Los colores de la libertad

 

Hace algunos años, allá por el 2004 cuando formamos Vanguardia Queer, la primera organización en la provincia dedicada exclusivamente a trabajar en pos de los derechos de la diversidad sexual, hubiese sido impensado que hoy, siete años después estemos realizando la Primera Marcha del Orgullo LGTTB (Lésbico, Gay, Travesti, Trans y Bisexual) en Mendoza.

 

En aquellas reuniones que realizábamos en la siempre abierta Casa de La Memoria y la Cultura Popular, nos encontrábamos con historias muy diversas, con personas de todas las edades, de todas las clases sociales, todas estas historias tenían un elemento común: la exclusión.

 

Exclusión de la familia, del sistema educativo, del sistema de salud, de la justicia, del trabajo, en definitiva de los ámbitos necesario para que cualquier persona pueda ejercer su ciudadanía.

 

Teníamos que desentrañar los mecanismos que hacían muchas veces que nosotros mismos justificáramos esa exclusión y también la represión ejercida por la familia o por el estado con sus fuerzas públicas, discutíamos sobre el valor político de la visibilidad, porque para exigir derechos primero hay que mostrarle a la sociedad que existís, si, que existís y que estás orgulloso de ser lo que sos. Cada uno tenía sus procesos, sus tiempos y respetábamos siempre

las decisiones personales, pero todos entendíamos que la visibilidad como colectivo era un paso necesario, un punto de arranque para plantear nuestras demandas.

 

Había que escapar de la lógica neoliberal del mercado para poder pensarnos, esa lógica nos decía: podrán gozar de su deseo abyecto, siempre y cuando paguen por ello, se abrieron cines, boliches, restoranes y lugares exclusivos para la diversidad, exclusivos para el sector de la diversidad que tenia medios necesarios para poder acceder. Tuvimos que sortear el riesgo de pasar “del calabozo al boliche” sin haber pasado antes por la calle, como decía Perlongher, teníamos que romper con la dicotomía publico/privado si queríamos lograr nuestras demandas, y en ese proceso entendimos aquella frase de Simone de Beauvoir que decía “lo personal es político” la sexualidad o la identidad de género es un elemento del ámbito privado que genera exclusiones publicas, en todos los ámbitos, por eso la importancia de la visibilidad.

 

“Existimos, celebramos, y exigimos” fue la consigna, de la marcha; para que la sociedad mendocina sepa que las leyes que nosotros reclamamos no crearán realidades nuevas, sino que vienen a regular situaciones existentes, ampliando oportunidades para todos.

 

Nosotros ya encarnamos nuestra identidad de género como la construimos y nos percibimos, ya vivimos en pareja, ya criamos y educamos nuestros hijos, vivimos las mismas realidades que cualquiera, pero con menos derechos.

 

Hoy por hoy, estamos en un país que de a poco avanza en el reconocimiento de los derechos de los sectores sociales ninguneados y negados por la historia, por esa historia escrita por   los vencedores, por los poderosos, por los que desde su doble moral establecieron siempre lo correcto, condenando a quienes no se adecuaban a sus tan estrechos márgenes de normalidad. Hoy vemos que esa normalidad “impuesta a patadas” no es tan normal como se

pretende, ya que necesito históricamente de discursos legitimadores religiosos, científicos y jurídicos para imponerse, discursos que nos trataban de pecadores, enfermos y delincuentes, justificando la discriminación y la falta de oportunidades para nuestro colectivo.

 

La marcha seguramente marcará un hito en la historia de nuestra provincia, pero eso es un comienzo, la lucha por la igualdad no terminará hasta que nuestras escuelas impartan una educación libre de prejuicios y discriminación para todos, hasta que la policía deje de criminalizar a mujeres y trans en situación de prostitución, hasta que la prostitución deje de ser casi un destino inexorable para muchas compañeras trans, hasta que se nos reconozca

la identidad de género construida y autopercibida, hasta contar con un sistema de salud que desde la promoción sea accesible para la diversidad, hasta que la esperanza de vida de las travestis en la argentina deje de ser de 34 años, entre otras cosas.

 

Creo que lo más lindo de esta marcha fue saber que no estamos solos, distintas organizaciones sociales y políticas de toda índole salieron a acompañarnos, y esto es un síntoma de que nuestra provincia entiende que una sociedad plural y diversa es algo beneficioso para toda la comunidad, más allá de las demandas sectoriales. También el acompañamiento y el afecto de la gente que desde las veredas, y desde las ventanas mostraba su aprobación, y hasta hubo quien dejó lo que estaba haciendo y se sumo a la marcha y al festejo.

 

Estas expresiones dejan en claro que el discurso de que la sociedad mendocina es pacata, conservadora y no acompaña los cambios es una falacia. Si existen grupos fundamentalistas, minoritarios e influyentes, que quieren arrogarse la representación de toda la sociedad, pero no son la mayoría, ni mucho menos.

 

Nuestra lucha sigue, para mejorar las condiciones actuales del colectivo, para darles oportunidades y esperanzas a los que vienen, pero por sobre todo, para redimir a tantos que quedaron en el camino, nuestros muertos, que son muchos, esperan que por lo menos para el futuro, esta sociedad sea mejor que la que les toco vivir.

 

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