Los adornos

 

• ¿Vos pusiste esa plantita ahí?

• Sí, ¿te gusta?

• ¿Y para qué?

• De adorno… (no me iba a poner a relatar mi complicación con la ubicación del mueblecito a esa hora).

• ¿Una planta es un adorno?

 

Ahhh buenoooo! Basta para mí, basta para todos!!! Claro que lo dijo como al pasar, y que era temprano también para ella, pero me condicionó la mañana. Si, si, así de vulnerable soy. La circunstancia me obligaba a redirigir la neuronita, y hacia allí fuimos mi mate y yo a mirar qué cosas “adornaban” mi espacio de trabajo.

Mirando hacia el frente, sobre un escritorio, tres vasos de algarrobo llenos de lapiceras que no funcionan y cosas por el estilo. De uno de ellos -a manera de “florcita”- sale un precinto. Sí un precinto azul, para mí muy lindo, que ha resistido varias amenazas pero nunca pudieron justificar un posible uso. Un par de “pelotitas para desestresarse”, sin uso. Una artesanía aborigen que me regaló mi hermano, que me gusta tanto por el color del barro como porque me la regaló mi hermano. Y un portarretratos, con una foto en la que estamos mi señora y yo, unos cuantos años más jóvenes. En la pared de la izquierda más fotos, un sombrero de mimbre, un ciqus que no suena del todo bien, porque es de adorno…

Seguramente sigue atrás mi biblioteca, más cerámicas tobas, y un par de relojes que no funcionan pero que me dan la hora exacta un par de veces al día. Y ya está, para muestra sirven estos botones.

Esto acaba de comenzar, ¿qué de todo esto es o no adorno, qué hacen acá estas cosas, tanto significan? Si la idea es “embellecer” tengo que suponer que están a partir de una decisión, no porque “quedaron ahí”.

Pasa que “adorno” muchas veces está presente en objetos o situaciones pero solo como rasgo. Esto es, hay cosas que adornan pero no son adornos: luces sirven para señalar, para advertir, cascos para motociclistas (peligroso cuando lo llevan en el brazo y pierde la funcionalidad), hojitas en la comida, un piano que nadie toca, un candelabro, una radio a válvulas, una ilustración, los libros, las dichosas velitas… un amigo tenía un maniquí, a mi me gustaba. Símbolos disimulados como adornos: el emblema de una universidad de un país que no sé si llegaré a conocer, la imagen del Che, una escuadra en una traba de corbata, una cabeza de un animal embalsamada, una bala de cañón… También los hay más inofensivos, como el arbolito de Navidad, o el moñito del regalo.

El carácter de una persona (en forma pública o privada) también se puede adornar, y no estoy haciendo juicio de valor.

Subtítulo 1: (a completar)

Me gusta la vajilla blanca, y las camisas blancas, y las remeras de un solo color, sin dibujos, y las copas de vidrio, y los mates con su color original, y los muebles de madera sin laquear. Pero nada de esto me preocupa cuando veo que a otros les gustan los adornos, y toman café en una taza que diga “sos mi mejor amigo”, y tenga un ridículo osito. Y si la sábana tiene florcitas puedo dormir igual. Hasta acá no percibo peligro.

Lo que me preocupa un poco es la falta de nitidez de la línea que separa los “adornos” con lo que está “de adorno”, y con lo que “se adorna”. Y me preocupa que se especule con esta situación.

Me preocupa ver que mucha gente se “adorne” con tatuajes porque hemos “incorporado esa forma de expresión”, y no es que me disgusten todos los dibujos, pero a manera de ejemplo me preocupa que entre esos grafismos se pueden encontrar símbolos no muy conocidos por quien los porta, se pueden encontrar muchas leyendas en idiomas exóticos (?) o grafismos orientales, cuando son desestimados cientos de lenguajes de aborígenes que luchan en nuestro país por mantener viva su cultura.

Me preocupan los aritos que destruyen cejas, lenguas y ombligos. No tanto por los adornos en sí, sino por la falta de un debate serio al respecto.

Me preocupa que muchos discursos políticos estén “adornados” con oportunismo, con una oratoria estudiada, con mensajes entre líneas. Me preocupa que muchos funcionarios estén “de adorno”, y que nos hayamos acostumbrado a eso. Me preocupa cuando me descubro comportándome como un “adorno” en el rol de ciudadano.

Me preocupa que pocos discursos políticos tengan que ver con las manifestaciones artísticas en general, y me preocupa porque entiendo que desde cada estatua, pasando por los edificios públicos, los espacios verdes…, hasta la cultura toda de un pueblo es una cuestión de estado, no un adorno.

Felizmente veo un trabajo importantísimo en los Museos, que sí están haciendo un aporte enseñándonos que las piezas que protegen son mucho más que elementos estáticos.

Y así veo el espacio que le damos en la cotidianeidad a tantas actividades culturales, al teatro, a la música, a la pintura, a la danza, al cine…, las dejamos bastante relegadas a nuestros momentos de “distensión”, asistimos muchas veces sin mayor esfuerzo de concentración, cuando veo en esos espacios las herramientas que deberíamos utilizar para el aprendizaje, para la observación, para el crecimiento personal, para la comunicación, para la resignificación de espacios, valores y conductas…

Me parece que podemos pensar en reubicarlas en nuestra rutina, no creo que debamos tener esas actividades como “adorno” de nuestra vida social.

Subtítulo 2: (a completar)

Pasa que la falta de adorno no es soportable. Varias veces he intentado decir las cosas tal como las pienso, o las siento, y no me fue muy bien.

Material y espiritualmente el adorno hace la vida digerible. El adorno finalmente enlaza lo que queremos decir con la imagen que queremos reflejar y con lo que los demás esperan –y puedan tolerar- de nosotros.

Léase, una imagen política, una imagen financiera, una imagen agro industrial, una imagen cultural, una imagen cívica…, y por supuesto, una imagen de familia, una imagen personal.

No avancé nada, estoy en foja cero, vuelta a revisar mis adornos. Me prometo ir despacio, me prometo ser lo más sincero posible. Si llegara a alguna conclusión tal vez me sirva para trazar alguna analogía con los “adornos sociales”.

Creo que puedo negociar mi precinto. Voy a pedirle a cambio a mi señora que saque una taza verde que está sobre un mueble de nuestro pequeño living. La taza no es fea, pero en ese lugar se convierte en UNA RIDICULA TAZA VERDE!!! Sobre su correspondiente RIDICULO PLATITO VERDE!!! Nunca se lo dije, lo voy a plantear antes de que lea esta nota porque se puede dificultar la negociación.

 

Fernando Puente

[email protected]

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