Ahora, todos, absolutamente todos, vemos cotidianamente fotografías. En las publicidades, en libros, en diarios, en revistas, en Internet, en los envases de todos los productos de consumo masivo, en los plásticos de todas las credenciales y tarjetas magnéticas. En todo.

Detrás de cada imagen, hay una persona que sacó la foto, que eligió el momento, la luz, pero sobre todo decidió qué dejar fuera del recuadro. Todos sabemos eso. Todos podemos hacer eso.

Pero hay personas que lo hacen mejor. Que se destacan en estas artes. Mendoza tiene lo suyo. Hay una buena escuela. Gente con una formación sólida. Con “buena madera”, como el italianísimo Cayetano Arcidiácono, que tiene unos blancos y negros admirados por todos. O el internacional Daniel Barraco, con una técnica famosa por su calidad. Jorge “Coco” Yáñez, referente del fotoperiodismo. Juan Tinelli, formador de nuevos colegas desde el club en Maipú. Están los académicos como Daniel Serio. Los intrépidos como Alejandro Álvarez. El cosmopolita Daniel Rodríguez Musri. Los que se dedican más a las bodegas y los vinos como Federico García. O los montañistas como Pablo Betancourt. Los hay de todos tamaños y medidas. Muchos.

Tantos que se me quedan varios fuera de la lista, cuestión sólo atribuible a la mala memoria propia y por lo que pido se me excuse.

Ahora concretamente quiero referirme a uno en especial. No es mendocino pero parece. Aunque nació al sur de Brasil, como gaúcho, Dedé Vargas vive y quiere a Mendoza como cualquier ciudadano local.

Dedé ha dedicado más de cinco años de su vida en estas tierras a fotografiar los paisajes y recopiló ese trabajo arduo y muchas veces ingrato, en un libro que es una verdadera sorpresa para los ojos de los que aprecian el arte, el paisaje, nuestra geografía y los espacios por los que andamos casi sin ver detalles, por costumbre. Él trae los mejores colores y los pone delante nuestro para que admiremos lo que de otro modo nos parece una escenografía común, algo rutinario y sin brillo. El ojo de Dedé nos deja pensando y pensando… Cómo es posible que alguien forastero pueda señalarnos lo que es tan evidente para nosotros pero que parece invisible, al punto de que algunos llegan a dudar si algunas de esas imágenes no pertenecen a otros paraísos.

El libro de fotografías de Dedé Vargas se llama “Mendoza Natural” y tiene textos de la querida Luisa Valenzuela, de nuestro columnista lujanino ilustre Rodolfo Braceli, del ilustrador y humorista Miguel Rep y una reseña de Carola Álvarez, más algún texto al pie y una descripción casi geográfica de quien escribe estas líneas. También han colaborado en el armado de ese interesante libro diseñadores, artistas, maquetadores, técnicos y especialistas en variadas disciplinas que sería imposible de enlistar. Aunque sólo es justicia mencionar a un casi mecenas de estas tierras, sin cuya participación discreta no hubiera sido posible hacer este libro. Se trata de José “Coco” Tahan, un hombre sensible y generoso.

“Mendoza Natural” está en las librerías para que puedan admirar las bellezas que encierran sus páginas. Allí nuestra tierra dice por sí misma, con sus colores e inmensidades, con sus cielos y artificios. Allí podemos darnos cuenta por qué los mendocinos y quienes nos visitan se enamoran sin remedio de este duro espacio del mundo.

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