Los peldaños o escalones son metálicos y con unas ranuras como dentadas, que encajan perfectamente unas con otras, de tal manera que con el movimiento siempre permanecen encastrados sin que se corran de su guía. Son como eslabones de una cadena que se mete en el piso rítmicamente. Sin parar.

Para felicidad de los paseantes las escaleras mecánicas no se cansan. No, señores y señoras. Justamente están diseñadas para que nosotros, los usuarios de semejante artefacto, subamos y bajemos según nuestra conveniencia, pero sin hacer esfuerzo físico alguno. Las que ponen el esfuerzo son las escaleras, que aunque nunca descansan, nunca se cansan.

Luego de una larga y meticulosa recopilación de datos, entrenados y detectivescos profesionales dedicados al mejor oficio del mundo pusieron manos a la obra. El equipo, compuesto solamente por un redactor, una espeleóloga y un dibujante, se metió en el inframundo de las escaleras mecánicas e intentaron comprobar lo que antes era sólo una hipótesis aventurada.

El mito urbano de que cada tanto algún señor ve morir a su perro caniche entre los escalones dentados y afilados de las escaleras en movimiento, despertaba aun más nuestra curiosidad.

Querían saber lo que realmente ocurre en este ir y venir de personas y entrepisos. De arribas y abajos. De movimientos sin tregua. De reprimendas a los niños porque con eso no se juega. De miradas de adultos tratando de ver más allá de las breves minifaldas.

La hipótesis planteada era si efectivamente existen las “escaleras mecánicas”. Queríamos saber, luego de haber realizado pormenorizados análisis y observaciones empíricas si hay una, y sólo una, “escalera mecánica”. Una gran “escalera mecánica” de varios kilómetros, que entra y sale en el piso de todos los supermercados y shoppings del mundo entero. Una gigante serpiente mecánica que se sumerge en los incontables y chatos tajos que penetran los suelos de este agujereado mundo moderno. Una lombriz metálica que se alimenta del movimiento perpetuo que tanto desveló a los buscadores de imposibles, luego de que los alquimistas perdieran el sentido al darse cuenta de que la piedra filosofal y la transmutación de los metales era sólo una ilusión desmentida por el avance de los métodos de la ciencia moderna.

Durante la investigación, por los subsuelos de tantos pisos, corrimos riesgos de todo tipo. Por momentos a oscuras, por momentos a escondidas. Sin más herramientas que unas libretas para apuntes y bocetos y biromes y lápices de mina blanda. Sin que los guardias de las empresas de seguridad de los centros comerciales nos pudieran detectar. Ignorando a qué peligros desconocidos nos enfrentábamos, seguimos la pista de esas barandas gomosas y flexibles que siempre acompañan a la escalera y no nos equivocábamos.

Cientos de peldaños con ranuras de espanto encajaban unos con otros, y luego de permanecer en las entrañas de la tierra volvían a salir en otro lugar para nuevamente meterse en otro espacio. Y así, interminablemente trasladaban a inocentes consumidores por los pisos de todas las tiendas del mundo.

Todo esto enmarcado en una gran conspiración global de la que nadie habla pero que suponemos que financian a los grandes poderes occidentales, las campañas presidenciales y algunos conglomerados multinacionales.

Esta comprobación “in situ” también nos permitiría entender la desaparición y quiebra de algunas corporaciones enemigas de la poderosa escalera mecánica: por un lado los fabricantes de ascensores que aún insisten y son necesarios en la medida en que hay abundancia de edificios, aunque el viaje en transporte vertical es de una aburrición supina frente al entretenido y sociable paseo en escalera mecánica.

Y por otro lado los talleres de zapateros remendones, que estos sí ya dejaron de existir, salvo por algunos valientes que resisten, con carteles casi invisibles que indican “Media suela y taco. Taller al paso” en algunos garajes de barrios suburbanos.

La cosa está por allí. En el lenguaje económico financiero, en la actividad política y hasta las artes plásticas, que están atravesadas por un poder oscuro y conspirativo, con vaivenes de ocultos fines estratégicos.

La suba del dólar, la caída de la bolsa, el alza de precios, las superestructuras, el vigía de Occidente, las várices, los caramelos media hora, las canchas de golf, las torres de petróleo, los trenes subterráneos, la cordillera de los Andes, las catacumbas y el obelisco. Todo lo que sube. Todo lo que baja. Todo lo que sube y baja.

El equipo de investigación no pudo arribar a una conclusión contundente. Cientos de vigiladores atentos, de cámaras de video discretas, de ojos que todo lo ven, impidieron concluir la tarea, pero sí pudimos ver los artificios posibles para ocultar la verdadera realidad que entra y sale del planeta sin solución de continuidad. Sin prisa pero sin pausa. Entre sótanos y cimientos. Entre honduras infernales y salidas artificiales. Entre altos y bajos. Entre esbeltas y profundas.

Eternamente transportando personas a comprar. A gastar sus ingresos, transferir sus ahorros, a tramitar más créditos.

Arriba y abajo, bajando y subiendo, sin parar, sin fin.

 

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here