde nuestras posiciones autónomas.

El Gobierno está sujeto a presiones diversas, frente a lo cual no queremos ser observadores o analistas críticos; pretendemos incidir para neutralizar los embates de la nueva derecha y afianzar el camino hacia un nuevo modelo económico, político y social. La comparación del proyecto neoliberal-conservador con el vigente desde 2003 muestra, blanco sobre negro, las diferencias antagónicas y los indiscutibles pisos conseguidos que deben protegerse contra las acciones contraofensivas de la derecha remozada. Basta con ver el gobierno de Mauricio Macri para tener una perspectiva de lo que significarían esos personajes gobernando nuestro país.

La política de derechos humanos, la política exterior, el modelo económico centrado en el desarrollo del mercado interno, los avances en el rol activo del Estado, las acertadas definiciones en materia laboral y social, y logros como la nueva Ley de Servicios Audiovisuales, constituyen palmarias evidencias de procesos de superación del neoliberalismo vernáculo. El proyecto de ley de servicios financieros -que pretende remover la Ley de Videla-Martínez de Hoz-, presentado recientemente por nuestro bloque Nuevo Encuentro Popular y Solidario, será, sin duda, una nueva contribución al desmonte de los pilares estructurales que edificó el neoliberalismo.

UNIDAD EN LA DIVERSIDAD

Todos los esfuerzos son pocos para construir la unidad que permita vislumbrar otro futuro de dignidad que merezca ser vivido por todos y todas, sin exclusiones y exclusivismos. Nuestra autonomía e independencia con relación al Gobierno estriba, fundamentalmente, en que entendemos que las fuerzas políticas sobre las que se apoya para encarar este proceso transformador no constituyen garantía suficiente para ello. Hacemos este señalamiento sin ninguna intención estigmatizadora, pero no podemos soslayar que los viejos aparatos partidarios no parecen instrumentos de transformación adecuados para acompañar los cambios en curso. Somos portadores de una historia de iniciativas y esfuerzos unitarios, los hicimos desde nuestra pertenencia cooperativa y los continuamos desde nuestra inserción política. A modo de referencia, bien vale compartir en esta nota un párrafo extraído de la presentación de la Propuesta Cooperativa para Refundar la Nación, del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, que hicimos en agosto del 2005:

“En cada etapa, frente a las opciones impuestas por la minoría de privilegio hicimos oír nuestra voz, y en cada etapa nos esforzamos en la búsqueda de unidad, esa unidad tiene aspectos sobre los que debemos trabajar una y otra vez.

“Una primera cuestión tiene que ver con la capacidad de unir lo diverso para confrontar con lo antagónico, sin dejar de reconocer la existencia de diferencias, y aún de conflictos, la unidad de los afectados por un modelo de privaciones, privatizaciones y desigualdad es una tarea que exigirá participación efectiva y democracia real, diversidad y democracia, pues, como primer requisito de la construcción.

“Un segundo criterio es la organización, que deberá articular la democracia real con el logro efectivo de resultados. Conocemos algo de articular democracia y eficiencia, y éste es también un desafío para una construcción popular.

“Tercero, se trata de vincular lo social y lo político, ya que la batalla se da en todos los órdenes de lo público y también de lo privado. También implica dar la batalla en la ocupación de espacio del Estado para gobernar y gestionar de otra manera la esfera pública. Ni apoliticismo, ni olvido de la construcción desde abajo, se trata de fundar una nueva política, una nueva sociedad, un nuevo Estado.

“Cuarto, conformar lo plural no implica ceder en los principios, ni dejar de confrontar en cada caso con nuestros enemigos y sus valores, lo plural no nos quita identidad, sino que suma a una nueva sociedad donde lo que es de todos adquiere todos los colores y respeta los nuestros propios. Construir lo colectivo no implica negar lo nuestro”.

Hoy, desde el Partido Solidario nos proponemos contribuir a generar espacios políticos que cultiven la convergencia de las identidades y tradiciones populares, y desplieguen prácticas consistentes, coherentes, superadoras de lo existente.

Esta visión estratégica exige que cada una de las organizaciones populares factibles de converger aceptemos la necesidad de desplegar procesos de construcción que impliquen cambios profundos en nuestra cultura política.

Sin la pretensión de dictaminar una hoja de ruta y sólo con el afán de contribuir a la reflexión sobre estos procesos, nos atrevemos a puntualizar algunos componentes que, entre muchos otros, deberían estar en toda arquitectura de construcción amplia, popular, progresista y de izquierda.

CONSTRUCCIÓN

En principio, sostenemos la necesidad de una construcción que esté basada en irrenunciables principios de participación y democracia, respetando la identidad de cada uno. Que dichos principios se expresen en discursos y en prácticas concretas, cotidianas, permanentes en todos los ámbitos del quehacer social y político. Que articule su accionar entre lo social y lo político, con la participación de múltiples actores que integramos el ancho campo de lo popular. Que resuelva las tensiones y complejidades entre el decir y el hacer, avanzando con la mayor coherencia en y entre nuestras organizaciones. Que sea un lugar de aprendizaje solidario, mutuo y cotidiano, de experiencias y de invenciones que podamos llevar adelante a partir de estas coincidencias sustanciales.

La dimensión de nuestros objetivos en términos de construir una fuerza protagónica, nos da cuenta de que se trata de impulsar el nacimiento y desarrollo de una nueva forma de concebir la política, la representatividad y la participación.

No se trata, entonces, sólo de labrar acuerdos programáticos y/o electorales -aspecto que no podemos menoscabar-, se trata de ir consolidando el proceso de construcción de una fuerza que anide en el propio pueblo. Una fuerza que se plantee realizar cambios profundos en la estructura económica y política del país, no será viable si en el mismo proceso de construcción no logra que sea el pueblo mismo quien hable a través de ella. Entendemos que, por supuesto, estamos aprendiendo desde el caminar todos juntos. No hay ninguna solución mágica que haga, por decreto, que lo nuevo surja de lo viejo.

Nuestro camino pasa por la empecinada afirmación de que otro país y otro mundo están siendo posibles y que lo construiremos desde nuestros sueños y nuestros tenaces esfuerzos.

Nosotros nos afirmamos en la idea de que la profundización del cambio, el anhelado objetivo de mayor justicia social, la plena independencia y la unidad latinoamericana se habrán de lograr con más democracia participativa, con más redistribución de la riqueza y con más y mejores políticas activas por parte del Estado como garantía de un verdadero nuevo modelo de país.

El esfuerzo, entonces, es impedir cualquier modo de restauración conservadora, y ayudar a gestar la unidad de lo diverso con lineamientos que reclamen una activa participación del Estado, que se constituya en garante de los derechos de la ciudadanía a la sana alimentación, a la salud, a la educación, a la recreación y la cultura. No hay índices aceptables para la pobreza y la exclusión, el único índice aceptable es cero.

Y, para eso, las fuerzas que integramos el campo popular debemos saber articularnos políticamente, para que las grandes mayorías sean las verdaderas palancas y pilares del modelo de país que deseamos y merecemos, con transformaciones profundas y democratizadoras en lo económico, en lo político y en lo social.

* Diputado Nacional, bloque Nuevo Encuentro Popular y Solidario.

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