Mauricio Macri es un hombre de negocios. Acá -me refiero por este lugar, en nuestra geografía-, se suele llamar a los hombres de negocios, empresarios. Yo pienso que no es lo mismo. Pero voy a usar ese término por que me resulta más acertado.

Macri es uno de los herederos de las empresas, negocios, bienes, propiedades y fortuna de su italiano padre. Pero no haré un detalle de cómo incrementó su fortuna ni del origen de la misma. Tengo poco espacio.

También Macri es el líder de una amarilla y transitoria alianza política que públicamente se sustenta en ideas contrapuestas tomadas de doctrinas económicamente liberales, socialmente conservadoras, con prácticas de formalidad democrática y con objetivos de imposición de sus decisiones pragmáticas a la ciudadanía, si acceden a lugares de gestión por medio de la preferencia del electorado.

Macri no tiene formación militar ni es contemporáneo de los ilustrísimos economistas argentinos Álvaro Alzogaray, Domingo Felipe Cavallo y Ricardo López Murphy tan adeptos a obedecer a los mandamases uniformados y a ordenar medidas para que nuestros ya anoréxicos bolsillos terminen por quedar exhaustos.

Mauricio tiene más coincidencias por su historia familiar, en su formación y en su ideario con el milmillonario chileno Sebastián Piñera, con el heredero de la Casa Tía el colombiano e hijo de extranjeros Francisco De Narváez, con el grosero y ordinario italiano Silvio Berlusconi, con el supermercadista y presidente panameño Ricardo Martinelli, con el bananero ecuatoriano Álvaro Noboa y con el mexicano ranchero y cocacolero Vicente Fox. Todos hombres de negocios, prácticos, de acción, de hechos, de poca política, de pocas palabras.

Macri no es un hombre del “autoritarismo” o de “la dictadura”. Situarlo en ese lugar nos puede servir de engaño. No toda la derecha es autoritaria y hay que comprender sus matices, sus procedencias, sus lógicas. Pero lo más interesante de lo que está pasando, es que ahora podemos ver en la gestión del gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a este hombre de negocios. Antes, los interesados en la realidad argentina, imaginaban su futuro, el de Macri, de acuerdo a sus palabras, a sus campañas electorales. Ahora se puede tener un detalle de su acción política concreta. Y entonces lo podemos ver completamente. Analizar con más elementos.

Macri y Berlusconi son símbolos de la alianza entre los negocios, los deportes y los medios. El ingeniero Macri surge por el empuje de la ambivalente clase media porteña luego de la crisis de los cacerolazos y del “que se vayan todos”. Berlusconi, después de la caída de los políticos tradicionales italianos acorralados por las investigaciones judiciales del “mani pulitti”.

El progreso individual y el éxito personal son los valores, casi, más importantes de la derecha, claves para el progreso de la sociedad. Lo demás es, -piensan los que adscriben al pensamiento de la derecha-, sentimentalismo, pérdida de tiempo, una desviación innecesaria.

Los logros deportivos, las cuentas bancarias, las fortunas personales y las copas en la vitrina, se pueden contar y se pueden contabilizar. Eso explica el ascenso de Macri, de Reutemann, de De Narváez, de Scioli. De Berlusconi y de Piñera, podríamos agregar.

Esta combinación es tentadora para atraer a un electorado disperso, desilusionado, muchas veces estafado, engañado, subestimado, pero necesario para ascender en los espacios de poder y así retroalimentar sus propios intereses y los de sus amigos, siempre tan ávidos, siempre tan necesitados de hacer nuevos y más rendidores negocios.

Las dificultades de Macri son las de llevar a concretar en política sus promesas de campaña. Macri centraba su discurso en oponer a la ineficiencia de las ideas progresistas su efectividad de hombre de negocios. Pero no pudo mostrar de lo que era capaz, hasta ahora, cuando ya se pueden ver los resultados a dos años de haber asumido. Ya no le queda espacio para seguir echándole la culpa a “la herencia recibida” de la gestión anterior. Ahora se puede ver su propia acción. Se puede medir lo realizado por él. Y lo que se ve, no le alcanza para sostener a su electorado original y mucho menos para seducir a nuevos votantes a la hora de ser candidato presidenciable.

La seguridad la puso en manos de avezados comisarios y espías de frondoso prontuario, tres procesados por distintos crímenes, antes de que su nueva policía porteña saliera a la calle con picanas personales. Tuvo que despedir a los comisarios y espías y recurrir a un político. Dos procesados más luego de poner en la calle su policía cuestionada.

La educación la puso en manos de un dinosaurio que reivindicaba los peores crímenes de hace tres décadas y que pedía criminalizar a los jóvenes, a los tatuados, a los dark, a los roqueros. Duró una semana, lo echó y… recurrió a un experimentado político.

La cultura la puso en manos de un ignoto, inepto y cuestionado artista mediocre. Lo cambió por un ex ministro y funcionario experimentado. Un político.

La infraestructura de la ciudad la dejó en manos de sus amigos y compañeros de universidad. Buenos Aires nunca se inundó tanto.

Macri construyó su carrera política haciendo gala de sus formas clientelares y gerenciales, de su fortuna personal, de sus éxitos como presidente de un club de fútbol pero finalmente recurriendo a los políticos con alguna experiencia a la hora de tratar de encauzar su magra gestión.

En sus pocos y breves discursos, Mauricio siempre menciona la frase “esta es la nueva política” y yo me permito contradecirlo. Si hay algo que esto no tiene es novedad.

Pero otro atributo de este heredero visible de su clan, es que quiere ramificar su alcance y ampliar su prédica hacia otros lugares geográficos a donde tiene un incipiente grupo de oportunos seguidores.

Así llega Macri a nuestra ciudad y propone como candidato a un joven (tiene poca edad) empresario (trabaja en la empresa que fundó su abuelo y dirige su padre) exitoso deportista (participó dos años del rally Dakar y nunca ganó) y nuevo en la política (tan nuevo que no figuraba en los padrones).

No necesitamos advenedizos pibes herederos de negocios en la política.

Necesitamos hombres y mujeres jóvenes, que pueden venir desde lo académico, de distintas organizaciones sociales, gremiales, empresarias, que pueden tener experiencia de negocios, que pueden ser conductores o constructores de empresas, con historia detrás, con experiencia por delante. Con ideas.

Macri nos quiso hacer creer que lo que él y su delegado local y perdedor de carreras plantean es “la nueva política”.

Mientras, la gente eligió, los amarillos se ponen pálidos y yo, me río de Janeiro.

Hasta la próxima.

 

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