Los Hijos de Gómez

Por Emilio Vera Da Souza

Los hijos de Gómez son cinco: Ariana, Flavia, Pablo, Federico y Horacio, el más chico y el más parecido a su padre, de quien fue brutalmente separado cuando apenas tenía 8 años.
Federico Gómez, uno de los mellizos hijo de Conrado, se puso a la cabeza de la investigación, la búsqueda de pruebas y el seguimiento judicial acerca de la desaparición de su padre, el robo de sus bienes y los datos de los responsables de su muerte definitiva.
Con la documentación reunida por los Gómez el juez Baltazar Garzón pidió en España la captura internacional del ex almirante Emilio Eduardo Massera y a otros nueve miembros de la ESMA, por lo que no podían salir del país.
El mendocino Conrado Gómez nació el 11 de enero de 1937. Era abogado y tenía una impecable carrera profesional. Era reconocido por su trayectoria en defensa de los derechos ciudadanos y nunca tuvo un proceso judicial en su contra. Como especialista en derecho penal, Conrado se dedicó a defender a los primeros presos políticos, en la época de Isabelita y el “Brujo” José López Rega, responsable de la Triple A.
Poco tiempo después la suerte de Conrado estaría ligada a la de sus defendidos.
Su secuestro, desaparición y el despojo de sus bienes no fueron hechos aislados. Todos estos crímenes formaron parte de un plan preconcebido, armado y ejecutado por una banda que ostentaba como atributo la impunidad del poder de la fuerza en una mano, y la total ausencia del Estado de derecho en la otra, gracias a jueces y fiscales cómplices de la dictadura. En los archivos de la Conadep este caso figura con los números 224, 543 y 749.
El 10 de enero de 1977, Conrado Higinio Gómez, asesor profesional y socio de la empresa “Cerro Largo SA” (firma propietaria de un loteo residencial en Chacras de Coria de 26 hectáreas), fue secuestrado de su estudio en Capital Federal por 10 hombres armados. Durante el secuestro robaron el dinero, todo el mobiliario y un automóvil, propiedad de Conrado, y días después vaciaron sus cuentas bancarias.
Al día siguiente, 11 de enero, es secuestrado Horacio Mario Palma, presidente de Cerro Largo SA, en su domicilio de Hurlingam, en Buenos Aires.
El 12 de enero, secuestran de su casa de Chacras de Coria a Victorio Cerutti, de 76 años, bodeguero y accionista principal de Cerro Largo SA. Se llevan con Cerutti a su yerno Omar Raúl Masera Pincolini, de 42 años. Victorio Cerutti fue visto en la celda 14 de la ESMA, mientras lo obligaban a firmar papeles.
En sendos casos los secuestradores se presentaron a cara descubierta y con uniformes militares, actuaron con suma violencia y se robaron todo lo que pudieron cargar.
Al mes siguiente otro grupo armado se presenta en un stud de Paso de los Libres, en donde había 30 caballos de carrera propiedad de Gómez. Los caballos fueron sacados entre abril y mayo de 1977, por orden escrita del coronel Medrano, los que luego fueron transferidos a Juan Héctor Ríos.
Con fecha 8 de enero de 1977 por una “asamblea” de la firma se decidió reemplazar en sus cargos a Victorio Cerutti y a Horacio Palma por dos personas con identidad falsa, para posteriormente modificar mediante escritura el nombre de la sociedad: Will-Ri SA, integrada por Federico Williams, Juan Héctor Ríos y Marcos Adolfo Hers, como socios, todos con nombres y documentos falsos.
El síndico no era falso: Mario Cedola, LE 5.106.268, contador y compañero de promoción del almirante Massera. Como apoderado y gerente general de Will-Ri SA aparece Manuel Andrés Campoy Gutiérrez.
Posteriormente Will-Ri pasó a llamarse Geodesia SA y su presidente Cedola, el amigo de Massera. Por escritura del 21 de junio de 1981, realizada por el escribano Manuel Campoy Serpa, padre de Campoy Gutiérrez, Cedola vendió la mitad de las 26 hectáreas a Pedro Añón, comisionista de Misa Chico SA, con domicilio en Cerrito 1136, piso 10 de Capital Federal, mismo domicilio del Partido Democracia Social, cuyo líder político era Emilio Eduardo Massera.
Según testimonios de sobrevivientes, a Conrado le prometieron en la ESMA que luego de que firmara la transferencia de los bienes no le harían daño a su familia y posteriormente lo liberarían.
Estando en cautiverio, Conrado le envía una nota a su esposa con fecha 14 de febrero del 77:
“Querida Quichín: Te escribo al solo efecto de pedirte las siguientes cosas: 1) que no vendas nada, caballos ni cualquier otra cosa; 2) Desentendete de todas mis relaciones económicas, no te metas en nada, vigilá exclusivamente por la familia y los chicos… Cumpliendo con mis instrucciones te veré muy pronto.
Un beso grande.
Conrado”.
El que entregó la nota era un marino apodado “El Alemán”, que llegó a Mendoza con documentos falsos, fue detenido por el ejército y liberado una semana después por gestiones del alto mando naval. Cuando volvió a Buenos Aires dijo: “Menos mal que no me torturaron porque cantaba todo”.
Horacio Víctor Palma, Victorio Cerutti y Omar Masera Pincolini permanecen desaparecidos.
Al cuerpo de Conrado, sus hijos no pudieron darle sepultura.
Durante años no supieron si estaba vivo o muerto.
Aún hoy no saben cómo ni cuándo lo asesinaron.
Conrado no murió de muerte natural.
Emilio Eduardo Massera sí.
Y se llevó la impunidad y el secreto a la tumba.

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