“Porque el SEÑOR da la sabiduría; conocimiento y ciencia brotan de sus labios.” (La Biblia)

La Psicología dice que, a partir de los tres años, los niños comienzan a vivir la etapa de los “por qué”: son incalculables las preguntas diarias, pueden resultar absurdas, disparatadas y hasta exageradamente simples, pero es la manera que tienen los más pequeños de manifestar su curiosidad por el mundo, comenzando así a ejercitar su habilidad de preguntar y responder asomándose a la vida social.

Desde ese entonces y en cada una de las etapas de la vida, el ser humano sigue buscando respuestas a sus interrogantes.

En esta columna vamos a basarnos en lo citado para encontrar algunos paralelismos con el mundo empresarial: tanto en grandes como pequeñas empresas, en aquellas que recién comienzan o las que tienen algún tiempo, los interrogantes están presentes a diario. Las dudas y las preguntas acompañan los almuerzos o desayunos de trabajo entre directivos, gerentes o jefes de área.

Podríamos citar, por ejemplo, los siguientes interrogantes:

“¿Por qué comenzar un nuevo negocio?”
“¿Por qué no crece mi empresa?”
“¿Por qué no mejoro mis productos?”
“¿Por qué no alcanza el dinero?”
“¿Por qué los clientes no se quedan acá?”
“¿Por qué no produzco nada creativo?”
“¿Por qué mi empresa ya no es rentable?”
“¿Por qué mis colaboradores no están contentos?”
“¿Por qué el mercado cambio?”
“¿Por qué no cumplo mis objetivos?”

Las preguntas, por lo general, son aquellas marcas genéticas que acompañan a los que anhelan la “independencia financiera”, “el ser jefe de uno mismo”, “la necesidad de supervivencia”, entre otras.

Ahora, estas características no alcanzan para definir a un empresario exitoso, es necesario subir “la edad de los por qué”, y es aquí donde la pregunta debería ser:

¿Cuál es el nivel de creatividad que poseo?
¿Soy una persona orientada al logro?
¿Cuán perseverante soy?
¿Podrían decir que soy alguien con tolerancia al fracaso?
¿Me caracterizo por mis buenas habilidades en comunicación? ¿Y el trabajo en equipo?
¿La inclinación moderada para asumir riesgos se encuentra reflejada en mis decisiones diarias?
¿Qué tan flexible soy a los cambios?

Karl Rogers, dijo que “ser congruente” es “sentir, pensar y actuar en la misma dirección.” Ahora le pregunto, ¿ha observado la imagen del gato que, al mirarse al espejo, se ve león? Muchas veces la imagen distorsionada de uno mismo impide ser asertivos en la toma de decisiones. En relación a esta afirmación, se necesita detenerse a observar si la opinión que se tiene de la empresa es la misma que la de colaboradores y clientes. A partir de aquí, ¿podría calificar a su empresa como exitosa?

El término “éxito empresarial” está estrechamente relacionado al éxito que tenga en su vida familiar y relacional, concepto que no se observa con frecuencia en la mayoría de los consultores.

Elijo definir a los seres humanos como seres integrales, es decir que considero que las conductas o estilos de vida tiñen la totalidad de las áreas. Entonces, es imposible decir: “soy un empresario exitoso si mi hijo me define como un padre ausente”.

Y, como en la edad de los por qué de los niños, muchos adultos responden con un “si, porque si” o un “no, porque no”. Los “empresarios niños” deben aprender a buscar las respuestas a esos por qué. En este nuevo espacio podrá encontrar temas relacionados con las respuestas a este tipo de planteos.

“El mayor capital que posee un empresario exitoso está en sí mismo y en su equipo de trabajo, en relación con su salud emocional”.

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