Por Fabian G. Tigur

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Hace unos años atrás me tocó en suerte estar en Chile, en ese caso pude ver un programa político en el que una socióloga nos analizaba, asegurando que “los Argentinos son cíclicos, eso los condena a estar dando marcha atrás permanentemente en las medidas que toman”.

En primer lugar, tengo que decir que “me chocó”, me pareció duro, pero luego, en el desarrollo de la charla tuve que comenzar a reconocer que tenía algo de razón, por tal motivo quiero compartir este análisis con los lectores participantes.

Con el advenimiento de la democracia, en 1983, y el contundente triunfo de Raúl Alfonsín, la Argentina parecía encaminarse hacia un gran giro político. En el ambiente fluían aires de cambio: “La hora de los honestos” había llegado, el peronismo había quedado herido de muerte y parecía el final. En mi caso particular, me tocó escuchar opiniones textuales de vecinos y padres de amigos que aseguraban “Peronismo nunca más”.

Alfonsín aplicaba políticas transformadoras y el pueblo se iba consolidando detrás de su figura. Las elecciones de 1985 así lo atestiguaban, parecía cierto, “Peronismo nunca más”. Con Alfonsín se dejaban atrás las políticas liberales de Martínez de Hoz y al peronismo. ¿Te acordás?…. Pero poco duró ese amor.

En 1987 el alfonsinismo sufre un fuerte revés electoral, más notable en Provincia de Bs. As., como preludio de lo que sucedería en el futuro cercano. Finalmente, en las elecciones de 1989, Carlos Saúl Menem, con largas patillas, poncho al hombro y pinta de caudillo federal accedía al gobierno, Alfonsín se tenía que retirar del gobierno, en medio de una fuerte híperinflación. El caudillo Radical no podía ni salir a la calle. Años atrás era amado, luego odiado, hasta en Chascomús (su ciudad natal) perdió las elecciones.

Cíclicos!!, otra vez al peronismo, Menem recorría el país con el poncho al hombro. Como si eso fuera poco, las políticas aplicadas por el riojano, lejos estaban de la doctrina peronista. Mientras Carlitos jugaba al golf, los Alsogaray definían las políticas nacionales, de neto corte neoliberal, idénticas a las de Martínez de Hoz. Esta vez se escuchaba: “Basta de radicales… son pecho frío, no se aguantan la presión social, viven doblándose, no terminan ningún gobierno”, etc, etc.

Las políticas neoliberales se profundizaron y los avances en Derechos Humanos logrados durante la gestión Alfonsín fueron enterrados bajo la “Ley de Obediencia Debida”, se había dado una vuelta de página en la historia… Esta vez sí: “Radicales, basta”.

La gestión de Menem fue un poco más larga, logrando una reelección que lo llevó hasta 1999. En los últimos años, el riojano, aparecía en todas las tapas de los medios, no por su gestión, sino por la gran cantidad de hechos de corrupción (sería interminable detallarlos, y no viene al caso ahora). Por otro lado, aires de cambio se observaban en el horizonte nuevamente, Fernando De la Rua lideraba la Alianza con sectores de centroizquierda con grandes posibilidades de ganar las elecciones: ¿De la Rua?, ¿Otra vez radical?, no te lo puedo creer…a ver, sigamos.

Finalmente, el parco dirigente con cara de honesto, de caminar cansino, accedió al poder. Nuevamente la “Hora de los honestos”, pero esta vez en serio, acompañados por gente de centroizquierda y extrapartidarios, le iban a dar lucha sin cuartel a la corrupción menemista y, más claro que nunca: “Basta de peronistas, son muy corruptos estos cabecitas negras”.

Poco duró De la Rua. A meses de andar se desnudaron las diferencias internas con sus socios de centroizquierda, perdiendo a su vicepresidente en un caso escandaloso de compra de votos, “la famosa Banelco”. Nuevamente las corridas bancarias, la inflación, represión ante las manifestaciones y ahora pegaba fuerte el hambre.

Comenzaba, de esta manera, una sucesión de presidentes y la tan mentada frase: “Que se vayan todos”, ahora sí, el pueblo argentino, luchador nato, honesto por naturaleza, se había cansado de idas y vueltas: “que se vayan todos”, las organizaciones de la sociedad pululaban, la resistencia se afirmaba, aparecía el “Club del Trueque”, como respuesta social a la hambruna que recorría las calles del país. Ahora era claro y en serio: “Basta de radicales inútiles y peronistas corruptos”.

Pero si se tenían que ir todos, ¿Quién venía?, ¿Dónde estaban los honestos?. Finalmente, con la asunción de Duhalde al poder, se encaminaba un poco la situación y hubo una nueva convocatoria a elecciones. Más que generales fue una interna peronista, ya que competían Menem, Rodriguez Saa y Kirchner, claro, la sociedad tenía algo más claro que nunca: “cualquier cosa menos radical”, esta vez iba en serio, la experiencia de 2001 así ameritaba.

Finalmente gana Kirchner, otra vez el peronismo al poder, aunque con la idea de la transversalidad.

Kirchner comienza un gobierno frenético, tratando de lograr legitimidad, dado que había ingresado al gobierno con algo mas del 20% de los votos y al poco tiempo se gana la simpatía de la gente: estabilidad, aumento de sueldos, jubilaciones y otras medidas lo ubicaron con gran imagen positiva. Las elecciones posteriores fueron un trámite, nadie negaba el amplio triunfo del pingüino.

A tal punto llega el nivel de popularidad que mete una gran cuña en el radicalismo cuando convence a Cobos que sea el Vice de Cristina, logrando lo que a Perón se le había negado, una formula peronista-radical: el radicalismo estaba destinado a desaparecer y el menemismo neoliberal era el mismo demonio, la sociedad abrazaba las políticas de derechos humanos que Kirchner había recuperado y la reestatización de empresas estratégicas.

Según las afirmaciones de la gente, Kirchner había “matado dos pájaros de un tiro”, enterrando definitivamente a los inútiles radicales (Sobre todo después de la experiencia De la Rua, y a los vendepatrias menemistas (neoliberales, que regalaron todo el patrimonio nacional)… Por fin “un país en serio”.

Pero algo siempre falla, apareció el conflicto del campo, se sumaron los multimedios que se veían afectados en sus negocios por la propuesta de una nueva Ley de Medios de radiodifusión y lograron encolumnar a toda la oposición detrás de la lucha, hasta que apareció en escena Cobos con el “voto no positivo”.

Por lo tanto hoy, ese voto “No positivo”, y solamente eso, ubicó nuevamente a Cobos (con gran despliegue de los multimedios) como uno de los mas firmes candidatos a Presidente de la Nación. Como si eso fuera poco, de acuerdo a las últimas elecciones el otro sector con posibilidades es el de Macri- De Narvaez ( de neto corte menemista: Neoliberal).

En conclusión, si uno recorre este detalle cronológico quizás no lo pueda creer, pero es lo que hemos avalado los argentinos en los últimos 25 años, idas y vueltas en forma permanente, lo que ayer negamos hoy lo afirmamos; lo que hoy demonizamos, mañana lo angelizamos, entonces: ¿Somos cíclicos los argentinos?… ¿o es que no hay mas opciones?… ¿La culpa es de la dirigencia, o nuestra?.

 

Foto: images.veer.com

 

 

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