Organismos de Mendoza rechazan ser patrocinados por el defensor de un agresor sexual

Por Mariu Carrera

El doctor Carlos Varela Álvarez escribió y publicó el 23 de mayo de este año una extensa carta en MDZ, diario online de Mendoza, tratando a los organismos de Derechos Humanos de fascistas. Él ha sido abogado del Movimiento Ecuménico de Derechos Humanos (MEDH) y querellante desde allí en juicios por delitos de lesa humanidad. Pero ha sido también defensor de Monzer Al Kassar, ha propuesto al abogado Carlos de Casas, candidato de Mauricio Macri, como representante en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y es actualmente defensor de la monja Kumiko Kosaka, acusada de cómplice en los aberrantes delitos cometidos contra quienes en su momento fueran niños y niñas del Instituto Próvolo, y del profesor Mauro Aguirre, detenido por abusos sexuales contra estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo.

Compañeres de los organismos pidieron reunirse con él para informarle que no querían que continuara siendo querellante de nuestras causas. En ningún momento hicieron pública esta decisión y Varela Álvarez respondió públicamente de este modo. En su carta nos describe como «revanchistas, vengativos, llenos de odio, incapaces de respetar el derecho de defensa, fascistas».

Tengo claramente entendido el derecho a elegir o desistir de un abogado que defienda mi causa. Es un derecho que asiste a todos y todas. Considero y comparto con aquellos compañeros de los organismos que pidieron reunirse con él para informarle que no es compatible con nuestra posición en la vida que la misma persona que nos defienda de los delitos de lesa humanidad padecidos por todos nosotros sea a la vez defensor de quienes están acusados de las mismas aberraciones. A la vez y porque nuestra búsqueda de Justicia es irrebatible, sabemos perfectamente que para que se lleven adelante los juicios, todos los juicios, la figura del abogado defensor de cualquier imputado es necesaria.

Entonces, y dado que formo parte de Familiares de Detenidos Desaparecidos por Razones Políticas de Mendoza, decidí escribir esta nota. En estos tiempos de mentiras y calumnias (llamadas finamente fake news) porque la memoria de nuestros padres, madres, compañeros y compañeras desaparecidos y nuestra lucha toda no será manchada.

Y, por todo esto, digo:

Hace 42 años (la vida completa de nuestros hijos e hijas), el Terrorismo de Estado asoló el cuerpo de la Nación que no es otro que cada uno de nuestros cuerpos. Nunca he sabido si apenas alcanzamos a sacar la respiración después de los secuestros de nuestros familiares y compañeros porque a veces pienso que aún hoy no sacamos la respiración; pero sí sé que fue en aquel preciso instante en que comenzó nuestra lucha, nuestra búsqueda y nuestro encuentro. Buscando a nuestras parejas, hermanos y hermanas, niños y niñas por nacer, sobrinos, primos, compañeras y compañeros nos encontramos con otras personas que también buscaban saber adónde se los habían llevado, cuándo los regresarían, de qué les acusaban: ¿dónde están nuestros seres queridos? De ese modo nos unimos en Familiares de Detenidos Desaparecidos por Razones Políticas. Desde hace 42 años estamos juntos y nada nos ha separado. Ni siquiera la muerte de nuestros padres y madres, hermanos, (porque los matrimonios Talquenca, Moyano, Bustamante, Reta, De Marinis, Moriña Jung, Pacheco, Tenembaun, Escamez, Campos, Gutiérrez Zahzú, mi mamá y mi papá, Albino Pérez, la señora de Luna, Dulce María, Clelia de Forniés, la señora Zingaretti, la señora Vila Bustos, Evie Hunt y su mamá, Margarita Barrera Oro, Elsa Becerra, Hilda Bisone, la señora D’Amico, el señor Farrando, Mafalda Grégori, la señora Granic, la señora Illa, Julia Santini, la señora Schneider, la señora de Saroff, Raquel y María Angélica Palacios siempre están a nuestro lado), la muerte, digo, no ha podido hacernos olvidar la razón de nuestro permanecer unidos.

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Durante muchos años exigimos Verdad y Justicia, creyendo ilusamente que Verdad quería decir que los encontraríamos, los regresarían a nuestro lado y la vida seguiría como la habíamos planeado. El paso del tiempo y todos sus aconteceres habitando nuestro cuerpo nos fue enfrentando a una profundidad que nunca habíamos querido ni imaginar. Pero siempre sostuvimos estos dos principios vitales: Verdad y Justicia. Personalmente advertí, en algún instante que agradezco, que separarme de esas potencias hubiera sido alejarme para siempre de los que amo, de los compañeros y compañeras que la dictadura cívico militar y eclesiástica había sometido a la desaparición forzada.

Nuestra lucha y resistencia durante más de 30 años se sostuvo de manera permanente hasta lograr que la Justicia nos oyera, hasta dar con personas que estaban decididas a cumplir su auténtico rol de jueces, fiscales, defensores. En la justicia entregamos los datos, la información que conocíamos desde el mismo momento en que se los llevaron; lo hicimos en la Justicia aceptando esas reglas de juego democrático, sostenidos indudablemente por la memoria de los que buscaron a sus hijos e hijas respetando a rajatabla las leyes de la democracia.

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Fueron largos y duros años de lucha, pero quizás ese es el camino que se necesita recorrer para alcanzar Verdad y Justicia. Fue, de ese modo, disputando cada centímetro de Tribunales Federales, como pudimos llegar al Cuadro 33 del cementerio de Capital y lograr que la justicia ordenara la venida del Equipo Argentino de Antropología Forense. Este equipo, con su invalorable esfuerzo, fue la continuación de nuestras propias manos: ellos, movidos por el respeto y el amor, excavaron tumbas de casi cuatro metros en un predio de 100 metros por 80, buscando los cuerpos de nuestras compañeras y compañeros; es decir, buscando para la Justicia la prueba del crimen cometido por el Terrorismo de Estado, la prueba del genocidio.

Participando en la casi totalidad de audiencias en los juicios que se llevan a cabo en esta capital, en San Rafael, San Juan, Córdoba, Buenos Aires, a escasos metros de quienes fueron los culpables reconocidos de nuestra tragedia, escuchando a sus defensores y bancando lo más estoicamente posible la reiteración de sus falsedades pero comprendiendo los pasos para obtener justicia, fuimos resignificando, aprendiendo, agradeciendo la posibilidad de vencer lentamente la subversión del orden natural de la vida a la que fuimos arrojados. Sólo en ese espacio de la Verdad y la Justicia sé que puedo compartir con tamaños asesinos el mismo aire. En ningún otro lugar, en ningún otro tiempo. Sólo ahí, ante un Tribunal donde se encuentran nuestros querellantes, sus defensores y nuestros compañeros y compañeras eternamente amados, nuestros padres y madres, hermanos y hermanas y todos aquellos que, aún descalzos y caminando por las piedras, buscamos y buscaremos siempre Verdad y Justicia.

Por todo esto y en estos largos días en que la mentira y la violencia pretenden enseñorearse sin piedad, por todo esto digo que los organismos de derechos humanos no son fascistas.

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