Algunos espacios están vacíos.
Algunos espacios son sólo circunstanciales.
Otros jamás podrán ser llenados.
Hay espacios abiertos, pero que no se pueden ocupar.
Espacios compactos, espacios completos, espacios vitales, espacios sin aire.
Entre el espacio vacío y entre los espacios llenos hay huecos, hay agujeros.
Huecos invisibles, huecos para guardar, útiles lugares en donde se oculta lo que no vemos.
Hay quienes tienen la capacidad de ver allí en los espacios, en los vacíos, en los huecos, en los rellenos.
Otros pueden ver lo que alguien más quiso ocultar. 
Miradas en la oscuridad, miradas en lo negro, en lo gris, en lo ausente.
Miradas que penetran huecos de olvido.Son como espacios del recuerdo, como sustancia esponjosa a donde nada puede perderse, ya que siempre hay alguien que podría ver adentro.
Hay miradas sepias, miradas granangulares. 
Miradas en foco, miradas con poca luz… siempre hay miradas.
Para mirar hay que elegir dejar algo afuera del cuadro, algo recortado, algo queda en el centro de la atención.
Y luego de ese recorrido, hay hombres y mujeres que miran, con sus propios ojos, con cientos de ojos, con miles de ojos.
Ojos que buscan, ojos implacables, ojos expectantes, ojos atentos. 
Hombre de bellos ojos y mujeres de ojos de misterio.
Los ojos son fundamentales, inclusive para los que no pueden mirar.
Pero lo imprescindible es la imagen.
Ojos, miradas, texturas, huecos, agujeros, vacíos, espacios, objetos…nada de eso tiene existencia sin la imagen.
La imagen impacta, recuerda, refleja, representa, existe, da existencia, propone, concretiza, eso que está dicho y lo que está oculto.
La imagen está en lo que está escondido, en lo desaparecido, en lo ausente.
El presente es efímero, como una caricia, como un suspiro, como el amor eterno.
Cada imagen se sucede sin detenerse, una a una, a distinta velocidad, más rápido, se va llenando el vacío.
Una imagen y otra y otra hacen la continuidad que muestra la vida, las vidas.Imágenes de vida, continuas, en movimiento, una tras otras, sin descanso, sin pausa.
Espejos, luces, sombras, espacios, reflejos, espectros, recuadros.
Y mientras pasan, solo, solamente, al costado.
Miradas a los ojos y ojos que miran y parpadean con una gracia única.
Tus ojos vivos.
La niña de tus ojos.
No se detienen nunca.
Y cuando descansan y se cierran un destino de misterio 
guardan entre sonido de respiración 
de gemidos 
de jadeos 
de llantos sin ruido. 
Yo conocí cada sonido de tus ojos y miraba exactamente debajo de tu boca descubriendo cada milímetro de tu piel entrenado en tus profundidades 
buscando conocerte y saber detalles de cada marca, 
de cada cicatriz descubriéndote 
sin tener ningún mapa 
sin medida, 
sin distancia, 
sin ayuda.
Sólo la mirada, 
sólo con los ojos, 
sólo con reflejos. 
Y no me diste nada con generosidad. 
Sólo tuve que encontrar las respuestas.
Y esa fue mi tarea que definitivamente llegó a la más bella forma de distancia.
Y pude verte. 
Mirar tu imagen y conocer lo más profundo de tu luz. 
Y lo más oculto de tu lado oscuro.
Todo aparece en tus ojos y sólo yo puedo verlo cada vez que respiras. 

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