El actual gobierno nacional cumple tendencialmente con la síntesis de los dos significados de democracia. Va en la dirección de los mismos (lo cual por supuesto no implica una plenitud de cumplimiento, pues el mismo en la mejor realidad siempre es aproximativo). Sin dudas que el Frente para la Victoria ha llegado al gobierno por vía de elecciones irreprochables; se cumplen todas las garantías constitucionales, pues aunque la oposición mediática se encargue de negarlo, funcionan a pleno el Parlamento y las libertades públicas. Es muy claro con la libertad de prensa, donde la posibilidad de afirmar en los medios que “no existe” es la mejor muestra de que efectivamente hay libertad (en una dictadura nadie puede decir públicamente que hay dictadura).

 

No olvidemos que la crisis internacional puede enfrentarla nuestro país con más producción y empleo gracias a este modelo, y a su política de integración latinoamericana, a diferencia de los países del llamado “primer mundo”.

 

En Mendoza aún no se ha desplegado con claridad ese proyecto nacional; las próximas elecciones, con el importante caudal electoral que se espera para la presidenta, dará a la misma la fuerza suficiente para orientar con más peso que hasta ahora el rumbo político del FPV en todo el país, por supuesto atendiendo a la autonomía decisional de cada jurisdicción. Es una razón importante para decidir el voto a nivel provincial: que el proyecto nacional no se desdibuje en la provincia y menos aún que se le pongan trabas o se imponga un gobierno local adverso. Ser leal a la reelección de la presidenta nos impulsa a acompañarla en todas las expresiones de la lista que ella encabeza.

 

Se impediría esa versión local del proyecto nacional si ganara la entente demócrata –Rodríguez Saá: el partido conservador no reúne ninguna de las dos condiciones de la democracia. Ha apoyado dictaduras, apela al autoritarismo para resolver problemas sociales, representa a los sectores más ricos de la sociedad en detrimento de las grandes mayorías. Y su actual alianza expresa una sociedad donde se coopta a los medios, la legislatura, la oposición y la justicia, careciendo todos de la menor autonomía como ocurre en San Luis.

 

Y por su parte un candidato que es rémora del pasado, como Iglesias, implica retroceder 10 años el reloj del país. Veánse los diarios entre los meses de julio y octubre de 2001, cuando él gobernaba: ajustes repetidos y constantes, baja insólita de los salarios, inseguridad permanente, felicitaciones de Domingo Cavallo por lo bien que se hacía el ajuste en la provincia, piquetes y protestas sociales sin respuesta, pago con bonos … una

 

provincia incendiada en un país incendiado, cuyo proyecto global Iglesias representaba y sigue representando.

 

¿Por qué creeríamos que ahora el candidato local vergonzante del radicalismo va a hacer algo diferente? Sin dudas, las medidas que tomaba junto a su entonces ministro y hoy candidato Vaquié son antipopulares y van rotundamente contra la segunda significación del término “democracia”. Muestra de su pensamiento son las permanentes diatribas y descalificaciones que ha hecho desde hace años del proyecto nacional, nacido en 2003 con Néstor Kirchner y profundizado actualmente por Cristina Fernández.

 

El radicalismo a menudo se ha aferrado a defender el primer significado, el de lo democrático como cuidado procedimental. Este se vuelve débil si no se complementa con medidas efectivamente populares, aunque guarda sentido por sí mismo. Pero también este segundo significado ha sido tergiversado en la actual campaña: Iglesias promete “respeto” en grandes carteles pero no lo ha tenido por su partido y sus compañeros de lista, a los que ha sometido sin más, al “corte de boleta” que propone abiertamente. Va en boletas diversas, e incluso hizo un acuerdo – finalmente abortado – con Racconto y el duhaldismo. Compromete así el significado de los partidos como representantes de la voluntad colectiva, a la vez que difumina por completo la identidad

partidaria. Al candidato, nada de ello parece afectarlo: todo sea para pretender ganar en octubre a cualquier precio.

 

Entendemos que no le toca al postulante radical una situación electoral fácil, pero ello no autoriza a alejarse tan flagrantemente, de los dos significados que puede conceptualmente atribuirse a la noción de democracia.

 

En octubre se enfrentan dos modelos: el único que puede profundizar el proyecto nacional, popular y latinoamericano es el que conduce Cristina Fernández de Kirchner, y acompañan sus candidatos a nivel nacional y provincial en el FPV. Este proyecto que generó inclusión social (jubilaciones, asignación universal por hijo, etc.), a través de políticas estatales activas tales como empleo, educación, producción, desendeudamiento, y que desarrolló políticas de derechos humanos que permitieron que se abrieran los juicios a los responsables del Terrorismo de Estado, poniéndonos a la vanguardia en

materia de derechos humanos en el mundo. Esta coherencia constituye una diferencia fundamental con respecto a los otros partidos que con  divergencias ideológicas profundas pretendieron constituir una oposición única, que sólo puso trabas y obstáculos a las políticas populares sin construir ninguna versión consistente de proyecto alternativo.

 

Lo dicho permite concluir que la opción que encabeza la actual presidenta es por lejos la que está en mayor consonancia con los criterios teóricos de qué se entiende por democracia, en clara contradicción con la vulgarización mediática que pretende tomar por democráticos justamente a aquellos sectores que preconizan volver a las políticas económicas y sociales de la dictadura.

 

Por lo antes dicho: CARTA ABIERTA MENDOZA propone a la ciudadanía de la Provincia, apoyar hoy más que nunca al Proyecto Nacional y Popular que conduce la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, votando en las próximas elecciones del 23 de octubre a los candidatos que se encuentran en la lista del Frente para la Victoria.

 

CARTA ABIERTA MENDOZA. 3/10/2011

 

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